UN ARAMEO ERRANTE FUE MI PADRE

KI TAVÓ_DEUTERONOMIO XXVI – XXIX,8

Una vez asentados en Israel, Moshé instruye a nuestros antepasados con respecto a sus obligaciones, a pesar de que él no los conducirá a la conquista de la tierra prometida. La primera de estas Mitsvot tiene relación con los Bikurim que son los primeros frutos (de las siete especies que caracterizan a la Tierra de Israel) que deben ser ofrecidos al Kohén en el lugar elegido por Dios. La entrega de estos frutos está acompañada por un sipur, la recitación de varios versículos de nuestro texto que destacan que la Providencia condujo nuestro destino desde el momento en que el patriarca Yaacov descendió a Egipto hasta el momento de la conquista.

Después de varios siglos de esclavitud y de una travesía nómada por el desierto, el pueblo estaba ansioso de labrar las nuevas tierras para poder alimentarse con el fruto de sus esfuerzos. Al igual que todo campesino, anticipaban intensamente la oportunidad de saborear los frutos que habían producido con su trabajo. Pero la Torá les exige que los primeros frutos destinen al culto religioso. La enseñanza es clara. El hombre tiene que reconocer que Dios, a través de la naturaleza, es quien hace crecer al fruto. El hombre ara, siembra y riega, pero para poder cosechar se requiere del vigor y de la posibilidad de reproducirse que la tierra le otorga a la semilla, todo lo que proviene de Dios.

La Torá no estipula la cantidad de frutos que deben ser presentadas al Kohén en una cesta en el momento de los mencionados Bikurim. El Kohén podía retener la cesta si estaba confeccionada de mimbre, pero si era de algún metal debía devolverla al donante. El Talmud sugiere una cantidad mínima de frutas correspondiente a una sesentava parte del producto total. Rambam, basándose en el Talmud, describe el proceso de la selección de los primeros frutos. Al entrar al huerto, dice Rambam, se inspeccionan los árboles y se amarra una cinta sobre los primeros frutos, (incluso si todavía no están maduros), separándolos de esta manera para que formen parte de los Bikurim. Uno mismo debe traer los Bikurim a Yerushaláyim y no enviarlos a través de un mensajero. El Kohén que recibía los Bikurim, podía consumirlos únicamente en Yerushaláyim.

La tradición consiste en colocar la cesta sobre el hombro y según la Mishná, hasta el mismo rey Agripas lo hizo, cargando él mismo los Bikurim una vez en el Har haBáyit, el Monte del Templo, hasta la azará, el interior del Beit HaMikdash. En aquel momento los Leviyim entonaban el canto de las palabras del salmo, Aromimejá HaShem ki dilitani…, “te ensalzaré, Eterno, porque Tú me has sostenido y no toleraste que mis enemigos se regocijaran de mi”. La cesta era presentada al Kohén al mismo tiempo que se repetían unos versículos de nuestro texto a los cuales Rambam denomina Vidui, que quiere decir confesión. Este Vidui debía recitarse en hebreo y a su conclusión se colocaba la cesta al lado del Mizbéaj, que es el altar.

En cambio, Shemá Israel, que es la afirmación básica de nuestra fe, puede ser recitada en cualquier idioma. Porque lo más importante es entender la idea contenida en Shemá Israel. Lo esencial es comprender el alcance intelectual de la afirmación de la existencia de un solo Dios. Pero, en el caso de los Bikurim, hay un ceremonial esplendoroso y la misma entrega de los frutos al Kohén contiene el mensaje esencial de que nuestros esfuerzos son vanos sin la Divina Providencia. En un principio, quienes conocían bien el texto que acompaña a los Bikurim, lo recitaban de memoria, y los que no lo sabían, escuchaban su lectura. Pero dado que las personas que no conocían bien las palabras textuales empezaron a abstenerse de presentar los Bikurim, los Jajamim instituyeron que el texto original fuera leído en voz alta para todos, sin distinción alguna.

La Torá ordena que, para la ceremonia de los Bikurim, Veanita veamartá, deba alzarse la voz y recitar, Aramí oved aví, recordando que nuestro patriarca Yaacov había sido un arameo errante antes de bajar a Egipto. Durante el yugo egipcio, Dios escucha nuestro lamento y se hace eco de nuestro sufrimiento. Dios nos saca de la esclavitud y nos trae a la tierra donde fluye la leche y la miel. Y he aquí los Bikurim, los primeros frutos obtenidos gracias a la bondad Divina que constituyen motivo de regocijo y de alegría.

Como consecuencia del episodio de los Meraglim, los espías, todos los que habían llegado a la mayoría de edad en Egipto, perecen en el desierto y, por lo tanto, no participan en la conquista de la tierra. Los que ahora se encargan de presentar los Bikurim son sus descendientes o aquellos que habían sido menores de edad en el momento de la salida de Egipto. El éxodo era entonces un hecho reciente en la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, nuestros Jajamim insisten en que las instrucciones de la Torá son válidas para todas las épocas y el texto original se debe repetir. 

Siglos después, cada uno se presentará delante del Kohén recitando igualmente, Aramí oved aví…, vayareu otanu hamitsrim vayaanunu,  “Un arameo errante era mi padre…, pero los egipcios nos maltrataron”. Esta afirmación implica que aún persiste, en cada persona, el sentimiento de haber sido maltratado por los egipcios, no obstante, los muchos siglos que nos separan de esa época. De manera similar, Moshé Rabenu afirma en un capítulo anterior Lo et avotenu karat HaShem et haberit hazot…, que quiere decir, no (sólo) con nuestros padres concertó este pacto (en el Monte Sinaí) sino (también) con nosotros, que estamos vivos aquí y ahora.

La noche del séder, recitamos en la Hagadá, Jayav adam lirot et atsmó keilu hu yatsá mimitsráyim, que quiere decir que cada uno debe considerar como si él mismo hubiese participado en el éxodo de Egipto. Hacemos un salto y nos ubicamos en el lugar y en la época de nuestros antepasados en Egipto. 

En efecto, recitamos estos mismos versículos de nuestro texto semanal y abundamos en detalles adicionales, para señalar que Yetsiat mitsráyim es un hecho inseparable de nuestra formación y nacionalidad. Yetsiat mitsráyim da testimonio de la intervención de Dios en la historia y de Su respuesta a nuestras súplicas. Sí existe Quien responde a las plegarias y sí existe, Quien se interesa por los oprimidos. Especialmente en los momentos cuando sentimos la aparente ausencia de la divinidad, Yetsiat mitsráyim afirma que en el momento oportuno se da la intervención Divina.

La historia (religiosa e ideológica) del pueblo judío no consiste en un análisis de hechos y de pensamientos que pertenecen al pasado y que tienen posible influencia sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro. Nuestra historia pasada es parte integral de nuestro presente. Los tiempos verbales no están claramente definidos en la gramática del idioma hebreo. Tal como Ein mukdam umeujar baTorá, que quiere decir que el relato de la Torá no sigue un orden cronológico, en cierto sentido los sucesos que, en diferentes épocas, les acaecieron a nuestros antepasados son actuales y forman parte de nuestro presente.

Nunca permitimos que Israel perteneciera exclusivamente al relato de las hazañas de otros tiempos. En todo momento, Erets Israel era parte integral de nuestras discusiones y estudios, de nuestros escritos y oraciones. Elevamos nuestras plegarias por la lluvia en Sheminí Atséret durante el largo exilio de casi dos mil años en el momento que ésta era necesaria para Israel, al igual que lo hubiéramos hecho de haber residido entonces sobre la Tierra Prometida. 

El exilio fue un hecho físico real. Pero idealmente, nunca abandonamos esa tierra. Por lo tanto, el retorno en nuestro tiempo a Israel no exigió ajustes emocionales trascendentales para el judío y tampoco se hizo necesario un período de consolidación social y política lo que para otros pueblos suele ser una realidad en la etapa inicial de su formación nacional independiente.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 3 MITSVOT POSITIVAS Y 3 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 26:5 Recitar una declaración al traer los primeros frutos al Templo
  2. Deuteronomio 26:13 Recitar una declaración al traer el diezmo al Templo
  3. Deuteronomio 26:13 No ingerir el Segundo Diezmo en un estado de luto
  4. Deuteronomio 26:14 No ingerir el Segundo Diezmo mientras en estado de impureza ritual
  5. Deuteronomio 26:14 No gastar el dinero para alimento y bebida por el cual se ha canjeado el Segundo Diezmo
  6. Deuteronomio 28:9 Imitar los caminos de Dios cumpliendo Sus Mandamientos

UN ARAMEO ERRANTE FUE MI PADRE

KI TAVÓ_DEUTERONOMIO XXVI – XXIX,8

Una vez asentados en Israel, Moshé instruye a nuestros antepasados con respecto a sus obligaciones, a pesar de que él no los conducirá a la conquista de la tierra prometida. La primera de estas Mitsvot tiene relación con los Bikurim que son los primeros frutos (de las siete especies que caracterizan a la Tierra de Israel) que deben ser ofrecidos al Kohén en el lugar elegido por Dios. La entrega de estos frutos está acompañada por un sipur, la recitación de varios versículos de nuestro texto que destacan que la Providencia condujo nuestro destino desde el momento en que el patriarca Yaacov descendió a Egipto hasta el momento de la conquista.

Después de varios siglos de esclavitud y de una travesía nómada por el desierto, el pueblo estaba ansioso de labrar las nuevas tierras para poder alimentarse con el fruto de sus esfuerzos. Al igual que todo campesino, anticipaban intensamente la oportunidad de saborear los frutos que habían producido con su trabajo. Pero la Torá les exige que los primeros frutos destinen al culto religioso. La enseñanza es clara. El hombre tiene que reconocer que Dios, a través de la naturaleza, es quien hace crecer al fruto. El hombre ara, siembra y riega, pero para poder cosechar se requiere del vigor y de la posibilidad de reproducirse que la tierra le otorga a la semilla, todo lo que proviene de Dios.

