EL DOMINIO DE LAS PASIONES

TERUMÁ

Moshé tuvo grandes dificultades con la elaboración de la Menorá, el candelabro cuya luz debía irradiar el recinto interno, el Kódesh HaKodashim, del Mishkán, y que siglos más tarde alumbraría el Beit HaMikdash. Esta dificultad se hizo presente con otros elementos que debían ser incluidos en el Mishkán. Parece que el problema fundamental para Moshé era cómo Dios, un Ser Infinito, podía ser contenido en un recinto limitado que ocupa un área específica. Aparentemente se trataba de una transición. Mientras que Dios se había manifestado de manera pública, especialmente en Egipto, a través de las diez plagas; después de la revelación en el monte Sinaí, se comunicará a través de un recinto particular en el Mishkán, y en el futuro más lejano proyectará su voz desde el lugar de los Keruvim que estaban sobre el Kapóret, la tapa de oro macizo del Arón HaKódesh del Beit HaMikdash de Yerushaláyim.

Desde un comienzo, el mundo había sido creado dentro de los cánones de la dialéctica, había que elegir entre opciones: el bien y el mal, lo que es ético y lo inmoral. Había que escoger entre materia y espiritualidad. O tal vez, el ser humano tenía que aprender a sintetizar la materia con el espíritu, a convivir con elementos aparentemente antagónicos, tarea que luce lógica, porque el hombre contiene ambos elementos en su ser. El reto de la vida puede ser visto como la resolución del conflicto entre el deber y la pasión, la obligación y el pasatiempo, la Mitsvá y el llamado del deseo carnal.

La tarea fundamental del hombre de fe es instrumentar un clima de armonía entre estos impulsos adversos. Para la construcción del Mishkán se exigió el aporte de metales preciosos: oro, plata y cobre, lanas y cueros, todo ello con colores vívidos que contrastan con la idea de que Dios no se hace presente dentro de un marco de opulencia sino, por el contrario, dentro de un entorno de simpleza. El donativo necesario para hacer el Mishkán obligó al pueblo a hacer una elección. ¿Se desprendería del oro para un objetivo noble? Está claro que el aporte al Mishkán era una enseñanza acerca de la doble función de las cosas. El avaro no puede desprenderse de su oro, es su invaluable tesoro, pero al mismo tiempo vemos que del oro se puede elaborar un candelabro que simbolice la luz del conocimiento. El Talmud y otras tradiciones abundan en el ejemplo de la lengua que puede ser un manjar delicioso cuando proviene de un animal, mientras que la lengua humana puede edificar y destruir, puedeser utilizada para enseñar o tal vez para calumniar.

En el Gan Eden sólo había una regla que obedecer para recordar la existencia de un solo Dios, a quien se debía adoración.

La regla era muy simple: no comer del fruto del árbol prohibido. Se confió tal vez en que el intelecto humano podía deducir, por sí solo, cuáles son las reglas o el comportamiento que conduce a la convivencia social y al desarrollo emocional y espiritual de la persona. No se menospreció el elemento material, porque el hombre está compuesto de cuerpo y alma. El intelecto humano tenía el reto de incorporar o elevar el componente material a un nivel espiritual.

La pasantía de la primera pareja en el Gan Eden fue de corta duración. Adam y Javá fueron expulsados para que apreciaran el fruto del sudor de su frente y a través del dolor valoraran su descendencia.

Los Korbanot que serían ofrendados en la Casa Sagrada tenían el propósito de “lekarev”, acercar el hombre a Dios, aproximar la materia al espíritu. Al desprenderse de un animal, al ofrecer parte de sus bienes para la construcción del Mishkán, el hebreo que había salido de la esclavitud egipcia demostró que estaba dominando sus deseos, que no se inclinaba ante ellos. El aporte tenía que ser acorde con asher yidvenu libó, “lo que el corazón permita”, la victoria de la fe sobre el deseo de la acumulación de posesiones.

El aprendizaje tuvo efecto, porque incluso después de la destrucción de ambas edificaciones del Beit HaMikdash, las diversas persecuciones y exilios tuvieron el efecto de afianzar la noción de que por encima de lo material está el ingrediente espiritual; lo que había sido acumulado en el orden material podía ser arrebatado, pero quedaba intacto o tal vez fortalecido el elemento espiritual.

¿Misión Imposible?

