EL EXAMEN DE LAS “YERBAS AMARGAS”

Parashá Nasó

Uno de los episodios más enigmáticos de la Torá se refiere a la Sotá, la mujer sobre la cual cae la sospecha de adulterio y el procedimiento que se debe seguir para esclarecer la situación: su culpabilidad o inocencia. No obstante esta indicación de la Torá, de acuerdo con el Talmud, Rabí Yojanán ben Zakai descontinuó la práctica de la ceremonia debido al incremento de los casos de adulterio. Estos asuntos se solucionaron con el divorcio de la pareja. Sin embargo, persiste el interés por esta inusual ceremonia y vamos a describirla.

Si la esposa tiene un comportamiento dudoso, el marido le advertirá –en presencia de dos testigos– que debe evitar sus encuentros clandestinos con una persona específica. Si desatendiendo esta advertencia, se observa que la mujer en cuestión ingresó con esa persona a un lugar donde podía haber ocurrido un encuentro sexual y no hay testigos que afirmen lo ocurrido, se puede proceder al examen de las “yerbas amargas”.

Este examen se puede realizar sólo bajo el consentimiento de ambas partes: tanto del marido como su esposa.

Una corte local escucha el alegato de la pareja y envía a dos jueces para que los acompañen al Sanhedrín, la Corte Suprema Rabínica en Yerushaláyim, corte compuesta por setenta y un jajamim que tenía la facultad de decidir asuntos de la mayor trascendencia. En este sentido, el Primer Ministro de Asuntos Religiosos del Estado de Israel, el rabino Fishman, tenía el sueño de constituir un Sanhedrín que pudiera reflexionar acerca de algunos problemas que la modernidad estaba planteando al judaísmo. Lamentablemente ese anhelo nunca se concretó, en parte, debido a la falta de unidad de criterio en el entorno religoso.

En todo momento, la mujer bajo sospecha sabe que si desea admitir su falta no tendrá que pasar por el examen de las “aguas amargas” y su destino será el divorcio. Cuando se encuentra ante el Sanhedrín, recibe esta instrucción en público.

La ceremonia se realiza en un portal que mira hacia el Kódesh HaKodashim, lugar en el cual un Kohén efectúa un juramento y una maldición. “HaShem ocasionará que tu muslo caiga y que tu vientre se hinche”, y la mujer debe responder: “Amén, amén”. Este párrafo, que incluye el Nombre HaShem, se escribe sobre un pergamino. Se introduce agua consagrada del Kiyor en un receptáculo de barro y se incluye polvo del santuario sobre la superficie del agua. El pergamino se introduce en el agua de tal modo que la escritura se disuelva en el líquido.

Seguidamente, el Kohén rasga la ropa de la mujer, le descubre la cabeza, le revuelve el cabello, le hace la advertencia formal y le formula el juramento de causa. La mujer toma la mezcla del agua con el escrito disuelto, mientras tiene en la mano una ofrenda de granos. Esta agua se denomina “Mei hamarim hameorerim” (aguas amargas).

Si la mujer es culpable, su cara adquiere color verde, los ojos sobresalen de sus órbitas y sus venas se hinchan. Muere inmediatamente, a menos que tenga algún mérito anterior.

La misma suerte le aguarda al hombre con quien tuvo la relación ilícita. De acuerdo con el Talmud, eso ocurre solamente si el esposo está libre de pecado.

De acuerdo con Rashí, el gran comentarista bíblico, esta ceremonia también evitaba que se procreara un Mamzer, el hijo bastardo que luego cargaría con la culpa de la madre y que no podría casarse con un miembro del pueblo judío.

Mientras que si estas “aguas amargas” confirman la inocencia de la mujer, seguramente saldrá próximamente embarazada de su esposo, cesarán los rumores y retornará el Shalom báyit al hogar.

Tanto el agua como el polvo, ingredientes incluidos en las “aguas amargas”, pueden considerarse como elementos indispensables para la vida. El caso del agua es conocido, ya que según los exegetas del texto bíblico, el ser humano no puede sobrevivir más de tres días sin este preciado líquido.

El caso del polvo es ilustrado a continuación. Reb Yosef Dov Ber Haleví Soloveitchik, autor de la famosa obra Beit Haleví y abuelo de mi maestro, distingue entre la ceniza y el polvo. El polvo tiene una característica especial: nunca tuvo forma específica, pero se puede introducir una semilla en este elemento para que florezca y dé fruto, y se puede confeccionar artesanalmente algún utensilio de esta materia. En cambio, la ceniza en algún momento tuvo forma y ahora se convierte en un elemento básicamente inútil.