La Torá no estipula la cantidad de frutos que deben ser presentadas al Kohén en una cesta en el momento de los mencionados Bikurim. El Kohén podía retener la cesta si estaba confeccionada de mimbre, pero si era de algún metal debía devolverla al donante. El Talmud sugiere una cantidad mínima de frutas correspondiente a una sesentava parte del producto total. Rambam, basándose en el Talmud, describe el proceso de la selección de los primeros frutos. Al entrar al huerto, dice Rambam, se inspeccionan los árboles y se amarra una cinta sobre los primeros frutos, (incluso si todavía no están maduros), separándolos de esta manera para que formen parte de los Bikurim. Uno mismo debe traer los Bikurim a Yerushaláyim y no enviarlos a través de un mensajero. El Kohén que recibía los Bikurim, podía consumirlos únicamente en Yerushaláyim.

La tradición consiste en colocar la cesta sobre el hombro y según la Mishná, hasta el mismo rey Agripas lo hizo, cargando él mismo los Bikurim una vez en el Har haBáyit, el Monte del Templo, hasta la azará, el interior del Beit HaMikdash. En aquel momento los Leviyim entonaban el canto de las palabras del salmo, Aromimejá HaShem ki dilitani…, “te ensalzaré, Eterno, porque Tú me has sostenido y no toleraste que mis enemigos se regocijaran de mi”. La cesta era presentada al Kohén al mismo tiempo que se repetían unos versículos de nuestro texto a los cuales Rambam denomina Vidui, que quiere decir confesión. Este Vidui debía recitarse en hebreo y a su conclusión se colocaba la cesta al lado del Mizbéaj, que es el altar.

En cambio, Shemá Israel, que es la afirmación básica de nuestra fe, puede ser recitada en cualquier idioma. Porque lo más importante es entender la idea contenida en Shemá Israel. Lo esencial es comprender el alcance intelectual de la afirmación de la existencia de un solo Dios. Pero, en el caso de los Bikurim, hay un ceremonial esplendoroso y la misma entrega de los frutos al Kohén contiene el mensaje esencial de que nuestros esfuerzos son vanos sin la Divina Providencia. En un principio, quienes conocían bien el texto que acompaña a los Bikurim, lo recitaban de memoria, y los que no lo sabían, escuchaban su lectura. Pero dado que las personas que no conocían bien las palabras textuales empezaron a abstenerse de presentar los Bikurim, los Jajamim instituyeron que el texto original fuera leído en voz alta para todos, sin distinción alguna.

La Torá ordena que, para la ceremonia de los Bikurim, Veanita veamartá, deba alzarse la voz y recitar, Aramí oved aví, recordando que nuestro patriarca Yaacov había sido un arameo errante antes de bajar a Egipto. Durante el yugo egipcio, Dios escucha nuestro lamento y se hace eco de nuestro sufrimiento. Dios nos saca de la esclavitud y nos trae a la tierra donde fluye la leche y la miel. Y he aquí los Bikurim, los primeros frutos obtenidos gracias a la bondad Divina que constituyen motivo de regocijo y de alegría.

Como consecuencia del episodio de los Meraglim, los espías, todos los que habían llegado a la mayoría de edad en Egipto, perecen en el desierto y, por lo tanto, no participan en la conquista de la tierra. Los que ahora se encargan de presentar los Bikurim son sus descendientes o aquellos que habían sido menores de edad en el momento de la salida de Egipto. El éxodo era entonces un hecho reciente en la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, nuestros Jajamim insisten en que las instrucciones de la Torá son válidas para todas las épocas y el texto original se debe repetir. 

Siglos después, cada uno se presentará delante del Kohén recitando igualmente, Aramí oved aví…, vayareu otanu hamitsrim vayaanunu,  “Un arameo errante era mi padre…, pero los egipcios nos maltrataron”. Esta afirmación implica que aún persiste, en cada persona, el sentimiento de haber sido maltratado por los egipcios, no obstante, los muchos siglos que nos separan de esa época. De manera similar, Moshé Rabenu afirma en un capítulo anterior Lo et avotenu karat HaShem et haberit hazot…, que quiere decir, no (sólo) con nuestros padres concertó este pacto (en el Monte Sinaí) sino (también) con nosotros, que estamos vivos aquí y ahora.

La noche del séder, recitamos en la Hagadá, Jayav adam lirot et atsmó keilu hu yatsá mimitsráyim, que quiere decir que cada uno debe considerar como si él mismo hubiese participado en el éxodo de Egipto. Hacemos un salto y nos ubicamos en el lugar y en la época de nuestros antepasados en Egipto. 

En efecto, recitamos estos mismos versículos de nuestro texto semanal y abundamos en detalles adicionales, para señalar que Yetsiat mitsráyim es un hecho inseparable de nuestra formación y nacionalidad. Yetsiat mitsráyim da testimonio de la intervención de Dios en la historia y de Su respuesta a nuestras súplicas. Sí existe Quien responde a las plegarias y sí existe, Quien se interesa por los oprimidos. Especialmente en los momentos cuando sentimos la aparente ausencia de la divinidad, Yetsiat mitsráyim afirma que en el momento oportuno se da la intervención Divina.

La historia (religiosa e ideológica) del pueblo judío no consiste en un análisis de hechos y de pensamientos que pertenecen al pasado y que tienen posible influencia sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro. Nuestra historia pasada es parte integral de nuestro presente. Los tiempos verbales no están claramente definidos en la gramática del idioma hebreo. Tal como Ein mukdam umeujar baTorá, que quiere decir que el relato de la Torá no sigue un orden cronológico, en cierto sentido los sucesos que, en diferentes épocas, les acaecieron a nuestros antepasados son actuales y forman parte de nuestro presente.

Nunca permitimos que Israel perteneciera exclusivamente al relato de las hazañas de otros tiempos. En todo momento, Erets Israel era parte integral de nuestras discusiones y estudios, de nuestros escritos y oraciones. Elevamos nuestras plegarias por la lluvia en Sheminí Atséret durante el largo exilio de casi dos mil años en el momento que ésta era necesaria para Israel, al igual que lo hubiéramos hecho de haber residido entonces sobre la Tierra Prometida. 

El exilio fue un hecho físico real. Pero idealmente, nunca abandonamos esa tierra. Por lo tanto, el retorno en nuestro tiempo a Israel no exigió ajustes emocionales trascendentales para el judío y tampoco se hizo necesario un período de consolidación social y política lo que para otros pueblos suele ser una realidad en la etapa inicial de su formación nacional independiente.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 3 MITSVOT POSITIVAS Y 3 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 26:5 Recitar una declaración al traer los primeros frutos al Templo
  2. Deuteronomio 26:13 Recitar una declaración al traer el diezmo al Templo
  3. Deuteronomio 26:13 No ingerir el Segundo Diezmo en un estado de luto
  4. Deuteronomio 26:14 No ingerir el Segundo Diezmo mientras en estado de impureza ritual
  5. Deuteronomio 26:14 No gastar el dinero para alimento y bebida por el cual se ha canjeado el Segundo Diezmo
  6. Deuteronomio 28:9 Imitar los caminos de Dios cumpliendo Sus Mandamientos

UN ARAMEO ERRANTE FUE MI PADRE

KI TAVÓ_DEUTERONOMIO XXVI – XXIX,8

Una vez asentados en Israel, Moshé instruye a nuestros antepasados con respecto a sus obligaciones, a pesar de que él no los conducirá a la conquista de la tierra prometida. La primera de estas Mitsvot tiene relación con los Bikurim que son los primeros frutos (de las siete especies que caracterizan a la Tierra de Israel) que deben ser ofrecidos al Kohén en el lugar elegido por Dios. La entrega de estos frutos está acompañada por un sipur, la recitación de varios versículos de nuestro texto que destacan que la Providencia condujo nuestro destino desde el momento en que el patriarca Yaacov descendió a Egipto hasta el momento de la conquista.

Después de varios siglos de esclavitud y de una travesía nómada por el desierto, el pueblo estaba ansioso de labrar las nuevas tierras para poder alimentarse con el fruto de sus esfuerzos. Al igual que todo campesino, anticipaban intensamente la oportunidad de saborear los frutos que habían producido con su trabajo. Pero la Torá les exige que los primeros frutos destinen al culto religioso. La enseñanza es clara. El hombre tiene que reconocer que Dios, a través de la naturaleza, es quien hace crecer al fruto. El hombre ara, siembra y riega, pero para poder cosechar se requiere del vigor y de la posibilidad de reproducirse que la tierra le otorga a la semilla, todo lo que proviene de Dios.

La Torá no estipula la cantidad de frutos que deben ser presentadas al Kohén en una cesta en el momento de los mencionados Bikurim. El Kohén podía retener la cesta si estaba confeccionada de mimbre, pero si era de algún metal debía devolverla al donante. El Talmud sugiere una cantidad mínima de frutas correspondiente a una sesentava parte del producto total. Rambam, basándose en el Talmud, describe el proceso de la selección de los primeros frutos. Al entrar al huerto, dice Rambam, se inspeccionan los árboles y se amarra una cinta sobre los primeros frutos, (incluso si todavía no están maduros), separándolos de esta manera para que formen parte de los Bikurim. Uno mismo debe traer los Bikurim a Yerushaláyim y no enviarlos a través de un mensajero. El Kohén que recibía los Bikurim, podía consumirlos únicamente en Yerushaláyim.

La tradición consiste en colocar la cesta sobre el hombro y según la Mishná, hasta el mismo rey Agripas lo hizo, cargando él mismo los Bikurim una vez en el Har haBáyit, el Monte del Templo, hasta la azará, el interior del Beit HaMikdash. En aquel momento los Leviyim entonaban el canto de las palabras del salmo, Aromimejá HaShem ki dilitani…, “te ensalzaré, Eterno, porque Tú me has sostenido y no toleraste que mis enemigos se regocijaran de mi”. La cesta era presentada al Kohén al mismo tiempo que se repetían unos versículos de nuestro texto a los cuales Rambam denomina Vidui, que quiere decir confesión. Este Vidui debía recitarse en hebreo y a su conclusión se colocaba la cesta al lado del Mizbéaj, que es el altar.

