CONCIENCIACIÓN DE LA HISTORIA

HAAZINU

Moshé utiliza el poema para expresar lo que la prosa no permite.

Es el momento antes de su muerte, hora apropiada para un paseo recordatorio de los sucesos de antaño. Instruye, Zejor yemot olam, recuerda el pasado, o tal vez los días de la eternidad, aprende de la historia para entender mejor qué es lo que Dios espera del pueblo. En Shemot se había recibido la instrucción de contar a la descendencia cuáles fueron los sucesos que ocasionaron el éxodo de Egipto. En esa ocasión, la Hagadá, el recuento será para el beneficio de los hijos de quienes salieron de Egipto, las nuevas generaciones. En esta oportunidad, Moshé considera que el contenido de la Hagadá, la memoria histórica del pueblo, no es una respuesta a una pregunta, sino la indispensable herramienta para entender el presente y poder hacer preparativos para el futuro.

Contrasta el desarrollo de la historia humana, con sus vaivenes, debilidad y fortaleza, obediencia y desobediencia, lealtad y traición, frente a la inmutable voluntad del Eterno, la Roca que dio vida a toda criatura sobre la faz de la tierra.

En un principio, Dios creó un solo hombre, Adam, pero su descendencia fue heterogénea, con marcadas diferencias de pensamientos y creencias. De allí nació la diversidad que, lamentablemente, incluyó el abandono de la fe en un solo Dios.

La respuesta Divina al yerro de la Humanidad –por apartarse de la tradición de sus ancestros al introducir una seductora idolatría– fue la creación del pueblo hebreo. Ocurrió la selección de una nación para que fuera el estandarte que sirviera de ejemplo para la humanidad. Concluyó en un Berit, un pacto con este pueblo que es inmutable, eterno.

Incluso cuando el pueblo se desvía del sendero, viene el castigo, más nunca el rompimiento. Siglos más tarde, el profeta Hoshea hará una comparación. Sugiere que la relación entre Dios y el pueblo hebreo es similar a la del esposo con la esposa. En el caso humano, cuando ocurren diferencias y disputas, el divorcio puede ser una alternativa. En el caso de Dios con el pueblo hebreo se trata de Veerastij li leolam, una relación que tiene permanencia, es por siempre.

La relación que Dios estableció con el pueblo judío incluye una correspondencia especial con la Tierra Prometida, la tierra que Moshé no conquistará. La misma tierra que el Creador había prometido a Abraham, ahora será repartida entre las doce tribus como una herencia eterna. Entre las cualidades extraordinarias de la Tierra de Israel está su poder de redención, tal como reza la Torá: Vejiper admató amó, la tierra expiará por su pueblo. Por ello, muchas personas desean ser enterradas en Israel. Como una nota personal, señalo que mi difunto padre, Harav Avram Moshé Brener, nunca llegó a pisar la tierra de Israel, pero sus restos físicos yacen en Har HaMenujot, en la entrada de Yerushaláyim.

De acuerdo con el Talmud, el entierro en Israel es tal como si el cuerpo del fallecido estuviera bajo el Mizbéaj, el altar del Beit HaMikdash, el lugar del sacrificio, elemento necesario para la obtención del perdón Divino. Por ello, Yaacov insistió: Al na tikbereni beMitsráyim, quiso asegurar que sus restos físicos serían trasladados a la tierra de los patriarcas. Incluso Yosef, que se había integrado a las filas de la monarquía egipcia, exigió ser enterrado en Israel. En efecto, según la tradición, mientras los hebreos solicitaban préstamos de enseres de los egipcios antes del éxodo, Moshé se ocupó de los restos del fallecido Yosef.

Los hebreos que consideraron a Egipto como su residencia permanente desaparecieron del mapa de la historia.

Quienes participaron en el éxodo sabían que el futuro estaba en la Tierra que Dios había prometido a los patriarcas.

Ahora, después de cuarenta años de travesía por el desierto, con el documento fundamental en la mano, la Torá con la palabra revelada de Dios y las explicaciones y enseñanzas constantes de Moshé, el gran líder carismático del pueblo, estaban preparados moral y espiritualmente para la culminación de su proyecto nacional-religioso, que sólo podía concretarse en Erets Israel.