En el Génesis, Dios promete que la simiente de Avraham será como las estrellas o como el polvo de la tierra.

Mientras que la simbología de las estrellas conduce a pensar en el ámbito celestial y espiritual, el polvo también puede ser considerado como el componente indispensable para la agricultura, fuente del sustento de las criaturas que habitan la tierra.

SE FORJA UN PUEBLO

BEMIDBAR

El cuarto libro de la Torá comienza con el censo del pueblo, el conteo de la gente para señalar que el colectivo está compuesto por individuos y que la efectividad de la comunidad es una función de la salud social y emocional de sus integrantes.

Además, muchas Mitsvot dependen de la relación entre la persona y el prójimo. ¿Cómo se puede practicar Jésed, una de las características Divinas que el ser humano debe emular? Se requiere de “otro”, de un amigo o conocido, un extraño o forastero, para cumplir con la tarea fundamental de ser solidario con las necesidades del prójimo.

Cuando el futuro Rebe de Kotzk era un niño y estaba estudiando el Jumash con su maestro, un día formuló el siguiente cuestionamiento: si es que nuestros antepasados recibían a diario una porción del Maná que caía del cielo y, por lo tanto, nunca sufrieron hambre en el desierto, ¿cómo practicaron la Tsedaká, ya que todos tenían suficiente comida?

Una alusión al hecho de que el pobre proporciona la oportunidad para compartir el pan sensibiliza a quienes tienen más para ayudar al prójimo.

Bemidbar quiere decir en el desierto. Aparentemente, Dios consideró que era indispensable para la formación de la nación hebrea que sus miembros pasaran primero por un largo período de esclavitud, para que pudieran identificarse con los oprimidos y perseguidos en la sociedad. De esta manera se sensibilizarían frente al sufrimiento y el dolor. Al mismo tiempo fue necesaria una extensa travesía por el desierto, donde no hay siembra ni cosecha, para que tomaran conciencia de su dependencia de Dios. Aunque los egipcios les habían prestado y regalado oro y piedras preciosas antes de su salida de Egipto, estos tesoros no podían ser utilizados para mitigar el ambiente inhóspito del desierto. En ambos casos, el carácter del pueblo se fortaleció y nutrió por la adversidad, por el ingenio que tuvieron que utilizar para superar los problemas del día a día. Cada uno se alimentaba con el mismo Maná y bebía de las mismas fuentes de agua, no había distinción entre ricos y pobres. Todos dependían igualmente de Dios.

Las leyes y las normas generalmente son el resultado de un proceso evolutivo. Las costumbres se convierten en tradiciones que, a su vez, en cierto momento adquieren la estructura de un código formal. Tal vez por ello Dios entregó la Torá en el desierto, lugar en el cual no podía haber ese cúmulo de experiencias que luego fueron plasmadas en un documento legal. O sea que la Torá no es el resultado de las experiencias históricas de una sociedad, sino la expresa voluntad de Dios.

La causa y razón del tradicional sentimiento de solidaridad que existe entre los integrantes del pueblo hebreo –hecho que ha seguido vigente a través de la historia hasta el presente– tiene sus raíces en la experiencia común de la esclavitud, donde el capataz egipcio era el enemigo común.

De manera similar, el ambiente hostil del desierto, la falta de agua y la amenaza constante de los diferentes grupos violentos que allí habitaban, obligó al hebreo a unir filas con el prójimo, a superar las diferencias debido al peligro que amenazaba por igual a todos. El censo sirvió para identificar el número de varones disponibles para la defensa y los diferentes trabajos, pero sobre todo permitió que aflorara un mayor sentimiento de solidaridad entre los hebreos.

Más allá del peligro común y el destino compartido en el desierto, se creó la unidad en el seno del pueblo a través de la enseñanza de la Torá que compartían y el comportamiento que ello implica. Así interpreta Rashí el versículo que reza Vayijan en lugar de Vayajanú, el singular en lugar del plural, para destacar que cuando los hebreos acamparon al pie del

Sinaí, el pueblo se sintió unido como uno solo, en el singular, porque tomaron conciencia de su futuro común.