Cuando debemos hacer las cosas correctas

A veces pensamos que hacer nuestro deber se hace “imposible”. Definir prioridades en la vida es fundamental para nuestro desarrollo personal. He atendido este tema en el pasado, pero hoy fundamento mis observaciones en la Torá que siempre guarda palabras de sabiduría para quien la estudia. Gracias por compartir y apoyar este proyecto. #brener,#judaismo,#rabinobrener,#tora,#judio,#judaismoenespañol,#rabino,#cafeconfe,

Hilo Ostfeld Z”L

"el rencor y el odio son enemigos del progreso, enemigos del futuro"

HILLOOSLFELD (2)

Conocí a Hillo Ostfeld por más de medio siglo, suficiente tiempo para apreciar su excepcional personalidad e impacto sobre individuos, la sociedad venezolana: tanto la judía como la de gentiles, y una parte importante del pueblo judío en general. Hombre de convicciones firmes, carácter impositivo, hacía sentir su presencia al instante cuando ingresaba a una reunión, tanto familiar como comunitaria.

Uno se sentía seguro a su lado. Sabía, que en caso de cualquier emergencia, Hillo dará una respuesta adecuada a la situación.

Por ello, su consejo era solicitado. Tenía una inteligencia aguda aunada a una vasta experiencia en la vida.

Escribió un libro autobiográfico que relata sus vivencias, especialmente, durante la Segunda Guerra Mundial y la manera de cómo sobrevivió la mayor tragedia que sufrió el pueblo judío en su historia milenaria.

Después de un período corto en Israel, Hillo y Klara llegaron a Caracas con muy escasos recursos materiales, pero gracias a su tenacidad, ingenio y trabajo físico real, logró, después de unos años, afianzar su posición económica. Todo eso lo leí, pero fui testigo de muchas otras características de Hillo.

Al igual que miembros de nuestra comunidad, viajé en numerosas oportunidades a Israel. En Tel Aviv, al hospedarme en el hotel Hilton, la mucama, el portero y quien estaba en la recepción, al escuchar que venía de Caracas lo primero que querían saber era si conocía a Hillo.

Unos 5 años atrás, acompañé a los ejecutivos de Televen encabezados por su presidente Omar Camero, en una visita a Israel que luego produjo un programa sobre el país que fue transmitido en Venezuela. Incluyó una larga entrevista con el inolvidable Shimon Peres z’l, Presidente de Israel. Una conversación personal con Peres empezó con su pregunta acerca de ¿cómo está Hillo? Hillo tenía una larga amistad con Peres que contaba con numerosos encuentros personales.

Fue generoso, especialmente con la comunidad judía de Venezuela y Medinat Israel. Pero no se limitó a ello. Ayudó puntualmente a numerosos miembros de nuestra comunidad y fui testigo personal de varios de esos casos. Numerosas causas e instituciones venezolanas recibieron su apoyo material.

Había recibido una significativa educación religiosa en su juventud. Los principios morales y éticos de esa tradición lo
acompañaron por el resto de su vida.

Tenía una memoria prodigiosa. Llevaba los balances en su mente y no tenía que ver números escritos. Pero también sabía olvidar. Había sufrido los atropellos inhumanos de los nazis para tener como lema “nunca jamás”, pero al mismo tiempo estaba consciente que el rencor y el odio son enemigos del
progreso, enemigos del futuro.

Regresó a Rumanía como un dignatario, no obstante que había sufrido en el pasado el antisemitismo de su población. Se impuso la tarea de diseminar lo ocurrido en el Holocausto.

Habló y expuso en colegios y en universidades sus dolorosas experiencias durante ese oscuro período. Tal vez, el momento estelar fue cuando dirigió un mensaje sobre este tema en la tribuna de la Asamblea Nacional, cuyos integrantes se pusieron de pie a la conclusión de su larga intervención para aplaudir sus palabras y mostrar un aprecio especial hacia su persona.

Había cumplido 70 años de matrimonio con Klara el día de su deceso. La desaparición física de 2 hijos: Luis y Leon, dejaron una herida profunda e incurable para los padres y para la hermana Trudy quien se convirtió en el soporte emocional para toda la familia.

Victor Frankl, fundador de la Logoterapia, sostuvo que sobrevivieron el Holocausto, especialmente aquellos que tenían un programa de vida, una meta, quienes sentían que tenían una misión que cumplir.

Hillo tenía programas y metas. Nunca permitió que obstáculos impidieran sus propósitos. Tenía una disposición positiva, lo podía lograr todo. Y efectivamente, logró muchas cosas.