En cambio, Shemá Israel, que es la afirmación básica de nuestra fe, puede ser recitada en cualquier idioma. Porque lo más importante es entender la idea contenida en Shemá Israel. Lo esencial es comprender el alcance intelectual de la afirmación de la existencia de un solo Dios. Pero, en el caso de los Bikurim, hay un ceremonial esplendoroso y la misma entrega de los frutos al Kohén contiene el mensaje esencial de que nuestros esfuerzos son vanos sin la Divina Providencia. En un principio, quienes conocían bien el texto que acompaña a los Bikurim, lo recitaban de memoria, y los que no lo sabían, escuchaban su lectura. Pero dado que las personas que no conocían bien las palabras textuales empezaron a abstenerse de presentar los Bikurim, los Jajamim instituyeron que el texto original fuera leído en voz alta para todos, sin distinción alguna.

La Torá ordena que, para la ceremonia de los Bikurim, Veanita veamartá, deba alzarse la voz y recitar, Aramí oved aví, recordando que nuestro patriarca Yaacov había sido un arameo errante antes de bajar a Egipto. Durante el yugo egipcio, Dios escucha nuestro lamento y se hace eco de nuestro sufrimiento. Dios nos saca de la esclavitud y nos trae a la tierra donde fluye la leche y la miel. Y he aquí los Bikurim, los primeros frutos obtenidos gracias a la bondad Divina que constituyen motivo de regocijo y de alegría.

Como consecuencia del episodio de los Meraglim, los espías, todos los que habían llegado a la mayoría de edad en Egipto, perecen en el desierto y, por lo tanto, no participan en la conquista de la tierra. Los que ahora se encargan de presentar los Bikurim son sus descendientes o aquellos que habían sido menores de edad en el momento de la salida de Egipto. El éxodo era entonces un hecho reciente en la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, nuestros Jajamim insisten en que las instrucciones de la Torá son válidas para todas las épocas y el texto original se debe repetir. 

Siglos después, cada uno se presentará delante del Kohén recitando igualmente, Aramí oved aví…, vayareu otanu hamitsrim vayaanunu,  “Un arameo errante era mi padre…, pero los egipcios nos maltrataron”. Esta afirmación implica que aún persiste, en cada persona, el sentimiento de haber sido maltratado por los egipcios, no obstante, los muchos siglos que nos separan de esa época. De manera similar, Moshé Rabenu afirma en un capítulo anterior Lo et avotenu karat HaShem et haberit hazot…, que quiere decir, no (sólo) con nuestros padres concertó este pacto (en el Monte Sinaí) sino (también) con nosotros, que estamos vivos aquí y ahora.

La noche del séder, recitamos en la Hagadá, Jayav adam lirot et atsmó keilu hu yatsá mimitsráyim, que quiere decir que cada uno debe considerar como si él mismo hubiese participado en el éxodo de Egipto. Hacemos un salto y nos ubicamos en el lugar y en la época de nuestros antepasados en Egipto. 

En efecto, recitamos estos mismos versículos de nuestro texto semanal y abundamos en detalles adicionales, para señalar que Yetsiat mitsráyim es un hecho inseparable de nuestra formación y nacionalidad. Yetsiat mitsráyim da testimonio de la intervención de Dios en la historia y de Su respuesta a nuestras súplicas. Sí existe Quien responde a las plegarias y sí existe, Quien se interesa por los oprimidos. Especialmente en los momentos cuando sentimos la aparente ausencia de la divinidad, Yetsiat mitsráyim afirma que en el momento oportuno se da la intervención Divina.

La historia (religiosa e ideológica) del pueblo judío no consiste en un análisis de hechos y de pensamientos que pertenecen al pasado y que tienen posible influencia sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro. Nuestra historia pasada es parte integral de nuestro presente. Los tiempos verbales no están claramente definidos en la gramática del idioma hebreo. Tal como Ein mukdam umeujar baTorá, que quiere decir que el relato de la Torá no sigue un orden cronológico, en cierto sentido los sucesos que, en diferentes épocas, les acaecieron a nuestros antepasados son actuales y forman parte de nuestro presente.

Nunca permitimos que Israel perteneciera exclusivamente al relato de las hazañas de otros tiempos. En todo momento, Erets Israel era parte integral de nuestras discusiones y estudios, de nuestros escritos y oraciones. Elevamos nuestras plegarias por la lluvia en Sheminí Atséret durante el largo exilio de casi dos mil años en el momento que ésta era necesaria para Israel, al igual que lo hubiéramos hecho de haber residido entonces sobre la Tierra Prometida. 

El exilio fue un hecho físico real. Pero idealmente, nunca abandonamos esa tierra. Por lo tanto, el retorno en nuestro tiempo a Israel no exigió ajustes emocionales trascendentales para el judío y tampoco se hizo necesario un período de consolidación social y política lo que para otros pueblos suele ser una realidad en la etapa inicial de su formación nacional independiente.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 3 MITSVOT POSITIVAS Y 3 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 26:5 Recitar una declaración al traer los primeros frutos al Templo
  2. Deuteronomio 26:13 Recitar una declaración al traer el diezmo al Templo
  3. Deuteronomio 26:13 No ingerir el Segundo Diezmo en un estado de luto
  4. Deuteronomio 26:14 No ingerir el Segundo Diezmo mientras en estado de impureza ritual
  5. Deuteronomio 26:14 No gastar el dinero para alimento y bebida por el cual se ha canjeado el Segundo Diezmo
  6. Deuteronomio 28:9 Imitar los caminos de Dios cumpliendo Sus Mandamientos

LA GUERRA Y LA PAZ EN LA PERSPECTIVA BÍBLICA

KI TETSÉ_DEUTERONOMIO XXI,10 – XXV

El tema primario de nuestra lectura semanal es el de las guerras que invariablemente ocurren periódicamente. En particular, nuestra generación a la que ha tocado ser testigo del exterminio de una tercera parte del pueblo judío, los horrores de Bosnia, y del África Central conoce el sufrimiento y la desesperación, la crueldad y la inhumanidad que son el resultado de la guerra. Porque ein báyit asher ein bo met, no existe hogar judío que no haya sufrido en carne propia el Holocausto que los nazis cometieron. 

Por lo tanto, una de las características esenciales de la era mesiánica, que es sinónimo de armonía y de convivencia, de entendimiento y de amor entre los seres humanos, es la ausencia de conflictos bélicos. Estas son las palabras del profeta Yeshayahu: Vehayá beajarit hayamim…, vejitetú jarvotam leitim vajaninotehem lemazmerot, lo yisá goi el goi jérev veló yilmedú od miljamá; que quiere decir, “y ocurrirá al fin de los días…, y convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en hoces, ninguna nación levantará espada contra otra nación, ni aprenderán más la guerra”. En nuestros días, que son anteriores a esta era mesiánica, debemos estudiar el texto bíblico que contiene una serie de ordenanzas cuyo objetivo es el de mitigar el drama de toda guerra.

La conquista inicial de la tierra de Canaán se lleva a cabo luchando y derramando sangre. En la tradición judía estas guerras se ubican bajo el rubro de Miljémet mitsvá, un concepto que se puede traducir como el de una guerra ordenada por la Divinidad en el primer período de nuestra historia colectiva. Desde luego que la noción de una guerra sancionada u ordenada por Dios colide con una de nuestras ideas básicas sobre la deidad. 

El texto de la bendición de los Kohanim, por ejemplo, concluye implorando que Dios nos otorgue la paz. La palabra Shalom que significa paz, es utilizada para el saludo diario destacando de esta manera nuestro anhelo constante de armonía y tranquilidad. La fe auténtica en Dios debe resultar en una especie de paz interna. En fin, no podemos concebir al Creador sin que ello implique a la noción de paz. En el Kadish, que se ha transformado en una oración por los fallecidos, afirmamos, Osé shalom bimeromav, Hu yaasé shalom alenu, que quiere decir, “Quien hace la paz en las alturas, El nos otorgará la paz (en la tierra)”.

En busca de respuesta a la dificultad planteada, podemos subrayar que el momento histórico al cual hacemos referencia, se caracteriza por los sacrificios humanos y las más grandes aberraciones en el comportamiento social. Por lo tanto, los efectos de la conquista pueden considerarse como un castigo para los pueblos conquistados. Sin embargo, se puede señalar que había opciones diferentes. Posiblemente, el camino a seguir debía haber sido el didáctico. En lugar de exterminar a los residentes de la tierra prometida de Canaán, existía la opción de que nuestros antepasados les enseñaran la verdad descubierta por el patriarca Avraham

Está claro, por ejemplo, que los Aséret hadibrot, que son los Diez Mandamientos, podían haber sido utilizados para diseminar una nueva ley moral en esas tierras. Otra posibilidad podía haber sido la insistencia en el cumplimiento de las Sheva mitsvot debenei Nóaj, que son las siete leyes básicas de la época de Nóaj. De esta manera, los residentes de Canaán se hubieran podido incorporar a la gran familia monoteísta que se estaba creando en el seno de la humanidad. Pero existía el enorme peligro que el pueblo judío también pudiera sucumbir a la idolatría.

Las investigaciones científicas de la historia y de la arqueología nos llevan a la conclusión de que en el pasado hubo personajes extraordinarios que concibieron la noción de un solo Dios. El célebre Faraón Ikhnaton, por ejemplo, era esencialmente monoteísta. No obstante, ninguno de estos descubrimientos religiosos sobrevivió en la sociedad. Fueron intentos fugaces, destellos de luz que se consumen instantáneamente. Su corta duración se deba, tal vez, al hecho de que aparecen en medio del politeísmo reinante y no pueden resistir ni a su embate constante ni al reto del facilismo y del placer característico de la idolatría. 

Es curioso observar que el politeísmo se distingue por su tolerancia. Los griegos que concentraron a sus múltiples dioses en el Monte Olimpo podían concebir la existencia de deidades adicionales. Por tanto, cuando conquistaban tierras nuevas, acostumbraban a rendir homenaje a la deidad local, porque consideraban que éste los había ayudado en su victoria. En cambio, el monoteísmo, es muy celoso. No permite que el Dios único otorgue espacio vital alguno a otro dios. Existe un solo Dios y nadie más.

Es muy probable que el judaísmo también hubiera sucumbido ante la idolatría que reinaba por doquier. La historia nos enseña que durante el período del primer Beit HaMikdash, el Templo de Jerusalem, la idolatría y su concomitante casta sacerdotal a veces se involucraban en ritos ajenos, lo que constituía un problema fundamental para el desarrollo espiritual de nuestro pueblo. Por lo tanto, era necesario erradicar, en lo posible, todo vestigio de la atractiva y contagiosa idolatría que fomenta la licencia sexual y la ciega embriaguez religiosa.