EL LIDERAZGO IMPONE RESPONSABILIDAD

Parashá Emor

De acuerdo con la Torá, el Kohén debe regir su vida por un código más estricto que el resto de la población, debido a sus responsabilidades adicionales. Por ejemplo, sólo puede atender a un difunto en el caso de un pariente cercano, por el cual tendría luego que observar el período de Shiv’á. La ley es más estricta con el Kohén Gadol, quien debe abstenerse incluso en estos casos, con la excepción de un cadáver que nadie atiende en el campo. En este caso debe enterrar al muerto. El Kohén no puede casarse con una mujer divorciada o convertida al judaísmo. En el caso del Kohén Gadol, además de los casos mencionados, tampoco puede casarse con una viuda.

Aparentemente, las responsabilidades suelen estar acompañadas de privilegios, pero también de tareas y limitaciones. Quien ocupa un cargo de liderazgo deberá ser más mesurado con su acción y palabra.

El comentarista Dáat Zekenim sugiere una razón singular por la cual la Torá prohibió al Kohén Gadol contraer matrimonio con una viuda. Partiendo del poder que la tradición judía atribuye al Kohén Gadol cuando pronuncia el Nombre Sagrado de Dios durante el culto del día de Yom Kipur, Dáat Zekenim ofrece una interesante especulación.

Durante su estadía en el Kódesh HaKodashim, el Kohén Gadol solía invocar diez veces el Nombre Sagrado de Dios, y tal era la efectividad de esa mención que si tenía en mente en ese momento a una persona que detestaba, la persona moría.

El poder del Kohén Gadol no tenía límite cuando el Nombre Sagrado estaba en sus labios, incluso para la acción negativa. Originalmente, el Kohén Gadol pronunciaba en voz alta el Nombre Sagrado, Nombre explícito cuya pronunciación era compleja. Dado que algunas personas aprovecharon esta oportunidad para aprender la pronunciación correcta y utilizar este conocimiento para propósitos ilícitos, se cambió el estilo y el Kohén Gadol dejó de pronunciar el Nombre en voz alta durante el servicio de Yom Kipur.

La Torá prohibió el matrimonio del Kohén Gadol con una viuda, porque era posible que, al tener una inclinación afectiva por una mujer, tuviera malos pensamientos acerca de su esposo en el momento de invocar el Nombre Sagrado de Dios, hecho que a su vez causaría la muerte del individuo.

Para evitar esta posibilidad, la Torá prohibió el matrimonio del Kohén Gadol con una viuda. Sin ánimo de controversia, la opinión de Dáat Zekenim es muy individual y esotérica, pero apunta hacia un tema relevante: la responsabilidad adicional de quienes ejercen el liderazgo tanto religioso como social, político y económico.

El hecho de que el Kohén Gadol no pueda casarse con una viuda no implica que se muestre desprecio por ella, sino que la Torá es muy exigente con el líder que tiene que asumir limitaciones adicionales debido a la influencia que ejerce en la sociedad. Está claro, por ejemplo, que en el caso de la muerte de un pariente cercano, cuando la Torá le impide acompañar a los dolientes en el entierro, este hecho debe ser emocionalmente devastador para el Kohén Gadol. Sin embargo, su condición de representante del pueblo ante Dios exige que mantenga un estado de Tahará, pureza ritual, en todo momento. Sus necesidades personales deben ocupar un segundo plano.

En la actualidad, debido a la ausencia del Beit HaMikdash, las leyes referentes a los sacrificios no son pertinentes. El Kohén no tiene el privilegio del consumo de la Terumá y de las diferentes partes de los animales ofrendados. Sin embargo, siguen vigentes muchas leyes. El Kohén es el primero en ser llamado a la lectura de la Torá. Durante los servicios religiosos bendice al pueblo, oficia en el Pidyón HaBén y tiene que acatar las limitaciones anteriormente mencionadas con referencia al luto y al matrimonio.

EL CALENDARIO CELESTIAL Y EL CALENDARIO TERRENAL y LA FE EN DIOS

Parashá BEHAR y BEJUKOTAI

La Mishná considera la existencia de cuatro comienzos del año, porque existe el calendario agrícola, un segundo calendario por el cual se rige la monarquía y así sucesivamente.

En el uso cotidiano notamos que existe el año escolar y el año comercial, que puede ser diferente para cada empresa.

Dentro de estas variantes, existen dos fechas que sobresalen. El primero de Nisán es proclamado por la Torá como el comienzo del año y las festividades se rigen por este calendario.