Dios, te protegió por ello debes estarle agradecido.

Huracán Irma (South Florida) - Septiembre 2017

Screen Shot 2017-09-13 at 6.05.33 PMLa ciencia y la tecnología han hecho avances gigantezcos que explican muchos fenómenos y permiten enfrentar peligros que anteriormente eran imbatibles. Enfermedades han sido conquistadas, las rutas de los astros han sido descifradas, los procesos agrícolas han sufrido modificaciones que mejoran la calidad de los frutos de la tierra, todo está codificado y digitalizado. Pero súbita y periódicamente, la naturaleza deja de obedecer nuestras predicciones, ejerce una especie de libre albedrío para señalar que estamos lejos de dominarla, la comprendemos poco, no podemos anticiparla y por ello debemos respetarla.

Hago referencia al hecho que acabo de pasar unos días de relativa angustia en Miami con el huracán Irma cuyos amenazantes y destructivos vientos dejaron bien sentado quién lleva la batuta en el mundo. Con un diámetro que cuadruplicó el ancho de la península de Florida, Irma expulsó a millones de personas de sus hogares que tuvieron que buscar refugio, hizo destrozos por doquier y subrayó la fragilidad del ser humano
cuando enfrentado con la furia de la naturaleza. No menosprecio la preparación y respuesta de las autoridades, aplaudo las previsiones, los refugios que fueron rápidamente preparados, los voluntarios que ofrecieron sus servicios y la camaradería y sentimientos de hermandad que salieron a relucir. Hasta se podría pensar que valió la pena que se desatara una tormenta monumental para hacernos recordar que debemos protegernos y amarnos los unos a los otros. Pero por otro lado fue un despliegue de poder al cual no se lo podía poner freno, solo se podía enfrentar con resignación.

Cada calamidad resulta en un nuevo aprendizaje para confrontar peligros. Pero, no se debe olvidar que existen límites para la respuesta humana. Para algunos, la respuesta a estas situaciones debe ser, utilizarlas para comprender mejor los fenómenos naturales. Para otros destaca que estamos, en última instancia, en manos de Dios. En el caso de Irma, ¿qué causó que a último momento hubiera un giro pequeño pero muy significativo en su  dirección? ¿Quién o qué dio ese toque de timón? Tal vez la experiencia de Irma y de otros eventos de naturaleza similar debe arroparnos con humildad, pero al mismo tiempo incentivar el estudio y la investigación de estos fenómenos.  Dios nos dio la capacidad intelectual que debemos utilizar y desarrollar, pero nunca olvidar que esa habilidad tiene un origen Divino. Es Dios quien insufló las narices de Adán, el primer ser humano, con ciertas habilidades y aptitudes. O tal vez, le insufló una “Neshamá”, un alma, un elemento que lo conduce a tomar en cuenta la moral y la ética en su conducta.

Por ello debemos practicar “Veahavtá lereajá kamoja”: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. O tal vez, “Ama a tu prójimo, él es como tú”.

PACTO CON LOS PRESENTES Y LOS AUSENTES y CORREREMOS TRAS DE TÍ

Parashá NITSAVIM y VAYÉLEJ

En el transcurso de sus últimas palabras, Moshé exhorta al pueblo judío a seguir por el sendero de las mitsvot, conducir sus vidas de acuerdo a los dictámenes de la Torá. Todo ello basado en un Berit, un pacto que el pueblo hizo, un compromiso asumido sólo por los allí presentes, parados ante el Creador, sino incluso con la anuencia de los ausentes en aquel día. De esta manera, Moshé destaca que la relación del pueblo judío con Dios es una relación eterna, incluso con las generaciones futuras.

Aunque este pacto luce determinante para el destino del pueblo judío, cabe preguntar: ¿cómo se puede comprometer a quienes no están presentes? ¿Es posible acaso decidir por las generaciones que aún no han visto la luz del día? Varios exegetas deliberan acerca de esta dificultad, entre ellos Rav Yitsjak Arama, autor de Akedat Yitsjak. En efecto, argumenta Arama, este tipo de pacto no puede tener vigencia legal, porque en la tradición judía los hijos no pagan la culpa de los padres, ni los padres la culpa de los hijos. Cada quien debe asumir la responsabilidad por sus propias acciones.