Además de la mencionada guerra de conquista de la Tierra Prometida, nuestra tradición considera dos tipos adicionales de guerra. En el caso de agresión externa se debe responder con miljémet jová, que quiere decir una guerra obligada. El Mélej, que es el rey de Israel, no requiere del consentimiento de ningún cuerpo deliberante para enfrentar una agresión bélica de esta naturaleza. En cambio, en el caso de Miljémet reshut, que hace referencia a una guerra optativa cuyo propósito sea el de agrandar los límites del país, se necesita la aprobación previa del Sanhedrín, el cuerpo de setentiún notables religiosos. 

Después las fuerzas armadas deben ser informadas sobre el propósito de la guerra. (En el período de la guerra de Vietnam, nos encontramos con el hecho que la nación norteamericana desconocía al propósito y el alcance del conflicto. Esta fue una de las razones por las que el gobierno no obtuvo el apoyo mayoritario de su pueblo). Nuestro texto inicial que reza, Ki tetsé lamiljamá al oiveja, quiere decir que cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, argumenta para que nuestros Jajamim exijan que se compruebe que realmente se trata de Oiveja, que significa tus enemigos.

De acuerdo con las instrucciones de nuestro texto, los oficiales tenían que hablarle al pueblo señalando, Mi haish asher baná báyit jadash veló janajó yelej veyashov leveitó…, “qué hombre hay que haya construido una casa y no la haya estrenado, que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la guerra y otro estrene su casa”. El haber plantado una viña y el haber esposado una mujer y no haber convivido, eran igualmente razones suficientes para no tener que participar en la guerra. Igualmente podían abstenerse de ir a la guerra Hayaré veharaj levav, “el temeroso y el de corazón débil”.

Primero se le debe ofrecer al adversario la posibilidad de la paz, según el Talmud. La aceptación por el enemigo de las leyes básicas de Nóaj, es una razón suficiente para no matar a ningún ser viviente. En tal caso, se puede imponer la servidumbre y exigir el pago de ciertos impuestos. Cuando se establece un sitio a una ciudad debe descuidarse la vigilancia de uno de los lados del perímetro, para permitir que escape quien desee salvarse. No se deben cortar los árboles que dan frutos comestibles y hay que permitir la entrada del agua necesaria.

En el Talmud nos encontramos con la siguiente observación: Kol zemán sheIsrael mistaklín klapei maalá hem mitgabrim, veim lav noflim, que quiere decir que mientras (el pueblo de) Israel tiene su mirada fijada hacia el cielo es victorioso; si no, la caída es inevitable. Esta enseñanza hace alusión al mérito relativo del propósito de las guerras las que deben tener metas y beneficios sociales importantes. Desde luego que hay quienes argumentan que toda guerra es diabólica, aun sí se toma en cuenta la posibilidad de que algunos de sus objetivos tengan una intención noble. Los países latinoamericanos, por ejemplo, prefieren sus propias dictaduras frente a la alternativa, por ejemplo, de una intervención armada norteamericana. La actual situación política de Venezuela y Nicaragua son ejemplos de esa conducta.

No obstante, las instrucciones contenidas en nuestro texto que fueron interpretadas ampliamente por nuestros Jajamim para atenuar los desastres de los conflictos bélicos, nuestras aspiraciones y deseos tienen como norte el entendimiento y la armonía entre los pueblos. Jarvotam leitim, la conversión de las espadas en arados es el símbolo y el lema para una mayor humanización de nuestro conflictivo globo terráqueo.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 27 MITSVOT POSITIVAS Y 47 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 21:11 Ley referente a la mujer bella capturada en la guerra
  2. Deuteronomio 21:14 No vender la mujer bella capturada en la guerra
  3. Deuteronomio 21:14 No obligar a trabajar como esclava a la mujer bella capturada en la guerra después de haber tenido relaciones con ella
  4. Deuteronomio 21:22 Colgar a la persona ejecutada cuando así es indicado
  5. Deuteronomio 21:23 No dejar al ahorcado que trasnoche en la horca y no permitir que un cadáver trasnoche en su hogar, a menos que sea en su honor
  6. Deuteronomio 21:23 Enterrar al que fue sentenciado por la corte a morir, o cualquier otra persona el mismo día de su muerte
  7. Deuteronomio 22:1 Devolver la propiedad perdida a su dueño
  8. Deuteronomio 22:3 No evitar la vista de un objeto perdido
  9. Deuteronomio 22:4 No ignorar al animal caído tu prójimo por el peso de su carga
  10. Deuteronomio 22:4 Ayudar a levantar una carga pesada de un judío
  11. Deuteronomio 22:5 La mujer no debe vestir ropa de hombre
  12. Deuteronomio 22:5 El hombre no debe vestir ropa de mujer
  13. Deuteronomio 22:6 No apoderarse del ave madre mientras los huevos o los polluelos están en el nido
  14. Deuteronomio 22:7 Ahuyentar al ave madre del nido antes tomar los huevos o polluelos
  15. Deuteronomio 22:8 Construir un pretil alrededor de un techo u hoyo peligrosos
  16. Deuteronomio 22:8 No dejar un techo u hoyo peligrosos sin pretil
  17. Deuteronomio 22:9 No sembrar una mezcla de semillas en un viñedo en la Tierra de Israel
  18. Deuteronomio 22:9 No comer el producto de una mezcla de semillas en un viñedo de la Tierra de Israel
  19. Deuteronomio 22:10 No trabajar con animales de especie diferente juntos
  20. Deuteronomio 22:10 No vestir tela de lino y lana
  21. Deuteronomio 22:13 La mitsvá de Kidushín (esposar una mujer)
  22. Deuteronomio 22:19 El hombre que disemina un informe maligno sobre la inmoralidad de su esposa permanecerá con ella por siempre 
  23. Deuteronomio 22:19 El hombre que disemina un informe maligno sobre la inmoralidad de su esposa no puede divorciar esa mujer
  24. Deuteronomio 22:24 La Corte debe lapidar la persona así sentenciada
  25. Deuteronomio 22:26 No castigar a la persona que ha sido obligada a transgredir
  26. Deuteronomio 22:29 El violador debe casarse con su víctima
  27. Deuteronomio 22:29 El violador no puede divorciar a su víctima
  28. Deuteronomio 23:3 El hombre esterilizado no debe casarse con una joven judía
  29. Deuteronomio 23:4 El bastardo, producto de una unión adúltera o incestuosa no debe casarse con una joven judía
  30. Deuteronomio 23:6 Una persona perteneciente a los pueblos de Amón o Moav no debe casarse con una joven judía
  31. Deuteronomio 23:7 No hacer las paces con las naciones Amón o Moav antes de una guerra
  32. Deuteronomio 23:9 Un descendiente de Esav no puede casarse con una persona judía incluso después de haberse convertido al judaísmo, ni puede hacerlo su hijo o hija
  33. Deuteronomio 23:8 Un egipcio no puede casarse con una persona judía incluso después de haberse convertido al judaísmo, ni puede hacerlo su hijo o hija
  34. Deuteronomio 23:11 La persona ritualmente impura no debe ingresar el campo (Monte del Templo) de los Levitas
  35. Deuteronomio 23:13 Preparar un lavatorio fuera del campo durante la guerra
  36. Deuteronomio 23:14 Preparar una pala para cada persona en el ejército para que pueda tapar su excremento
  37. Deuteronomio 23:16 No devolver a la Tierra de Israel a un esclavo que huyó a la diáspora
  38. Deuteronomio 23:18 No oprimir a un esclavo que huyó de su amo en la diáspora hacia la Tierra de Israel
  39. Deuteronomio 23:11 No tener relaciones con una mujer fuera del matrimonio
  40. Deuteronomio 23:19 No llevar como ofrenda al Templo la paga de una prostituta o el precio-valor de un perro
  41. Deuteronomio 23:20 No prestar dinero con intereses de un judío 
  42. Deuteronomio 23:21 Cobrar intereses al no-judío
  43. Deuteronomio 23:22 No postergar el voto de hacer una ofrenda, ni postergar la ofrenda de un animal consagrado para las Tres Festividades
  44. Deuteronomio 23:24 Cumplir las promesas y juramentos
  45. Deuteronomio 23:25 Permitir que el obrero coma ciertos productos mientras trabaja
  46. Deuteronomio 23:25 El obrero no debe mayor cantidad de los productos que le son permitidos
  47. Deuteronomio 23:26 Un obrero no debe comer de la cosecha de su empleador durante su trabajo
  48. Deuteronomio 24:1 Quien desea divorciar a su esposa debe hacerlo a través de un Get (documento de divorcio)
  49. Deuteronomio 24:4 El divorciado no puede casarse con la mujer que divorció después de que ésta se haya casado y divorciado nuevamente con otro o enviudado
  50. Deuteronomio 24:5 El recién casado no debe separarse de su esposa durante el primer año de matrimonio
  51. Deuteronomio 24:5 El recién casado debe permanecer con su esposa durante el primer año de matrimonio
  52. Deuteronomio 24:6 No empeñar objetos con los que se prepara alimentos para el sustento
  53. Deuteronomio 24:8 No arrancar marcas de tsaráat
  54. Deuteronomio 24:10 No agarrar por fuerza una prenda de empeño del deudor
  55. Deuteronomio 24:12 No retener una prenda de empeño de su dueño cuando la necesite
  56. Deuteronomio 24:13 Devolver la prenda de empeño cuando su dueño la necesite
  57. Deuteronomio 24:15 Pagar al obrero en el día que trabajó
  58. Deuteronomio 24:16 Una persona no puede dar testimonio en un juicio sobre un familiar cercano
  59. Deuteronomio 24:17 No pervertir la justicia en el caso de un converso o un huérfano 
  60. Deuteronomio 24:17 No tomar una prenda de empeño de una viuda
  61. Deuteronomio 24:19 Dejar las gavillas olvidadas para los pobres
  62. Deuteronomio 24:19 No agarrar las gavillas de granos o la fruta olvidadas
  63. Deuteronomio 25:2 Azotar a la persona que transgrede ciertas prohibiciones
  64. Deuteronomio 25:3 No dar azotes adicionales ni pegar a un judío
  65. Deuteronomio 25:4 No ponerle bozal a un animal doméstico mientras trabaja
  66. Deuteronomio 25:5 La viuda sin hijos no debe casarse con otra persona sino con el hermano de su difunto esposo
  67. Deuteronomio 25:5 La viuda sin hijos debe casarse con el hermano del esposo difunto
  68. Deuteronomio 25:9 La mitsvá de jalitsá (libera a la mujer de casarse con el hermano de su difunto esposo)
  69. Deuteronomio 25:12 Salvar a la persona perseguida por un asesino, atacando al asesino
  70. Deuteronomio 25:12 No tener piedad de un asesino que persigue
  71. Deuteronomio 25:13 No mantener balanzas o pesas imprecisas, aún cuando no estén en uso
  72. Deuteronomio 25:17 Recordar lo que hizo Amalek al pueblo judío cuando salió de Egipto
  73. Deuteronomio 25:19 Erradicar los descendientes de Amalek
  74. Deuteronomio 25:19 No olvidar lo que hizo Amalek al pueblo judío cuando salió de Egipto