La primera Mitsvá que recibió el pueblo hebreo fue el cálculo de los meses empezando con Nisán. Por ello, Rosh HaShaná se conmemora el primer día del séptimo mes, Tishrei. Pero existe otro calendario que considera que el primer día de Tishrei es el comienzo del año y que, según la tradición, es el onomástico del universo. Dios creó el universo el primer día de Rosh HaShaná.

Se nota una diferencia fundamental. El calendario que empieza con el primer día de Nisán depende de la aparición mensual de la luna nueva, y la duración del mes es una función del tiempo que tarda la luna en girar una vez alrededor de la tierra, fenómeno que se observa porque la luna nace y aumenta de tamaño progresivamente hasta que desaparece para completar el ciclo de unos veintinueve días y trece horas. En cambio, el año que comienza en Rosh HaShaná no depende del movimiento de la luna alrededor de la tierra.

Dios estableció, desde un comienzo, la noción del período semanal según el cual el séptimo día es Shabat, el día de descanso.

En este caso, las dos unidades son el día y la semana. Por ello, Haim Burgansky sugiere que el año que empieza en Nisán puede ser llamado el año judío, mientras que el conteo del año con el mes de Tishrei puede ser considerado el año universal, de la naturaleza.

El año de Shemitá, año de descanso para la tierra en cada período de siete años, comienza en el mes de Tishrei que da comienzo al invierno en el hemisferio norte, donde se ubica la Tierra de Israel. El año de Shemitá se conoce en la Torá como un año de Shabat, descanso para la tierra, hecho que invoca al Shabat de la creación que es el séptimo día, mientras que Shemitá se celebra el séptimo año.

De manera similar, el conteo del Ómer se realiza por cuarenta y nueve días, equivalente a siete semanas, hecho que a su vez sirve para fijar la festividad de Shavuot. No se puede dejar de observar la similitud entre el conteo de los siete períodos de siete años para llegar al año Yovel –el año jubilar en el que la tierra tiene que descansar nuevamente y todas las tierras retornan a sus dueños originales– y el conteo de siete períodos de siete días para arribar a Shavuot.

Cabe destacar que en el caso del conteo del Ómer, los jajamim interpretaron el versículo Mimojorat HaShabat, “al día siguiente del Shabat” como una referencia al primer día de Pésaj y no al primer día de la semana, bajo el alegato de que las festividades –y entre ellas está Pésaj– también se denominan Shabat. O sea que el Ómer se empieza a contar al día siguiente de la festividad, o sea, el segundo día de Pésaj, sin tomar en cuenta su coincidencia con algún día específico de la semana.

Tal vez la razón de optar por la interpretación que afirma que el Ómer se cuenta del segundo día de Pésaj y no desde el domingo –que sería el primer día después del Shabat– se debe al hecho de que las reglas que rigen el Ómer están contenidas en la sección que se refiere a las festividades, y éstas se rigen de acuerdo con el año lunar que empieza en Nisán. Los jajamim interpretaron que, dado que el Ómer está relacionado con la festividad de Pésaj, el día siguiente al Shabat se refiere al segundo día de Pésaj. Porque las festividades se observan de acuerdo con el calendario establecido por el Beit Din. El Talmud testimonia que al indagar los ángeles cuándo es Rosh HaShaná, recibieron la respuesta de que tenían que plantear esa pregunta a un Beit Din terrenal, porque allí eran establecidas las fechas. Por ello, la Berajá en la Amidá de Yom Tov reza Mekadesh Yisrael vehaZemanim, es el pueblo de Israel el que determina la fecha de las festividades, de acuerdo con el calendario terrenal.

En cambio, la Berajá del día Shabat es Mekadesh Ha- Shabat: esta vez no hay mención de Yisrael en la Berajá porque el pueblo de Israel no interviene en la fijación de ese día sagrado. El séptimo día semanal fue establecido durante los siete días de la creación y el año de Shemitá se rige igualmente por ese calendario, el calendario celestial.