“Zijró tehé baruj”, su memoria produce la bendición.

NORMALIZACIÓN DE LA ESCLAVITUD

Parashá Mishpatim

El primer instructivo de estos capítulos se refiere a las leyes que deben regir la esclavitud. La Torá destaca que no existe la esclavitud por siempre. El esclavo sale en libertad después de completar seis años de servidumbre. Sin embargo, en el caso del amo que le provee una esposa con la cual forma una familia, el esclavo puede solicitar que su período de servidumbre sea extendido, cuando declara “amo a mi amo, a mi esposa y mis hijos”, de acuerdo con el texto sagrado. En este caso puede continuar hasta el año jubilar, en cuya fecha forzosamente tiene que ser puesto en libertad, porque los seres humanos sólo debemos ser los “sirvientes del Creador”, pero no los sirvientes de otros sirvientes.

¿Por qué empieza la letanía de leyes que caracteriza esta sección de la Torá con las que deben regir al esclavo? Cuando se asume que la Torá utiliza un lenguaje que es inmediatamente comprensible por los seres humanos, se puede argumentar que el esclavo es un ejemplo del ser más vulnerable y desamparado de la sociedad. La Torá, por lo tanto, lo ampara porque es quien necesita mayor protección, especialmente cuando se toma en cuenta que la esclavitud existió por milenios, antes y después de la entrega de la Torá.

Una razón adicional contundente y probable es el antecedente inmediato del pueblo hebreo que había pasado doscientos diez años de esclavitud en Egipto. Era imperativo, por lo tanto, que se promulgara un marco de protección para el esclavo.

Además de tener simpatía por el esclavo, el pueblo hebreo podía tener empatía por su situación. Con el vocablo “empatía” destacamos que podía ponerse directamente en la situación del prójimo, sentir en carne propia el dolor ajeno, porque había pasado por la misma experiencia durante el largo período de esclavitud egipcia. De esa manera, el pueblo hebreo fue sensibilizado para que pudiera identificarse totalmente con el menos afortunado.

Los patriarcas pasaron por períodos de hambruna para que pudieran entender qué implica la falta del sustento, la ausencia del pan sobre la mesa. Durante la cena del Séder de Pésaj, se rompe la Matsá del medio y se guarda una mitad para el Afikomán con el cual se concluye la comida de esa noche. La Matsá se denomina Léjem Oni, el pan de la pobreza, porque el pobre casi nunca tiene un pan completo. Tampoco consume todo el pan que tiene en el momento, guarda un trozo porque no está seguro si tendrá comida al día siguiente. Eso los saben los sobrevivientes de los campos de concentración de los nazis: siempre se guarda alguna migaja para otro día, por si acaso.

En algunos casos, el esclavo que asciende al poder suele ser más cruel que quienes nunca conocieron la servidumbre.

Al tanto de las posibles artimañas, se convierte en un capataz severo que sofoca todo intento de libertad. Por ello, la Torá insiste y advierte Vezajartá ki éved hayita beMitsráyim, “y recordarás que fuiste un esclavo en Egipto” por la doble razón: la experiencia de la esclavitud que debe servir para comprender a cabalidad su efecto deshumanizador y, al mismo tiempo, para convertir al hebreo en el portador del mensaje de la libertad. Porque solamente bajo el manto de la libertad se puede cumplir con los imperativos, las Mitsvot de la Torá. El éxodo de Egipto permitió que fueran ellos quienes dispusieran del tiempo para dedicarlo a cumplir con la voluntad de Dios.

Los capítulos de Mishpatim contienen muchas normas que lucen razonables, leyes indispensables para la convivencia que se pueden derivar de un proceso lógico. Su procedencia Divina les otorga un matiz adicional y les añade una condición fundamental. Impide, o al menos dificulta su manipulación, que su sentido sea tergiversado a conveniencia de la persona o de algún autoritario cuyo propósito sea imponer su voluntad sobre el prójimo.

MERECEDOR DE LA TORÁ

Yitró

Estos capítulos conducen al evento central de la narrativa: la entrega de la Torá en el monte Sinai. Incluso la esclavitud egipcia y el éxodo triunfal a la conclusión de doscientos diez años de servidumbre sirven de marco para la revelación Divina. Al considerar que la Torá es un documento de un contenido altamente moral, la estadía en Egipto fue un episodio necesario para sensibilizar al hebreo frente al sufrimiento del prójimo. Este evento será mencionado en toda celebración porque el ingrediente moral, la disposición a defender los derechos de las personas que habían sido “olvidadas por la historia” que se manifiesta en la empatía por el dolor ajeno, esta actitud que fue impresa en el espíritu del hebreo por su propio sufrimiento bajo el yugo egipcio, lo preparó para ser el portavoz de la Palabra de Dios.