WAR AND PEACE IN BIBLICAL PERSPECTIVE

KI TETSE_DEUTERONOMY XXI,10 – XXV

The primary theme of our weekly reading is that of wars that invariably occur periodically. In particular, our generation, which has witnessed the extermination of a third of the Jewish people, the horrors of Bosnia, and of Central Africa, knows the suffering and despair, cruelty and inhumanity that are the result of war. Because ein bayit asher ein bo met, there is no Jewish home that has not suffered firsthand the Holocaust that the Nazis committed.

Therefore, one of the essential characteristics of the messianic era, which is synonymous with harmony and coexistence, understanding and love among human beings, is the absence of war and conflicts. These are the words of the prophet Yeshayahu: Vehayah beacharit hayamim…, vechitetu charvotam le’itim vachaninotehem lemazmerot, lo yisa goi el goi cherev velo yilmedu od milchamah; which means, “and it will happen at the end of days…, and they will turn their swords into ploughshares, and their spears into sickles, no nation will raise a sword against another nation, nor will they learn war anymore”. In our day, which predates this messianic age, we must study the biblical text containing a series of ordinances whose purpose is to mitigate the drama of war.

The initial conquest of the land of Canaan was accomplished by fighting and shedding blood. In the Jewish tradition these wars are placed under the heading of Milchemet mitsvah, a concept that can be translated as that of a war ordered by the Divinity in the first period of our collective history. Of course, the notion of a God-sanctioned or ordained war, collides with one of our basic ideas about deity. 

The text of the Kohanim Blessing, for example, concludes by imploring that God grant us peace. The word Shalom, peace, is used for the daily greeting, thus highlighting our constant longing for harmony and tranquility. Authentic faith in God must result in a kind of inner peace. In short, we cannot conceive of the Creator without implying the notion of peace. In the Kaddish, which has been transformed into a prayer for the deceased, we affirm, Oseh shalom bimeromav, Hu ya’aseh shalom alenu, which means, “He Who makes peace in the heights, He will grant us peace (on earth)”.

In search of an answer to the difficulty posed, we can emphasize that the historical moment to which we refer, was characterized by human sacrifices and the greatest aberrations in social behavior. Therefore, the effects of the conquest can be considered as a punishment for the conquered peoples. However, it can be noted that there were different options. Possibly, the way forward could have been the didactic one. Instead of exterminating the residents of the promised land of Canaan, there was an option for our ancestors to teach them the truth discovered by the patriarch Avraham.

It is clear, for example, that the Aseret hadibrot, the Ten Commandments, could have been used to spread a new moral law in those lands. Another possibility could have been the insistence on compliance with the Sheva mitsvot debenei Noach, which are the seven basic laws of the Noach era. The residents of Canaan could thus have been incorporated into the great monotheistic family that was being created within humanity. But there was an enormous danger that the Jewish people might succumb to idolatry.

Scientific investigations of history and archaeology lead us to the conclusion that in the past there were extraordinary personalities who conceived the notion of a single God. The celebrated Pharaoh Ikhnaton, for example, was essentially monotheistic. However, none of these religious discoveries survived in society. They were fleeting attempts, flashes of light that were instantly consumed. Their short duration was due perhaps because they appeared in the midst of the reigning polytheism and could not resist either their constant onslaught or the challenge of easiness and pleasure characteristic of idolatry. 

It is curious to note that polytheism is distinguished by its tolerance. The Greeks who concentrated their multiple gods on Mount Olympus could conceive of the existence of additional deities. Therefore, when they conquered new lands, they used to pay homage to the local deity, because they believed that they had helped them in their victory. Monotheism, on the other hand, is very jealous. It does not allow the one God to grant any living space to any other god. There is only one God, and no one else.

It is very likely that Judaism would also have succumbed to the idolatry that reigned everywhere. History teaches us that during the period of the first Beit HaMikdash, the Temple of Jerusalem, idolatry and its concomitant priestly caste were sometimes present there as well, and that constituted a fundamental problem for the spiritual development of our people. It was therefore necessary to eradicate, as far as possible, every vestige of the attractive and contagious idolatry that fosters sexual license and blind religious drunkenness.

In addition to the aforementioned war of conquest of the Promised Land, our tradition considers two additional types of war. In the case of external aggression, one must respond with Milchemet Chovah, which means a forced war. The Melech, the king of Israel, does not require the consent of any deliberative body to face a warlike aggression of this nature. On the other hand, in the case of Milchemet Reshut, an optional war whose purpose is to enlarge the boundaries of the country, he needed the prior approval of the Sanhedrin, the body of setentiún religious notables.

The next step was to inform the armed forces about the purpose of the war. (In the period of the Vietnam War, we found the fact that the American nation was unaware of the purpose and scope of the conflict. This was one of the probable reasons why the government did not get the support of the majority of the people). Our initial text that reads, Ki tetse lamilchamah al oivecha, which means that when you go out to war against your enemies. Our Chachamim demand that it be proven that it really is the case of Oivecha, your enemies.

According to the instructions in our text, the officers had to speak to the people pointing out, Mi ha’ish asher banah bayit jadash velo chanacho yelech veyashov leveito…, “what man there is, who has built a house and has not inaugurated it, let him return to his house, unless he dies in war, and another opens his house”. Having planted a vineyard and having married a woman and not consummated this marriage, were also sufficient reasons not to have to participate in the war. These could also refrain from going to war: Hayare veharach levav, “the fearful and the weak-hearted”.

The adversary must first be offered the possibility of peace, according to the Talmud. The acceptance by the enemy of the basic laws of Noach is reason enough not to kill any human being. In such a case, servitude may be imposed, and payment of certain taxes may be demanded. When a siege is established around a city, the surveillance of one side of the perimeter must be neglected, to allow those who wish to save themselves and escape. Trees bearing edible fruit should not be cut down and the necessary water should be allowed in.

In the Talmud we find the following observation: Kol zeman sheIsrael mistaklín klapei maalah hem mitgabrim, ve’im lav noflim, which means that while (the people of) Israel have their gaze fixed heavenward they are victorious; otherwise, the fall is inevitable. This teaching alludes to the relative merit of the purpose of wars which should have important social goals and benefits. Of course, there are those who argue that any war is diabolical, even if it takes into account the possibility that some of its objectives have noble intentions. The Latin American countries, for example, prefer their own dictatorships to the alternative, for example, of American armed intervention. The present situation in Venezuela a Nicaragua are perfect examples of this attitude.

Notwithstanding, the instructions contained in our text, which were widely interpreted by our Chachamim to mitigate the disasters of war, our aspirations and desires are aimed at understanding and harmony among peoples. Charvotam le’itim, the conversion of swords into plows is the symbol and motto for a greater humanization of our troubled globe.