BEJUKOTAI – LA FE EN DIOS

La Torá promete la paz y la residencia en la tierra sin temor como consecuencia de Bejukotai teleju veet Mitsvotai tishmerú,“caminar de acuerdo con las normas y observar las Mitsvot” que Dios ha revelado. Los exégetas enseñan que Jukim son las normas que no son fácilmente entendibles, imperativos que deben ser cumplidos porque provienen de la voluntad de Dios, mientras que las Mitsvot son ordenanzascorroboradas por el intelecto humano, el comportamiento que la lógica igualmente dictaría. Por ejemplo, para la convivencia entre los seres humanos es indispensable el respeto por la propiedad ajena, la solidaridad con el menos afortunado, abstenerse de mentir, no asesinar. En cambio, las leyes del Kashrut no están basadas en conceptos que puedan ser comprobados por la lógica o por la experiencia. Si consideramos que el Kashrut promueve la salud, ¿acaso quienes no observan estas leyes sufren de un promedio mayor de enfermedades? Nos regimos por las leyes del Kashrut porque así lo ordenó Dios, a través de normas que luego fueron explicadas y ampliadas por los jajamim.

El rabino Leo Jung, difunto líder espiritual del Jewish Center de New York y profesor de Yeshiva University, solía argumentar en sus clases que en el judaísmo, a diferencia de otras religiones, no hay dogmas. No es necesario suscribir artículos de fe que carezcan de una base en la lógica. No obstante esta respetable opinión, es innegable que la Torá está basada en el primer Mandamiento que reza Anojí HaShem Eloheja, “Yo soy HaShem tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto”. La base fundamental del judaísmo es la fe en la existencia de Dios, la confianza en que la Torá contiene su palabra revelada.

Incluso las Mitsvot que la mente humana puede captar y entender tienen un trasfondo trascendental que va más allá de la lógica.

El Beit HaLeví, abuelo de mi maestro Soloveitchik, argumentaba que aunque muchas Mitsvot tienen un contenido histórico, como el caso de Sucot, tienen, sin embargo, una significación más profunda que el hecho que conmemoran.

Se construye una Sucá porque los hebreos se protegieron de la intemperie en el desierto por intermedio de Sucot, construyendo chozas. Sin embargo, argumenta el Beit HaLeví, la Sucá también tiene una significación independiente de cualquier suceso que le aconteciera al pueblo hebreo. Tal vez el mensaje fundamental es destacar que incluso una choza puede ser un hogar cuando en su interior está presente el entendimiento y la armonía entre quienes la comparten. Ese mensaje es independiente de la historia del pueblo hebreo.

El texto bíblico contiene una serie de advertencias acerca de cuáles serán las consecuencias por el incumplimiento y la desobediencia: se multiplicarán las enfermedades en el seno del pueblo, será quebrantado el orgullo de ser y existir, e incluso los árboles dejarán de producir el fruto. Uno tropezará con su prójimo como en una estampida, tal como si estuviera huyendo de la espada, sin que nadie le persiga. El incumplimiento conduce a un vacío, a una falta del sentido de la vida.

Hay muchísimas personas que no creen en una Divinidad, algunos son ateos, otros son agnósticos y muchos continúan con su vida sin preocuparse acerca de la veracidad de la existencia de un Ser Supremo. Tal vez la lección de estos capítulos es que la vida adquiere mayor sentido para el creyente, para quien fundamenta su vida en la existencia de un Dios que exige un comportamiento solidario con el prójimo, el cual no puede ser negociado de acuerdo con las circunstancias y la conveniencia personal.

El texto abre un paréntesis cuando enumera las atrocidades que son consecuencia de la desobediencia para Vezajartí et Berit Yaacov…, para recordar la trayectoria de los patriarcas y, de esa manera, dar lección de que incluso cuando no es popular o políticamente correcto hacerlo, hay personas que desafían a la mayoría para ser consecuentes con lo que su alma siente: la Presencia de Dios, el Ser responsable por la creación del universo y gran maestro acerca de cuál debe ser la conducta terrenal del ser humano.

LA MORALIDAD EN LAS RELACIONES SEXUALES – LA KEDUSHÁ DEL PUEBLO HEBREO

AJAREI MOT y KEDOSHIM

Una de las funciones principales de Yom Kipur es servir como un medio para la obtención de Tahará, la pureza espiritual.

El perdón de los pecados que produce Yom Kipur permite que la persona adquiera pureza, desde el prisma religioso.