Desde los primeros episodios del Génesis observamos el proceso de selección que Dios impuso para identificar a las personas dignas de ser los portavoces del mensaje moral, del comportamiento ético que obliga a la solidaridad con el prójimo. ¿Por qué no le entregó Dios la Torá a la primera pareja? De esa manera la Humanidad habría tenido una Carta Magna con las pautas específicas para el comportamiento moral. En realidad, las primeras generaciones fueron
sometidas a diversas pruebas para comprobar si eran aptas para recibir el mensaje Divino, así lo argumenta el profesor Dov Landau.

La desobediencia de Adam probablemente no consistió solamente en el mordisco que le dio al fruto prohibido. La serpiente había seducido a la primera pareja con la noción de que “el día que coman de este (árbol) se abrirán sus ojos y serán como Dios, conocedores del bien y del mal”, a diferencia de la admonición Divina de que la muerte sería la consecuencia de la desobediencia. El atrevimiento de la pareja no constituyó una desobediencia puntual, sino una
rebelión, un desafío a la soberanía de Dios.

Muchos otros personajes bíblicos fueron sometidos a diferentes pruebas para demostrar si eran idóneos para recibir la Ley de Dios. De acuerdo con la Torá, las primeras diez generaciones fueron degenerando hasta los días de Nóaj cuando Dios ordenó el diluvio, evento que servirá para recrear la Humanidad a través de este personaje, que también demostró una gran debilidad moral con su primera acción después del desastre universal: plantó un viñedo para luego embriagarse con su vino. Ya había demostrado que su convicción era débil, porque no había podido atraer a nadie más a su causa. Pese a que trabajó por décadas en la elaboración del arca, ninguna otra persona se dispuso a acompañarlo.

Kayin no pasó el examen porque asesinó a su hermano Hével. Lot prefirió la abundancia material, a pesar de que las ciudades de Sedom y Amorá lo expondrían a un comportamiento amoral. Tamar se disfrazó como una prostituta y la esposa de Potifar estaba dispuesta a entregarse a Yosef, sin tomar en cuenta que ese hecho constituía una traición a la confianza que su esposo depositaba en ella. Avimélej y el faraón quisieron desposar a la mujer de otra persona, y así sucesivamente, cada uno de los personajes que desfila por las páginas de la Torá demuestra grietas en su carácter, fallas profundas de personalidad. El arribo de Avraham señala el comienzo de una nueva etapa para la Humanidad.

Esta vez Dios encontró un personaje que se preocupaba por la suerte de otros, que tenía abiertas las puertas de su hogar para recibir a quien tuviera sed o hambre, que defendió con las armas a su sobrino Lot. Avraham podía ser el padre de una nación merecedora de la Torá.

Incluso tenía que haber una selección posterior en la descendencia de Avraham, porque no todos eran aptos para la tarea. Finalmente, la servidumbre en Egipto sirvió para depurar al pueblo, porque solamente una quinta parte estuvo
dispuesta a seguir a Moshé para salir de Egipto y aventurarse por las arenas del desierto, porque reconocieron que la libertad era uno de los principios fundamentales de la dignidad humana. Las largas décadas de esclavitud sensibilizaron sus espíritus para que en el futuro se convirtieran en protectores de los perseguidos, en defensores del débil.

La base de la Torá es la consideración de los derechos del prójimo, el reconocimiento de que cada ser humano ha sido formado a la imagen y semejanza del mismo Dios. Solamente un pueblo que puede cumplir con Veahavtá lereajá
kamoja, “amar al prójimo como a sí mismo”, puede ser transmisor de los valores morales contenidos en los Diez Mandamientos, ampliados, a su vez, en la Torá.

Rebelde con causa

La rebeldía en su correcta medida, como casi todo en la vida, puede ser útil. Debemos combatir ese conformismo que a la larga nos afecta en el crecimiento personal. Sobre ese tema comparto hoy mis pensamientos. De igual forma espero que lo hagan con sus amigos y familiares. Trabajo mucho en mantener al día este canal y el impacto que en ustedes provoca es mi mayor motivación. Gracias.