MITSVAH: ORDINANCE OF THE TORAH IN THIS PARASHAH

CONTAINS 27 POSITIVE MITSVOT AND 47 BANS

  1. Deuteronomy 21:11 Law concerning the beautiful woman captured in war
  2. Deuteronomy 21:14 Do not sell the beautiful woman captured in war
  3. Deuteronomy 21:14 Not to force the beautiful woman captured in war to work as a slave after having had sex with her
  4. Deuteronomy 21:22 Hang the executed person when so directed
  5. Deuteronomy 21:23 Do not leave the hung person after dark on the gallows and do not allow a corpse after night in his home, unless it is in his honor
  6. Deuteronomy 21:23 Bury the one who was sentenced by the court to die, or anyone else on the same day of his death
  7. Deuteronomy 22:1 Returning lost property to its owner
  8. Deuteronomy 22:3 Failure to avoid sight of a lost object
  9. Deuteronomy 22:4 Do not ignore the fallen animal of your neighbor by the weight of its burden
  10. Deuteronomy 22:4 Helping to lift a heavy burden from a Jew
  11. Deuteronomy 22:5 A woman should not wear men’s clothing
  12. Deuteronomy 22:5 Men should not wear women’s clothing
  13. Deuteronomy 22:6 Do not seize the mother bird while the eggs or chicks are in the nest
  14. Deuteronomy 22:7 Scare the mother bird away from the nest before taking the eggs or chicks
  15. Deuteronomy 22:8 Build a parapet around a dangerous roof or pit
  16. Deuteronomy 22:8 Do not leave a dangerous roof or hole without a parapet
  17. Deuteronomy 22:9 Do not sow a mixture of seeds in a vineyard in the Land of Israel
  18. Deuteronomy 22:9 Do not eat the product of a seed mixture in a vineyard in the Land of Israel
  19. Deuteronomy 22:10 Do not work together with animals of different species 
  20. Deuteronomy 22:10 Do not wear a linen and wool fabric
  21. Deuteronomy 22:13 The mitsvah of Kidushin (to marry a woman)
  22. Deuteronomy 22:19 The man who spreads an evil report about his wife’s immorality shall remain with her forever
  23. Deuteronomy 22:19 The man who spreads an evil report about his wife’s immorality cannot divorce her
  24. Deuteronomy 22:24 The Court must stone the person so sentenced
  25. Deuteronomy 22:26 Do not punish the person who has been forced to transgress
  26. Deuteronomy 22:29 The rapist must marry his victim
  27. Deuteronomy 22:29 The rapist cannot divorce his victim
  28. Deuteronomy 23:3 A sterilized man should not marry a young Jewish woman
  29. Deuteronomy 23:4 A bastard, the product of an adulterous or incestuous union, should not marry a young Jewish woman
  30. Deuteronomy 23:6 A person belonging to the peoples of Amon or Mo’av should not marry a young Jewish woman
  31. Deuteronomy 23:7 Not making peace with the Amon or Mo’av nations before a war
  32. Deuteronomy 23:9 A descendant of Esav cannot marry a Jewish person even after he has converted to Judaism, nor can his son or daughter
  33. Deuteronomy 23:8 An Egyptian cannot marry a Jewish person even after he has converted to Judaism, nor can his son or daughter
  34. Deuteronomy 23:11 The ritually impure person should not enter the field (Temple Mount) of the Levites
  35. Deuteronomy 23:13 Preparing an off-field lavatory during the war
  36. Deuteronomy 23:14 Prepare a shovel for each person in the army so that he can cover his excrement
  37. Deuteronomy 23:16 Do not return to the Land of Israel a slave who fled into the diaspora
  38. Deuteronomy 23:18 Do not oppress a slave who fled from his master in the diaspora to the Land of Israel
  39. Deuteronomy 23:11 Not having sex with a woman outside of marriage
  40. Deuteronomy 23:19 Do not bring as an offering to the Temple the pay of a prostitute or the price-value of a dog
  41. Deuteronomy 23:20 Do not lend or borrow money with interest from a Jew 
  42. Deuteronomy 23:21 Charging interest to the non-Jew
  43. Deuteronomy 23:22 Do not postpone the vow to make an offering, nor postpone the offering of a consecrated animal for the Three Feasts
  44. Deuteronomy 23:24 Fulfilling promises and oaths
  45. Deuteronomy 23:25 Allow the worker to eat certain products while working
  46. Deuteronomy 23:25 The worker should not increase the quantity of the products permitted to him.
  47. Deuteronomy 23:26 A worker should not eat from his employer’s harvest during his work
  48. Deuteronomy 24:1 Whoever wishes to divorce his wife must do so through a Get (divorce document)
  49. Deuteronomy 24:4 The divorced cannot marry the woman who divorced after the woman has remarried and divorced another or widowed
  50. Deuteronomy 24:5 The newlywed should not be separated from his wife during the first year of marriage
  51. Deuteronomy 24:5 The newlywed must remain with his wife during the first year of marriage
  52. Deuteronomy 24:6 Do not pawn objects with which food is prepared for sustenance
  53. Deuteronomy 24:8 Do not tear marks from tsara’at
  54. Deuteronomy 24:10 Do not forcibly grab a pledge of the debtor
  55. Deuteronomy 24:12 Do not retain a pawn from its owner when he needs it
  56. Deuteronomy 24:13 Return the pawn garment when its owner needs it
  57. Deuteronomy 24:15 Pay the worker on the day he worked
  58. Deuteronomy 24:16 A person cannot testify in a trial about a close relative
  59. Deuteronomy 24:17 Do not pervert justice in the case of a convert or orphan
  60. Deuteronomy 24:17 Do not take a pawn from a widow
  61. Deuteronomy 24:19 Leaving the forgotten sheaves for the poor
  62. Deuteronomy 24:19 Do not grab the sheaves of forgotten grains or fruit
  63. Deuteronomy 25:2 Whipping a person who transgresses certain prohibitions
  64. Deuteronomy 25:3 Do not give additional whippings or beat a Jew
  65. Deuteronomy 25:4 Do not muzzle a pet while working
  66. Deuteronomy 25:5 The childless widow should not marry another person but her late husband’s brother
  67. Deuteronomy 25:5 The childless widow must marry the brother of the deceased husband
  68. Deuteronomy 25:9 The mitsvah of Chalitsah (frees the woman from marrying her late husband’s brother)
  69. Deuteronomy 25:12 Saving the person pursued by a murderer by attacking the killer
  70. Deuteronomy 25:12 Having No Mercy on a pursuing murderer
  71. Deuteronomy 25:13 Do not keep inaccurate scales or weights, even when not in use
  72. Deuteronomy 25:17 Remember what Amalek did to the Jewish people when they left Egypt
  73. Deuteronomy 25:19 Eradicate the descendants of Amalek
  74. Deuteronomy 25:19 Do not forget what Amalek did to the Jewish people when he left Egypt

THE RUNGS OF JUSTICE

SHOFTIM_DEUTERONOMY XVI,18 – XXI,9

The Torah mandates the establishment of a system of administration of justice for all cities in the country. Our text demands the location of the Shoftim, the judges, in the Sha’ar, the gate of the city. Apparently, this Sha’ar was not a simple gate, but a specific place where several community institutions were located. The functions performed in the Sha’ar include the administration of justice. (In the biblical book Ruth, we read that Bo’az, the wealthy relative of the family of the late husband of Ruth, goes to the Sha’ar, place of the religious authorities, to claim his right to become her husband.

The concept of justice is an essential factor in biblical teaching. The Sages, our Chachamim, echo the fundamental importance of this idea, affirming that the world is anchored on three pillars. Justice is one of them. For some, the emphasis on justice reflects severity, a lack of feeling of love, pointing out that Judaism is intransigent and inflexible. Those of us who live in nascent democracies where justice is not entirely independent of the other political interests of society, know the effects of compromised judgments and decisions. Can justice be present where equality before the law does not exist?

Many Jewish communities include an arbitration commission that serves to iron out or resolve differences among its members. Isaac Bashevis Singer tells of the different individuals who went to the Beit Din Shtibel, the room in his father’s home, a Rabbi in Warsaw, which was used to listen to the demands and complaints of litigants. For centuries, in villages and towns, the homes of the Rabbis served as courts of justice.

The biblical King Shlomoh, who stands out for his keen intelligence, is the prototype of the referee and judge who sought the right solution in conflictive situations. We recall Shlomoh’s sagacity in the case of a newborn who was claimed as theirs by two mothers.

According to Yalkut Shimoni, one of the texts of Midrash that collects commentaries on the Sacred Scriptures, there were six steps in front of the throne of King Shlomoh. When Shlomoh began his ascension to the throne, one of the ordinances of our text was announced on each of the steps.

The first step was Lo tate mishpat, which means, do not twist the judgment. According to the Talmud, falsehoods and half-truths drive away and exile the Divine Presence from among us. One of the characteristics of the Supreme Being is truth, as affirmed by our tradition by declaring: Chotatamo shel HaKadosh Baruch Hu emet, “the seal of God is the truth”. There are those who observe that the seal is applied in one step. A seal does not require a process, such as writing a word that has a beginning and continues with additional traces in order to reach its end. A seal, on the other hand, is imprinted with one stroke on the paper. The same goes for truth. Truth has to be complete and immediate. There are no half-truths, revealed as a process as time passes.

As he climbed the second rung, Shlomoh heard the admonition, Lo takir panim, “you will not make exceptions among people”. Everyone must be equal before the Law, in front of the judges. Our folklore tells that on one occasion a woman told her husband that she was going to take the maid before the rabbi because she suspected she was stealing, the husband replied that he would accompany her. The wife argued that it was not necessary because she knew how to defend herself; the husband replied that his purpose was rather to protect the maid, who could feel intimidated in the presence of the Rabbi. 

Some recall that in the room that Rabbi Shmelke Nickelsburger used for his decisions in litigation cases, a cane and a purse were hanging on the wall. These objects were present at all times, as palpable evidence that the incorruptible Rabbiwas willing to leave the city at any moment, rather than allowing the merchants of power to try to influence his decisions.

Lo tikach shochad, do not admit bribes, was the exhortation on the third rung. Our text warns us, that no judge escapes the consequences of the gift of one of the parties, Ki hashochad ye’aver einei Chachamim, because bribery blinds the eyes of the wise. (In the Midrash we find the case of a judge who received Shochad, who became blind before he died).

(With reference to this assertion, a tongue-in-cheek story is told about the inhabitants of a certain village who questioned the Midrash because the local judge who had a reputation for acting in a dubious manner had become deaf. This contradicts our Midrash which claims that the result of the behavior in question is blindness, based on the biblical text that points out that bribery blinds the eyes of the sage. The contradiction was resolved by pointing out that the judge in question had not physically received Shochad. It had only been promised to him, he only heard about it and did not see it).

The Talmud suggests that the word Shochad comes from the root chad, which means sharp, thus insinuating that Shochad cuts and lacerates both, the one who offers it and the one who receives the bribe.

The ascent to the fourth rung corresponded to the proclamation of Lo tita lecha asherah, which means, you will not plant a tree (as idolators do) next to the altar. According to the Treatise Sanhedrin, the election of a judge who is unprepared to perform his role is tantamount to encouraging idolatry in the community. In the vision of our Chachamim, idolatry is identified with arbitrariness and chance. The Torah, on the other hand, is the manifest will of God, it is immutable, does not depend on whims nor permit ignorance. Every ruling must be based on clear and transparent rules. Only the presentation of robust arguments, based on Halachah, can lead to the review of any previous decision.

Velo takim lecha matsevah, “and do not erect statues (or monuments)”, is the exhortation of the fifth step. A judge should not separate himself from the conditions prevailing in the society that surrounds him, place himself above or outside his environment. In order to understand what litigation is about, it is necessary to identify and live the reality of your time. At the time of the worship of the Egel Hazahav, the golden calf, God suggests to Moses that he cannot appreciate the real situation of the Hebrew people from the heights of Mount Sinai. God commands him, Lech red, “surely go down,” because only by seeing and living in the midst of the situation will Mosesbe able to decide what action to take.

On the sixth and final rung it was announced, Lo tizbach laShem Elohecha… kol davar ra, which means, do not sacrifice before the Eternal thy God… anything bad (faulty). This is a wake-up call to remember that in the Jewish tradition the end does not justify the means. A ruling cannot be used to alleviate suffering and ailments, nor to correct other ills of society. Every judgment has to be entirely fair and correct for the parties involved.