Hacia el final de estos capítulos, la Torá exhorta Kemaasé Érets Mitsráyim asher yeshavtem ba, lo taasú, “no repitan las acciones que son propias de Egipto”, con lo cual advierte que los hebreos no deben portarse de acuerdo con la conducta egipcia, especialmente en lo que respecta a las relaciones sexuales. El texto continúa con una serie de prohibiciones sobre el incesto, que se define como las relaciones sexuales consanguíneas entre un hombre y su madre, hermana, nieta o tía. También se incluye como incestuosa la relación entre el hombre y la esposa de su padre, esposa de su hijo, cuñada. Adicionalmente están prohibidas las relaciones sexuales con una mujer y su hija, una mujer y su nieta, una mujer y su hermana. Todas estas relaciones se denominan Guilui arayot, “mostrar o destapar la desnudez”.

Aparentemente, estas prácticas eran comunes en Egipto y más aún en Canaán, mientras que una idea central en la Torá es la negación de la validez moral de los hábitos de estos pueblos. Esta conducta tiene antecedentes desde la época de Nóaj, cuando su hijo Jam observa la desnudez del padre y, según algunos exégetas, tiene relaciones homosexuales con el padre cuando éste estaba ebrio. De acuerdo con el texto bíblico, tanto Mitsráyim como Canaán eran descendientes de Jam. Siglos después, la Torá testimonia cómo Sarai, esposa de Avraham es secuestrada en la corte del faraón. Sobresale el episodio de la seducción de Yosef por la esposa de Potifar, relatos que subrayan la prominencia de los actos sexuales en la vida de los monarcas y potentados de estas civilizaciones. Conducta similar se observa en las ciudades de Sedom y Amorá, lugar donde Lot se había residenciado.

Este hecho sale a relucir después de que las ciudades fuesen destruidas y de que las hijas de Lot tuvieran relaciones sexuales con el padre, aunque algunos exégetas razonan que las hijas creían que el mundo entero había sido destruido y sólo a través de una unión sexual con el padre se podría dar continuidad a la Humanidad.

En los primeros días del éxodo de Egipto, los hebreos giran hacia al lugar denominado Báal Pe’or por la deidad de esa ciudad y cuyo culto giraba alrededor de los actos sexuales y las prostitutas “sagradas”. De acuerdo con algunos intérpretes del texto bíblico, cuando los hebreos “recuerdan” el pescado que comieron en Mitsráyim, la referencia en realidad tiene que ver con la prolífica procreación de los peces y con el libertinaje sexual existente en Egipto, a diferencia de los Diez Mandamientos, que ponen límites al apetito sexual.

Por lo antedicho, los patriarcas insistieron en que sus hijos buscaran esposas en el seno de sus familiares, quienes aunque no eran monoteístas, tampoco estaban inmersos en el aspecto sexual de la idolatría.

Está claro que la instrucción acerca de la práctica del Brit Milá está íntimamente ligada con un mensaje acerca de la actividad sexual. Incluso el Korbán Pésaj está relacionado con esta Mitsvá, porque el incircunciso no podía participar en la ofrenda y en la celebración del Séder de Pésaj. La libertad obtenida a través del éxodo estaba condicionada, o más bien tenía el propósito de posibilitar un comportamiento regido por la Torá, a diferencia de los hábitos sexuales relacionados con la idolatría. Por ello, en la tarde del día más sagrado del calendario hebreo, la tarde de Yom Kipur, la lectura de la Torá versa sobre las relaciones incestuosas prohibidas.

Mientras que la idolatría hacía una ecuación entre el acto sexual y la fertilidad de la tierra (al menos esa era la práctica del culto a Báal Pe’or), el judaísmo propone que la abundancia de las lluvias y la producción agrícola son una consecuencia del comportamiento moral del individuo. En efecto, ese es el mensaje que leemos en el Shemá cuando Dios advierte Vehayá im tishmeú el Mitsvotai, “y será, si ustedes observan mis instructivos”, entonces las lluvias caerán en su debido tiempo y tendrán una abundante cosecha.

Aunque la prohibición acerca de las relaciones sexuales prohibidas es responsabilidad de cada individuo, la Tierra Prometida no las tolera, de acuerdo con Rambán. Sugiere que Rajel falleció en el camino cuando Yaacov regresó a la Tierra de Israel para que el patriarca no tuviera simultáneamente dos esposas mientras estaba residenciado en la tierra sagrada, no obstante que la Torá no había sido completamente revelada para ese momento.