Y una generación no debería poder comprometer a otra generación futura. Yitsjak Arama argumenta que la relación entre Dios y el pueblo judío no se rige por las normas de otras relaciones.

El amor de Dios por el pueblo judío no depende de la existencia material del pueblo, es un fenómeno que tiene tal vigor que su cancelación es inconcebible. Tal como una persona no puede negar su propia identidad, de la misma manera es inconcebible que el pueblo judío se separe de Dios y Sus leyes. La relación del pueblo judío con Dios forma parte del código genético de este pueblo; por lo tanto, asumir que las generaciones futuras también están obligadas por el mismo Berit es una manera alterna de describir la naturaleza intrínseca del judío.

Cuando un judío cumple la Torá no es por voluntad propia, el resultado del libre albedrío, sino que, por herencia, está condicionado para un comportamiento acorde con la mitsvá.

Rambam cuestiona el ordenamiento de Kofín otó, cuando se obliga a un esposo a divorciarse de su esposa en el caso de que el Beit Din así lo considere. Está claro que el divorcio se puede realizar únicamente de acuerdo con la voluntad del esposo. Incluso, el Beit Din de Rabenu Gershom Maor Hagolá introdujo una restricción adicional: no se puede divorciar a una mujer sin su consentimiento previo. Por ello, ¿cómo se puede convalidar un divorcio, en el caso que se obligó al esposo hacerlo?

Rambam responde sugiriendo que en el alma del esposo está el deseo de hacer lo correcto, sólo que en este caso algún sentimiento erróneo le está colocando impedimentos y dificultades. Por ello, al obligar al esposo a efectuar el divorcio, incluso bajo coerción, se está permitiendo que sus deseos más profundos salgan a relucir. Porque en última instancia, desea cumplir con la ley y la voluntad del Beit Din que representa la halajá. Al forzar al esposo a otorgar el Guet, el divorcio, se quita el obstáculo emocional que le impide hacer lo propio.

El significativo retorno de muchos miembros del pueblo judío a las tradiciones ancestrales en lo que se denomina el “movimiento de los Baalei Teshuvá” es tal vez una manifestación de ese deseo íntimo y profundo que aflora bajo circunstancias que sirven de agente catalítico para los sentimientos que siempre existieron de manera pasiva en el fuero interno de la persona.

En el Kuzarí de Yehudá HaLeví, el argumento que sustenta la fe en el Creador y la veracidad de la Torá es el hecho de que la revelación Divina no se produjo en la intimidad, no fue un hecho privado, sino un evento público; la revelación se produjo ante toda la masa del pueblo judío que había participado en el éxodo de Egipto. Ese evento alteró el contenido genético del pueblo judío y cada uno de los descendientes futuros tiene impresa sobre su alma aquella experiencia única.

De esta manera, el estudio de la Torá no es una experiencia totalmente novedosa para el judío. Aunque vea por primera vez un texto, la vivencia es tal como si volviera a un lugar que ya ha visitado en el pasado. El estudio se convierte en un repaso, porque cada judío forma parte del colectivo que estuvo presente en aquel momento histórico.

VAYÉLEJ

CORREREMOS TRAS DE TÍ

Los últimos mensajes han sido dados y ahora se implementa la transmisión de mando a Yehoshúa con la exhortación pública Jazak Veemats, “debes ser fuerte y estar preparado para la batalla”, porque la conquista de la Tierra Prometida será una prueba de la voluntad del pueblo y de su fe en Dios. Porque así como Dios participó activamente durante la travesía por el desierto para vencer a Sijón y Og, los reyes de Emor, de igual manera, el Creador estará al lado de Yehoshúa y el pueblo durante el proceso de la conquista. De acuerdo con el Talmud, Moshé escribió el texto de la Torá, capítulo por capítulo, sección por sección, durante los cuarenta años del viaje por el desierto. Ahora plasma la última entrega y entrega formalmente el texto completo a los Kohanim y a los ancianos del pueblo.