Our chapters list different additional laws that are necessary to regulate relationships between community members. Although compassion, understanding and sensitivity to the evils that afflict others are moral qualities of the first caliber, justice and equity are unparalleled in the ordering and hierarchy of imperatives that are essential for the coexistence, harmony, material and spiritual development of any society.

MITSVAH: ORDINANCE OF THE TORAH IN THIS PARASHAH

CONTAINS 14 POSITIVE MITSVOT AND 27 BANS

491.  Deuteronomy 16:18 Appoint judges and officers in each Jewish community

492.  Deuteronomy 16:21 Do not plant a tree by the Altar

493.  Deuteronomy 16:22 Do not erect an idolatrous pillar

494.  Deuteronomy 17:1 Do not offer an animal with a blemish, even if it is a temporary blemish

495.  Deuteronomy 17:10 Abide by what the Jewish Supreme Court rules in each generation

496.  Deuteronomy 17:11 Do not disobey the word of the Jewish Supreme Court

497.  Deuteronomy 17:15 Name a Jewish King

498.  Deuteronomy 17:15 Do not name a Jewish King who is not a native Israelite

499.  Deuteronomy 17:15 A king should not accumulate more horses than he needs

500.  Deuteronomy 17:16 Do not reside in the Land of Egypt

501.  Deuteronomy 17:17 A king should not have too many wives

502.  Deuteronomy 17:17 A king shall not accumulate excess gold and silver

503.  Deuteronomy 17:18 A king must write a Torah, in addition to the one every other Jew must write

504.  Deuteronomy 18:1 The Levites should not inherit land in the Land of Israel

505.  Deuteronomy 18:1 The Levites should not participate in the spoils during the conquest of the Land of Israel

506.  Deuteronomy 18:3 Deliver to a Kohen the shoulder, jaw, and last stomach of an animal offering

507.  Deuteronomy 18:4 Separate Terumah from the products

508.  Deuteronomy 18:4 Handing the Kohanim the first shearing

509.  Deuteronomy 18:4 The Kohanim should serve in the Temple according to guards and in times of festivities should serve in unison

510.  Deuteronomy 18:10 Do not practice divinations

511.  Deuteronomy 18:10 Do not practice witchcraft

512.  Deuteronomy 18:10-11 Do not use amulets

513.  Deuteronomy 18:10-11 Do not consult a medium

514.  Deuteronomy 18:10-11 Do not consult a Yidoni (magician)

515.  Deuteronomy 18:10-11 Do not attempt contact with a dead person

516.  Deuteronomy 18:15 Listen to every prophet of the generation unless he adds or reduces what is in the Torah

517.  Deuteronomy 18:20 Do not issue false prophecy

518.  Deuteronomy 18:20 Do not issue prophecy in the name of an idol

519.  Deuteronomy 18:22 Do not stop the execution of a false prophet nor fear him

520.  Deuteronomy 19:3, 6 Prepare 6 Cities of Refuge

521.  Deuteronomy 19:13, 21 Have no mercy on a person who deals a fatal blow during a capital punishment trial

522.  Deuteronomy 19:14 Do not move your boundaries falsely

523.  Deuteronomy 19:15 Do not judge based on the word of a single witness

524.  Deuteronomy 19:19 Do unto a false witness what he tried to do to a victim with his testimony

525.  Deuteronomy 20:3; 7:21 Do not fear the enemy in battle

526.  Deuteronomy 20:5-7 Anoint the Kohen for the time of war

527.  Deuteronomy 20:10 Behave in an Elective War according to the rules of the Torah

528.  Deuteronomy 20:16 Do not allow to live any of the 7 nations that inhabited the Land of Israel

529.  Deuteronomy 21:1 Do not destroy fruit trees during a siege, nor cause pointless destruction

530.  Deuteronomy 21:1 Break the calf’s neck in the riverbed

531.  Deuteronomy 21:4 Do not plow nor sow in the riverbed where the calf’s neck was broken

LOS PELDAÑOS DE LA JUSTICIA

SHOFTIM_DEUTERONOMIO XVI,18 – XXI,9

La Torá ordena el establecimiento de un sistema de administración de justicia para todas las ciudades del país. Nuestro texto exige la ubicación de los Shoftim, que son los jueces, en el sháar, que es el portal de la ciudad. Aparentemente este Sháar no era un simple portón, sino un lugar específico donde se ubicaba un conjunto de entidades comunitarias que ejercían funciones diversas. Entre las funciones que se cumplen en el Sháar se incluye la administración de la justicia. (En el libro bíblico Rut, leemos que Bóaz, el pariente rico de la familia del difunto esposo de Rut, se dirige al Sháar, o sea a las autoridades religiosas que se encuentran en ese lugar) para reclamar su derecho a esposarla.

El concepto de justicia es un factor esencial de la enseñanza bíblica. Nuestros Jajamim en el Talmud se hacen eco de la importancia fundamental de esta idea, al afirmar que el mundo está anclado sobre tres pilares. La justicia es uno de ellos. Para algunos, el énfasis sobre la justicia supone una característica de severidad o de carencia de sentimiento del amor, señalando que el judaísmo es intransigente e inflexible. Los que vivimos en las democracias nacientes donde la justicia no constituye aún un poder enteramente independiente de los otros intereses políticos de la sociedad, sabemos lo comprometidos que pueden ser los fallos y las decisiones. ¿Es que puede haber justicia cuando la igualdad ante la ley, no existe? 

Dentro de los cargos directivos numerosas comunidades judías se incluye una comisión de arbitraje que sirve para limar o resolver las divergencias entre sus miembros. Isaac Bashevis Singer se refiere a diversos individuos que acudían al Beit Din shtíbel, la habitación de la casa de su padre, Rabino en Varsovia, que se utilizaba para atender las demandas y quejas de los litigantes. Durante siglos, en aldeas y ciudades los hogares de los Rabinos servían de cortes de justicia.

El bíblico rey Shlomó que se destaca por su aguda inteligencia, es el prototipo del árbitro y del juez que busca la solución justa en situaciones de conflicto. Recordamos la sagacidad de Shlomó en el caso de un recién nacido al que dos madres reclamaban como suyo.

Según el Yalkut Shimoní, uno de los textos pertenecientes al Midrash que recopila comentarios sobre las escrituras sagradas, había seis peldaños frente al trono del rey Shlomó. Cuando Shlomó comenzaba su ascenso al trono, se anunciaba en cada uno de los peldaños una de las ordenanzas de nuestro texto.

Al primer escalón correspondía Lo taté mishpat, que quiere decir, no torcerás el juicio. Según el Talmud, las falsedades y las medias verdades alejan y exilian la Presencia Divina de entre nosotros. Una de las características del Ser Supremo es la verdad, tal como lo afirma nuestra tradición al declarar, Jotamó shel Hakadosh Baruj Hu emet, que significa que el sello de Dios es la verdad. Hay quienes observan que el sello se aplica de una sola vez. Un sello no requiere de un proceso, tal como la escritura o la palabra que tiene un comienzo y un desarrollo en el tiempo, para llegar a su término. Un sello se coloca de una sola vez sobre el papel. Igualmente ocurre con la verdad. Tiene que ser total e inmediata. No existen verdades a medias, que se van revelándose a medida que el tiempo va pasando.

Al subir el segundo peldaño, Shlomó escuchaba la admonición, Lo takir panim, que quiere decir, no harás excepciones entre las personas. Todos tienen que ser iguales ante la ley y ante los jueces. Nuestro folklore cuenta que en una ocasión una mujer le dijo a su marido que iba a llevar a la sirvienta ante el rabino porque sospechaba que estaba robando, el esposo respondió que la acompañaría. La esposa adujo que no hacía falta porque ella sabía defenderse sola; el esposo le respondió que su propósito más bien era proteger a la sirvienta, que podría sentirse intimidada ante la presencia del Rabino. 

Algunos recuerdan que en la habitación que utilizaba Rabí Shmelke Nickelsburger para sus decisiones en casos de litigios, en la pared estaban colgados un bastón y un bolso. Estos objetos estaban presentes en todo momento, como evidencia palpable de que el incorruptible Rabí estaba dispuesto a abandonar la ciudad en cualquier instante, antes que permitir que los mercaderes del poder intentaran influir en sus fallos.

Lo tikaj shójad, no admitirás sobornos, era la exhortación en el tercer peldaño. Nuestro texto nos advierte, que ningún juez escapa a las consecuencias del regalo de una de las partes, Ki hashójad yeaver einei Jajamim, porque el soborno ciega los ojos del sabio. (En el Midrash encontramos el dictamen de un juez que recibe Shójad, quiense vuelve ciego antes de morir). 

Con referencia a esta aseveración, se relata una anécdota en la que los habitantes de cierta aldea cuestionaron el Midrash porque el juez de la localidad que tenía reputación de actuar en forma dudosa había ensordecido. Esto contradice nuestro Midrash que afirma que el resultado del comportamiento en cuestión es la ceguera, en base al texto bíblico que señala que el soborno ciega los ojos del sabio. Se resolvió la contradicción señalando que nuestro juez no había recibido Shójad; tan sólo se lo habrían prometido). El Talmud sugiere que el vocablo Shójad proviene de la raíz Jad, que quiere decir afilado, con lo cual se insinúa que el Shójad resulta cortante y lacerante tanto para quien lo ofrece como para quien lo recibe.

El ascenso al cuarto peldaño correspondía a la proclamación de Lo titá lejá asherá, que significa, no plantarás (en relación con la idolatría) árbol alguno (junto al altar). Según el tratado del Sanhedrín, que es el volumen del Talmud de donde provienen nuestras citas anteriores, la elección de un juez que no está preparado para desempeñar su función equivale a fomentar la idolatría en la comunidad. En la visión de nuestros Jajamim, la idolatría se identifica con la arbitrariedad y el azar. La Torá en cambio, es la voluntad manifiesta de Dios, es inmutable, no depende de caprichos y no permite la ignorancia. Todo fallo tiene que estar basado en reglas claras y transparentes. La presentación de argumentos contundentes, basados en la Halajá, puede dar lugar a la revisión de cualquier decisión anterior.