LA BATALLA CONTINÚA

BESHALAJ

El pueblo hebreo salió, o tal vez fue expulsado de Egipto por el faraón, rumbo al desierto, a un destino desconocido por ellos. Pero el plan Divino era conducirlos primero al monte Sinaí, donde recibirían la Ley que guiaría su comportamiento diario y que serviría como herramienta moral fundamental para la convivencia social y el desarrollo emocional y espiritual. El éxodo no fue la consecuencia de una rebelión de esclavos, la salida se produjo porque Dios infligió diez plagas sobre los egipcios, las cuales doblegaron la voluntad del faraón. Moshé fue el emisario de Dios, que advirtió al faraón cuáles serían las consecuencias de su intransigencia. Aunque la petición inicial utilizó como argumento el deseo de adorar a Dios en el desierto, el motivo básico del éxodo era claro: la rotura de las cadenas de la esclavitud.

En esta primera etapa de la historia del pueblo, la intervención Divina está presente, con claridad, en todo momento.

Incluso se puede argumentar que las plagas tenían una doble función. Por un lado se tenía que demostrar la superioridad del Dios único frente a las múltiples deidades egipcias.

Pero al mismo tiempo era necesario darle ánimo a un pueblo esclavizado, convencerlos de que la libertad era una condición no negociable. Era preferible la Matsá, el pan de la pobreza, sobre cualquier manjar y exquisitez en el mundo de la esclavitud.

Sólo habían pasado unas horas cuando el faraón se arrepintió de haber permitido la salida de los esclavos hebreos e inició su persecución para devolverlos a la servidumbre. Los hebreos se encontraban en un callejón sin salida. Por delante estaba el mar y, tras ellos, las carrozas y caballos, los soldados egipcios persiguiéndolos en caliente. ¿Qué hacer? Dios le dice a Moshé que alce su mano con la vara para partir las aguas del mar, las cuales, a su vez, obedecen la orden. Gracias a esta partición milagrosa de las aguas, los hebreos logran escapar de las hordas egipcias, que perecen cuando las aguas se juntan nuevamente, una vez que los hebreos llegan a la orilla opuesta.

La historia no concluyó ahí. Se habían salvado de los Egipcios pero tendrían que empuñar las armas para enfrentar a los Amalekitas. Nuevamente se hizo presente la protección Divina. Aunque no liderizó el “ejército” hebreo, la Torá relata que Moshé ascendió un monte desde el cual pudo observar el desarrollo de la batalla. Mientras mantuvo sus brazos en alto, vencieron los hebreos, y cuando los dejaba caer, los Amalekitas eran los vencedores. De acuerdo con el

Talmud, el acto de elevar los brazos era símbolo de centrar la mirada en el cielo, tomar conciencia del hecho que todo depende de la ayuda de Dios. Se nota, sin embargo, una diferencia. Mientras estaban en Egipto, sólo Dios, a través de Moshé, fue el actor, el factor que aseguró el éxodo por intermedio de las plagas. En esa ocasión Dios también intervino a través de Moshé, pero los hebreos tuvieron que luchar, arriesgar su vida contra Amalek.

Ello señala el comienzo de un pacto, una asociación entre Dios y el pueblo, Dios y la persona, eco del dicho coloquial: “Ayúdate y el cielo te ayudará”.

Además, la estadía en Egipto que incluyó doscientos diez años de esclavitud, fue puntual. La batalla contra Amalek representa una guerra inconclusa, cuyo primer capítulo se escribió después del éxodo de Egipto. En el transcurso de la Historia se erigieron otros Amalek, con diferentes nombres tales como Hamán, Torquemada, Hitler, siendo su versión contemporánea la figura del presidente de Irán, todos con el propósito, en alguna forma u otra, de eliminar al pueblo hebreo.

Se han ofrecido diferentes teorías para explicar esta saña constante contra los hebreos. Algunos argumentan que el pueblo judío se ha convertido en una especie de conciencia de la Humanidad por el mensaje que propaga, que no es otro que el contenido de la Torá. El mensaje de ética y moralidad que predica la Torá no permite la tranquilidad emocional cuando se atropella al débil y se hurta lo que pertenece a otro. Quien argumenta que la fuerza es igual al derecho, que el mundo pertenece al más fuerte, tropieza con una teología o filosofía que sugiere enfáticamente que la solidaridad y el amor deben ser las fuerzas que motiven la acción humana.