Una antigua tradición afirma que cuando Moshé adjudicó la Torá a los Kohanim, integrantes de su propia tribu –la de Leví–, el resto del pueblo protestó porque no le entregaron también una copia del documento. Manifestaron que, en el futuro, los Kohanim podrían alegar que sólo ellos recibieron la Torá. Moshé se mostró contento por la protesta, porque era una señal de que el pueblo estaba comprometido con el mensaje de la Torá. Fue entonces cuando exclamó: “Hoy se han convertido en un pueblo”, porque la Torá y el acatamiento de sus ordenanzas es la razón de existencia del pueblo hebreo.

Moshé indica que es necesario escribir el texto Veatá kitevú lajem et HaShirá hazot, una referencia al poema contenido en Haazinu, que no obstante fue interpretado por los jajamim como la obligación de escribir la Torá completa, un texto que debe incluir este poema. Esta obligación está vigente incluso en el caso en que se recibe un ejemplar de la Torá por herencia. Cada judío debe escribir una Torá. Pero dado que la mayoría no sabemos hacerlo, se puede cumplir la Mitsvá escribiendo al menos una letra de un ejemplar nuevo de la Torá.

De acuerdo con Rabí Baruj HaLeví Epstein, autor de Torá Temimá, la Mitsvá no radica en la posesión de un Séfer Torá, sino en “escribir” el texto, porque de esta manera se incrementan los ejemplares en la comunidad y un número cada vez mayor de personas podrán estudiar la Torá.

Unos capítulos atrás, Moshé había vaticinado que incluso después de la conquista puede venir el exilio que requerirá también la intervención Divina: Veshav HaShem Eloheja et shevutejá…, “Y Dios retornará tu cautiverio…”.

Muchos exégetas señalan el uso “indebido” de la palabra Veshav, porque en su lugar hubiera sido apropiada la palabra Veheshiv, “y hará retornar”. Basándose en un Midrash, los intérpretes apuntan que la Shejiná, la Presencia Divina, acompañó al pueblo durante el período de exilio. Por lo tanto, el vocablo Veshav se refiere al retorno de Dios junto con el retorno del pueblo a la tierra ancestral. Como una muestra de su misericordia, Dios se autoexila, figurativamente, como una señal de empatía por la suerte del pueblo judío.

Según Rashí, la palabra Veshav sugiere que Dios toma de la mano a cada persona que retorna a la Tierra Prometida. De esta manera, Rashí personaliza el proceso del retorno y del arrepentimiento en general, tema muy apropiado, especialmente en los días próximos a Rosh HaShaná. Aunque el imperativo acerca de no caer en la idolatría y la necesidad del retorno son advertencias colectivas, enunciadas al pueblo en su totalidad, desde cierta perspectiva, son conceptos cuyo blanco es el individuo.

Mi maestro, Harav Yosef Dov HaLeví Soloveitchik, señala que existen dos maneras para salir de una situación de Tum’á, la impureza ritual. El primero es a través de la inmersión en una Mikvé. El segundo es por intermedio de Haza’á, cuando otra persona salpica agua sobre el individuo. Mientras que en el primer caso el individuo puede actuar solo, a través de la inmersión de la totalidad de su cuerpo, en el segundo caso se necesita la colaboración de otra persona, la persona que salpica el agua. Este segundo caso está representado por la “mano” extendida de Dios, concepto implícito en el vocablo Veshav. Tal idea se repite en Shir HaShirim en el versículo: Moshjeni ajareja narutsa, “Hálame, correremos tras ti”, cuando se interpreta: “Hálame, (Dios, provee el primer impulso), (luego) correremos tras ti”.

BIKURIM Y MAASER

KI TAVÓ

El Talmud describe con abundancia de detalle cómo se realizaba la ceremonia de los Bikurim, la presentación de los primeros frutos al Kohén. La Torá encomienda los Bikurim como la primera acción que se debe efectuar después de heredar y poblar la Tierra Prometida. La gente de todos los confines de esa tierra debía reunirse en lugares predeterminados para hacer el peregrinaje a Yerushaláyim. Una vez en la ciudad sagrada, eran recibidos por los que allí residían con acompañamiento musical. Después de indagar acerca de su bienestar, los residentes de Yerushaláyim los acompañaban al Har HaBáyit, el monte sobre el cual estaba construido el Beit HaMikdash, donde ofrecerían los primeros frutos al Kohén.