KEDOSHIM

LA KEDUSHÁ DEL PUEBLO HEBREO

Dios exige que el pueblo hebreo sea Kadosh, consagrado y santificado, tal como es Él. Está claro que ser como Dios es imposible, porque Él es único. ¿Qué quiere decir entonces Kadosh? Según Rashí, implica mantenerse aparte, ya que el pueblo hebreo no debe contagiarse de los males de la sociedad circundante. Tal como el primer patriarca se posicionó en el lado opuesto de la “orilla”, hecho al que alude el apelativo de Ivrí (porque Éver quiere decir “una ladera del río”), asimismo el pueblo hebreo debe mantenerse firme en su posición moral, incluso en desafío a la opinión mayoritaria.

Los primeros versículos del texto bíblico indican en qué consiste la condición de Kadosh: temor por los padres, cuidado del Shabat, apartarse de la idolatría, cumplimiento de las normas de los sacrificios, atención a las necesidades de los pobres apartando las esquinas de los campos para ellos, no robar, no mentir, no invocar el nombre de Dios en vano, pagar el sueldo a tiempo, no maldecir al sordo y no colocar un obstáculo ante un ciego, ser correcto en el juicio tanto con el pobre como con el rico, no permanecer indiferente ante el derrame de sangre del prójimo, no odiar a un hermano, amonestarlo cuando se equivoca, no vengarse, amar al prójimo como a uno mismo.

Es obvio que la persona que conduce su vida de acuerdo con las exigencias antes enumeradas será un individuo excepcional. Será Kadosh, porque habrá superado cualquier inclinación por el mal, será solidario con sus congéneres.

Desde un prisma teológico, cabe plantear la interrogante de si Kadosh es una condición que Dios impuso sobre el pueblo hebreo. Eso quiere decir que Dios escogió al pueblo hebreo por encima de las otras naciones y, por lo tanto, es una condición permanente, independiente del comportamiento de este pueblo que, sin embargo, puede recibir el castigo por el yerro y la recompensa por la buena acción.

Pero siempre permanece Kadosh, consagrado por Dios. Una segunda opción sería que la condición de Kadosh fuera el resultado de la conducta ejemplar del pueblo hebreo. El pueblo es Kadosh, o tal vez adquiere Kedushá, cuando cumple con los imperativos anteriormente enumerados y pierde esa condición cuando se aleja de las normas exigidas. O sea que la condición de Kadosh es temporal, una función del comportamiento humano. Un adjetivo y no un sustantivo. Visto de otra manera, el apelativo de Kadosh lo otorga Dios o es una condición que el pueblo obtuvo por su comportamiento ético. Si Dios otorga este calificativo, quiere decir que el pueblo hebreo le pertenece y, por ello, le encomendó observar las Mitsvot. De acuerdo con el Méshej Jojmá (Rabí Meir Simjá de Dvinsk), el pueblo hebreo recibió la Kedushá en el monte Sinaí.

El Midrash, en cambio, sugiere que la Kedushá de Dios es totalmente independiente de la Kedushá del pueblo hebreo. Dios es siempre Kadosh, mientras que la Kedushá del pueblo hebreo es una función de su apego a las Mitsvot. Shabat es un día Kadosh y cuando el hebreo observa las leyes de este día adquiere más Kedushá. O sea que la Kedushá no es el resultado de un encuentro trascendental entre el pueblo y Dios en el Sinaí, sino que es un proceso que evoluciona constantemente de acuerdo con la práctica de la ley enunciada en el Sinaí.

Mi maestro Joseph B. Soloveitchik se inclina por esta segunda posición y afirma que el pueblo hebreo produce, engendra la Kedushá a través de su comportamiento. Raphael Yarhi cita a Malbim, quien diferenció entre Am Segulá, un pueblo elegido y Goi Kadosh, la nación consagrada.

De acuerdo con Malbim, Dios escogió al pueblo hebreo y lo convirtió en Am Segulá, pero el pueblo se elevó a sí mismo para ser Goi Kadosh. Y a través de esta Kedushá, el pueblo santifica a Dios, de tal manera que la Kedushá de Dios es una función de la Kedushá del pueblo. Eso quiere decir Kidush HaShem, la santificación del Nombre de Dios. Un acto de Kedushá del individuo produce el Kidush HaShem, la santificación de Dios. De esta manera se acentúa la relación entre la persona y Dios. Dios tiene influencia sobre la persona, pero la persona también deja un huella sobre Dios, “intensifica” la Kedushá de Dios a través de sus actos terrenales.