Acoso Sexual

Ultimamente en la sociedad norteamericana ha surgido un despertar sobre el tema del acoso sexual. Quiero aportar mi comentario a tan delicado aspecto. Escuchen comenten y compartan si así lo consideran. Muchas gracias por el apoyo. www.pynchasbrener.com es mi página web. #brener,#judaismo,#rabinobrener,#tora,#judio,#judaismoenespañol,#rabino,#cafeconfe,#acososexual

ATRIBUTOS DE MOISÉS

Parashá Bo

Dios le asegura a Moshé que el faraón tiene un corazón “endurecido” y, por lo tanto, no permitirá el éxodo de los hebreos del país. Este hecho a su vez, permitirá que se azote a Egipto con las plagas en una clara demostración de la superioridad del Dios de los hebreos por encima de las deidades egipcias. Además, la extraordinaria demostración del poderío de Dios servirá para asegurar a los hebreos que no deben temer a sus capataces, porque no obstante el desarrollo de la cultura egipcia, Dios es realmente quien guía el destino de la Humanidad y con el éxodo instruirá, incluso a las generaciones futuras, acerca de la perversidad de la esclavitud, del yugo que un pueblo impone sobre otro.

Los patriarcas fueron los antepasados del pueblo hebreo, pero quien asumió la responsabilidad mayor de formar la nación y dejó estampada por siempre su personalidad sobre este pueblo fue Moshé, el célebre legislador y libertador. Los hechos históricos más contundentes fueron el éxodo de Egipto, la entrega de la Torá en el monte Sinaí y la conquista de la Tierra Prometida. Moshé protagonizó los primeros dos episodios y sentó las bases para el tercero de ellos.

¿Cuáles fueron las características de la personalidad de Moshé? La Torá sólo relata un par de episodios de sus años formativos. Resalta el denominador común de su preocupación por la suerte del prójimo, especialmente por el débil, y una reacción visceral frente a la injusticia. Estas características se manifiestan cuando mata al capataz egipcio que golpeaba despiadadamente al esclavo hebreo, sin tomar en cuenta las posibles consecuencias sobre su persona. Defiende a unas jóvenes pastoras que desean conseguir agua para sus rebaños. ¿Dónde aprendió estas cualidades: la solidaridad con el perseguido y el compromiso ineludible con la justicia?

Aunque Moshé fue amamantado por su madre (gracias a la intervención de su hermana Miryam), la hija del faraón lo crió, fue su madre adoptiva. En el palacio del faraón aprendió a actuar y, tal vez, a pensar desde un prisma real, porque recibió la educación de un príncipe. Sin embargo, cuando salió del palacio para indagar la suerte de los hebreos, no privó en él la tipología de la nobleza real que suele permanecer imperturbable frente al sufrimiento ajeno; al contrario, la nobleza de su carácter lo condujo a arriesgar su seguridad personal en el palacio cuando sintió que era menester rescatar a una víctima hebrea.

Moshé demostró que se requiere de al menos tres elementos para el liderazgo: visión, pasión y compasión. El compromiso del líder con los valores no puede ser tibio, de medias tintas. Su actuación debe estar acompañada por la firmeza de su decisión. El líder debe actuar con entrega total, con pasión.

En el episodio del S’né, la zarza ardiente del desierto que no se consumía, Moshé se negó en un principio a cumplir la tarea que Dios le quiso imponer, porque no creía estar preparado para la misión, consideró que no poseía las cualidades indispensables para el liderazgo. Cuán diferente es el ambiente actual, donde se enseña a tener excesiva confianza en las habilidades personales. Moshé demuestra modestia, porque sabe que el liderazgo es el resultado de la confianza que otros deben depositar sobre la persona. Los jasidim son quienes convierten al letrado en su Rebe. Incluso en los momentos de mayor dificultad, frente a la negativa del faraón, quien impuso mayores limitaciones sobre los esclavos hebreos, al exigirles el mismo número de ladrillos sin ofrecer los insumos que anteriormente otorgaba, no obstante las diferentes rebeliones por el descontento del pueblo hebreo durante la larga travesía por el desierto, Moshé siempre vio con claridad cuál era la misión del pueblo, su visión nunca quedó nublada.

De acuerdo con la visión de Moshé, el objetivo se centró en el bienestar del sufrido pueblo hebreo. Probablemente desatendió su propia familia porque sus hijos no figuran luego en el desarrollo de los eventos. Todo su desempeño se dirigió a resolver los problemas del colectivo, su pueblo. La visión para actuar estaba enmarcada en la pasión, que a su vez estuvo acompañada por la compasión y la solidaridad con el prójimo.