¿Cómo se obtenían estos frutos? De acuerdo con el Talmud, las personas caminaban por sus respectivos campos para examinar el desarrollo del crecimiento de los frutos.

Cuando observaban un fruto maduro en un árbol, ataban una cinta al fruto exclamando: “Este fruto está destinado a Bikurim” y así sucesivamente con los higos, dátiles y demás frutos. ¿Cuál es la cantidad apropiada de frutos para esta ofrenda?

De acuerdo con la Mishná, no se asigna a la mitsvá de Bikurim una cantidad específica. Pertenece a Elu devarim sheein lahem shiur, el grupo de elementos cuya cantidad depende de la persona, de la bondad de su corazón. Así como no hay un límite prescrito para el número de visitas a un enfermo, o para la ayuda que la persona puede ofrecer para asistir a una joven para que pueda casarse, no existe una cantidad fija para este tipo de actividad o ayuda. O sea, que se podía cumplir con esta mitsvá con un monto pequeño.

La ceremonia de los Bikurim contrasta con la que se realizaba para el Maaser, el diezmo del producto de la tierra o un valor equivalente, que cada persona tenía que entregar al Leví. Además había otro diezmo que se debía consumir en Yerushaláyim y un diezmo adicional para el pobre. Durante cada seis de los siete años de un período de Shemitá, el año sabático de descanso para la tierra, se debía ofrecer dos de los mencionados diezmos anualmente. O sea, al menos un veinte por ciento de la producción agrícola. No obstante que se trataba de una cantidad significativa, en el momento de la ofrenda del Maaser no había acompañamiento musical.

La ceremonia era reservada. ¿Por qué? El examen de los dos eventos demuestra ciertas diferencias cruciales. Mientras que el Maaser era la ofrenda de un diezmo de la cosecha, o sea cuando el producto de la tierra estaba almacenado y resguardado para ser consumido durante el resto del año, Bikurim se practicaba al principio, cuando no se conocía aún cuál sería la cantidad o calidad de la cosecha. El Maaser era un aporte por lo que se había recibido. Bikurim representaba la esperanza por lo que traería el futuro. Bikurim era una demostración de fe acerca de lo que Dios proveería, una apuesta por el futuro. Bikurim es la disposición a compartir, incluso cuando aún no se ha totalizado el fruto de la tierra, mientras que Maaser tiene que ver con lo que está acumulado.

Estos capítulos son leídos durante el mes de Elul, la víspera de Rosh HaShaná. El momento en que, de manera simbólica, están abiertos los libros en los cuales se “escribirá” quién vivirá y quién morirá, quién gozará de salud y quién enfermará. Para ser inscritos apropiadamente se necesita méritos, una cosecha de buenas acciones, generosidad y solidaridad con el prójimo.

Pero sobre todo, Rosh HaShaná es incertidumbre y esperanza acerca del mañana. Una especie de Bikurim que es la práctica de la ofrenda, incluso cuando se desconoce lo que el futuro presentará. Es un acto de fe sobre la bondad Divina, del Dios dispuesto a perdonar los deslices del pasado, que apuesta por una mejora en el comportamiento futuro de la persona.

El Maaser y los Bikurim no tienen la misma vigencia en la actualidad porque no se ha reconstruido el Beit HaMikdash.

Sin embargo, son instructivos que deben servir de ejemplo para la conducta humana. Muchas personas apartan una décima parte de sus ingresos para Tsedaká, la ayuda al prójimo y a la comunidad que le otorga la posibilidad de educar a sus hijos, que provee las herramientas e instituciones para el desarrollo de una vida de acuerdo con las mitsvot de la Torá, tal como las interpretaron los jajamim, cuyas opiniones fueron recogidas en el Talmud.

LA FE QUE SE MANIFIESTA EN LA ACCIÓN

Parashá KI TETSÉ

Densos con los detalles de leyes fundamentales, nuestros capítulos empiezan señalando cuál es el comportamiento requerido con las mujeres del enemigo que ha sido vencido.

Al mismo tiempo la Torá exige que no se dé un trato preferencial a la esposa más querida por encima de una segunda esposa. Se debe recordar que la Torá concibe la posibilidad que un hombre tenga más de una esposa, aunque el Talmud no reseña ningún caso de que alguno de los Tanaim o Amoraim, los sabios de la época, tuviera más de una esposa.

Durante el siglo X, el Beit Din de Rabenu Guershom Maor HaGolá, formalizó la prohibición que impide tener más de una esposa. Esta Guezerá (edicto) fue aceptada por el mundo ashkenazí. Con el establecimiento del Estado de Israel, la inmigración de judíos del Yemen evidenció la presencia de familias en las cuales algunos hombres tenían más de una esposa. El Estado aceptó situación presente, pero prohibió que se añadiera nuevas esposas, porque la monogamia era la ley de la nación.

La Torá hace un listado de diferentes engaños y yerros que pueden ocurrir en el estado matrimonial, incluyendo la disposición que contempla el divorcio. La severa prohibición contra el secuestro es seguida por la exhortación de escuchar las enseñanzas de los miembros de la tribu de Leví, quienes eran los maestros del pueblo. El pobre y la viuda son igualmente motivo de preocupación y se propone varias vías para socorrerlos.

La honradez y la justicia se expresan claramente cuando la Torá advierte que es primordial dar el peso correcto.

Mientras que algunas personas engañan a otros a través con dos tipos de pesas, versión antigua de mantener en el comercio dos libros diferentes de contabilidad, nuestros capítulos lo prohíben de manera terminante. Incluso la longevidad en este mundo es una función de la honradez, de acuerdo con la Torá. Porque la fe tiene que manifestarse también a través de la acción.

Finalmente, la Torá recuerda que se debe “borrar” la memoria de Amalek, el enemigo ejemplar del pueblo hebreo. De acuerdo con el Midrash, la razón de mencionar a Amalek inmediatamente después de exhortar acerca de la decepción a través de pesas falsas, implica que esta inmoralidad provoca la ira del Señor que se expresa por la agresión de los gentiles en contra del pueblo hebreo de esa generación.

Una explicación alterna sostiene que el engaño con la pesa es la manifestación de una falta de temor por Dios que reconoce el embuste. La falta de temor por Dios será sustituida entonces por el temor hacia el enemigo terrenal: Amalek.

¿Cuál es una característica básica de Amalek? La ausencia del temor por Dios. Por lo tanto, quien utiliza una pesa falsa se identifica con la falta de ese valor esencial: el temor por Dios.

El poder que Amalek puede ejercer sobre Israel está en relación inversa al comportamiento del pueblo hebreo, a su apego a las virtudes y a la Palabra del Señor. Amalek se torna vulnerable cuando Israel sigue el sendero de Dios. O sea que el “temor por Dios” tiene que manifestarse de manera concreta a través de la conducta en todos los campos, incluso en la empresa comercial al utilizar la pesa correcta.

Amalek sólo puede vencer cuando existe una dicotomía, una separación entre fe y acción, cuando el “temor por Dios” no se traduce en una actitud moral en la relación con el prójimo. El Midrash afirma que Dios pudo distinguir entre los primogénitos de los hebreos y de los egipcios por las pesas que utilizaban. Una pesa correcta definía al hogar hebreo.

Una de las tareas del pueblo hebreo al salir de Egipto era enseñar a la Humanidad que era necesario poner en la práctica el ideal sublime de la fe en Dios, el cual no podía permanecer en el mundo de la filosofía, la teología y la especulación intelectual. La fe debía tener una aplicación en la vida cotidiana, tal como la transparencia y autenticidad en el comercio. En cambio, Amalek representa la tentación de separar entre el ideal y la práctica, la fe y el comportamiento cotidiano. “Darle al César lo que es del César y lo que es de Dios a Dios” es un principio traicionero que tolera el engaño bajo el manto de una religión.

Incluso bajo la norma contemporánea de la separación entre el Estado y la religión, los principios morales que subyacen en la civilización humana deben tener vigencia y pertinencia en el comportamiento de la persona. Porque la calle también necesita un soporte ético que se alimenta de las experiencias de la Humanidad, que incluyen el encuentro con Dios, la epifanía en el monte Sinaí donde se escucharon las Diez Palabras que son la base para la convivencia y la fraternidad entre los hombres.