Veló takim lejá matsevá, “y no te erigirás estatuas (o monumentos)”, es la exhortación del quinto escalón. Tal vez la moraleja que el juez no puede abstraerse de las condiciones reinantes en la sociedad que lo circunda y ubicarse por encima o fuera de su entorno. Para poder comprender de que trata el litigio, es necesario identificarse y vivir la realidad de su tiempo. En el momento de la adoración del Éguel hazahav, el becerro de oro, Dios le sugiere a Moshé que desde las alturas del Monte Sinaí no puede apreciar la situación real del pueblo hebreo. Dios le ordena, Lej reid, “vete y desciende,” porque únicamente conociendo y viviendo en medio de la situación, podrá, entonces, Moshé decidir que acción a tomar.

En el sexto y último peldaño se anunciaba, Lo tizbaj laShem Eloheja… kol davar ra, que quiere decir, no sacrificarás al Eterno tu Dios… cualquier cosa mala (defectuosa). Esto constituye un llamado de atención para recordar que en la tradición judía el fin no justifica los medios. El fallo no puede ser utilizado para aliviar sufrimientos y dolencias, ni para corregir otros males de la sociedad. Todo juicio tiene que ser enteramente justo y correcto para las partes involucradas.

Nuestros capítulos enumeran diferentes leyes adicionales que son necesarias para regular las relaciones entre los miembros de la comunidad. Aunque la compasión, la comprensión y la sensibilidad ante los males que afligen al prójimo son cualidades morales de primer calibre, la justicia y la equidad no tienen parangón en el ordenamiento y en la jerarquía de los imperativos que son esenciales para la convivencia, la armonía y el desarrollo material y espiritual de toda sociedad.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 14 MITSVOT POSITIVAS Y 27 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 16:18 Designar jueces y oficiales en cada comunidad judía
  2. Deuteronomio 16:21 No plantar un árbol junto al Altar
  3. Deuteronomio 16:22 No erigir un pilar idólatra
  4. Deuteronomio 17:1 No ofrendar un animal con tacha, aunque sea tacha temporal
  5. Deuteronomio 17:10 Acatar lo que dictamine la Corte Suprema Judía en cada generación
  6. Deuteronomio 17:11 No desobedecer la palabra de la Corte Suprema Judía
  7. Deuteronomio 17:15 Nombrar un Rey Judío
  8. Deuteronomio 17:15 No nombrar un Rey Judío a quien no es un nativo Israelita
  9. Deuteronomio 17:15 Un rey no debe acumular más caballos de los que necesita
  10. Deuteronomio 17:16 No residir en la Tierra de Egipto
  11. Deuteronomio 17:17 Un rey no debe tener demasiadas esposas
  12. Deuteronomio 17:17 Un rey no debe acumular exceso de oro y plata
  13. Deuteronomio 17:18 Un rey debe escribir una Torá, además de la que cada judío debe escribir
  14. Deuteronomio 18:1 Los Levitas no deben heredar tierra en la Tierra de Israel
  15. Deuteronomio 18:1 Los Levitas no deben participar del botín durante la conquista de la Tierra de Israel
  16. Deuteronomio 18:3 Entregar al Kohén el hombro, la quijada y el estómago final de una ofrenda animal
  17. Deuteronomio 18:4 Separar Terumá de los productos
  18. Deuteronomio 18:4 Entregar a los Kohanim la primera esquila
  19. Deuteronomio 18:4 Los Kohanim deben servir en el Templo de acuerdo con guardias y en épocas de festividades deben servir en unísono
  20. Deuteronomio 18:10 No practicar adivinaciones
  21. Deuteronomio 18:10 No practicar brujería
  22. Deuteronomio 18:10-11 No utilizar amuletos
  23. Deuteronomio 18:10-11 No consultar un médium
  24. Deuteronomio 18:10-11 No consultar un yidoní (mago)
  25. Deuteronomio 18:10-11 No intentar contacto con un muerto
  26. Deuteronomio 18:15 Escuchar a todo profeta de la generación, a menos que añada o reduzca lo que está en la Torá
  27. Deuteronomio 18:20 No emitir profecía falsa
  28. Deuteronomio 18:20 No emitir profecía en nombre de un ídolo
  29. Deuteronomio 18:22 No dejar de ejecutar a un profeta falso y no temerlo
  30. Deuteronomio 19:3, 6 Preparar 6 Ciudades de Refugio
  31. Deuteronomio 19:13, 21 No tener piedad de la persona que asesta un golpe mortal durante un juicio de pena capital
  32. Deuteronomio 19:14 No mover falsamente tus lindes
  33. Deuteronomio 19:15 No juzgues basado en la palabra de un solo testigo
  34. Deuteronomio 19:19 Hacerle al testigo falso lo que intentó hacerle a una víctima con su testimonio
  35. Deuteronomio 20:3; 7:21 No temer al enemigo en la batalla
  36. Deuteronomio 20:5-7 Ungir al Kohén para la guerra
  37. Deuteronomio 20:10 Comportarse en una Guerra Optativa de acuerdo con las reglas de la Torá
  38. Deuteronomio 20:16 No permitir que vivan ninguna de las 7 naciones que habitaban la Tierra de Israel
  39. Deuteronomio 21:1 No destruir árboles frutales durante un sitio, ni causar destrucción inútil
  40. Deuteronomio 21:1 Quebrar el pescuezo del ternero en el cauce del río
  41. Deuteronomio 21:4 Ni arar ni sembrar en el cauce del río donde el pescuezo del ternero fue quebrado

EL LIBRE ALBEDRÍO

RE’É_DEUTERONOMIO XI,26 – XVI,17

Re’é, “mira”, dice la Torá, coloco delante de ti Berajá ukelalá, “una bendición y una maldición”. De esta manera se nos hace saber que la opción es nuestra, que el resultado de nuestras acciones puede anticiparse, y que las consecuencias de estas no son arbitrarias. Si cumplimos con las Mitsvot, obtenemos la Berajá, y en el caso contrario, sufrimos la Kelalá. En próximos capítulos se repetirá está advertencia y leeremos en el texto, “…os di para escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición, Uvajartá bajayim, y os exhorté a escoger la vida…”. 

En una visita que el finado presidente de Israel Zalman Shazar realizó a los Estados Unidos, se presentó ante una reunión del New York Board of Rabbis, donde citó el texto en cuestión. Shazar cuestionó el hecho de que la Torá contradice la hipótesis de Bejirá jofshit, que es el libre albedrío, al instruir Uvajartá bajayim. La posibilidad de escoger hubiera sido mejor aplicada si nuestro texto se limitase a señalar las consecuencias anticipadas de nuestro comportamiento y permitir que cada uno escoja su propio camino. 

Shazar continuó luego con un análisis de los grandes males morales que afligen a nuestra sociedad y terminó señalando que el desinterés y la apatía provocan la deshumanización, asfixiando cualquier posibilidad de avance y de progreso. La insensibilidad al sufrimiento ajeno es moralmente indefendible y la apatía resulta más perniciosa para una sociedad que la falta de preocupación por el dolor del prójimo. La incomprensión y la indiferencia producen mayor angustia que la actitud mezquina de no ofrecer una mano de apoyo o una ayuda concreta.

La Torá está atenta a esta falla humana y el texto citado ordena la reflexión sobre la Berajá y la Kelalá. Debemos meditar acerca de cuáles son los resultados cuando se vive de acuerdo con las Mitsvot en contraposición a un comportamiento que no las toma en cuenta. La Torá ordena meditar sobre nuestras responsabilidades y en consecuencia no podemos asumir un comportamiento que se caracteriza por la inercia y la ausencia de acción. La conclusión de cualquier reflexión, según Shazar, tiene que desembocar forzosamente en Uvajartá bajayim. Porque todos deseamos una sociedad armoniosa y sin conflictos, la cual es imposible lograr en ambiente donde impera el robo. Porque todos apoyamos, en principio, la unidad y la solidez del núcleo familiar y conocemos la tragedia que la paternidad irresponsable acarrea. Porque todos sentimos que el trabajo es necesario, pero, al mismo tiempo, sabemos que el espíritu también requiere atención. 

Nuestra debilidad esencial consiste en que no le dedicamos suficiente atención al análisis de nuestra conducta diaria que nos permita anticipar con alegría y optimismo lo que nuestras acciones cosecharán en el futuro. El resultado deseable y aconsejable de cualquier estudio sería una vida ordenada, bajo un régimen de ley y de orden humanos, lo que debe conducirnos, invariablemente, a Uvajartá bajayim.

La Bejirá jofshit, que es el libre albedrío, sin embargo, es fundamental para nuestra tradición, porque de otra manera no podríamos contemplar la estructura total de Sejar veónesh, la recompensa por las buenas acciones y el castigo por los delitos lo cual forma parte de nuestro pensamiento religioso. La posibilidad de escoger libremente es un requisito indispensable para poder luego solicitar y exigir que se asuma la responsabilidad por las consecuencias de las acciones.

Harav Yosef Dov Haleví Soloveitchik maestro de maestros cuestiona la respuesta de nuestros antepasados, cuando se les ofrece la Torá, que es la ley. Según el texto bíblico, la respuesta al pie del Monte Sinaí fue Naasé venishmá, que nuestros Parshanim interpretan como una manifestación de la disposición de nuestros antepasados a obedecer y cumplir los preceptos, aun antes de conocer los detalles y el contenido de estos. En efecto, la generación de aquella época no ejerció su Bejirá jofshit, ya que previamente no realizaron una evaluación y un juicio ponderado en relación con el compromiso que estaban asumiendo.

Soloveitchik propone la existencia de dos tipos de voluntad. A la primera la denomina Ratsón elyón, que quiere decir voluntad superior. Esta expresión de nuestra voluntad no se basa en un proceso intelectual y no recurre al razonamiento. El Ratsón elyón, responde a ciertos impulsos de nuestra espiritualidad y revela la auténtica identidad del ser humano. El debate interno que consiste en una evaluación lógica de las diferentes posibilidades pertenece al mundo del Ratsón tajtón, que es la voluntad inferior. Es esta la voluntad que utilizamos en nuestros quehaceres y en los numerosos razonamientos que diariamente hacemos.

Es de interés notar del hecho que las grandes resoluciones de la vida no son el resultado de una actividad intelectual que minuciosamente examina el haber y el débito que nuestras acciones implican. Generalmente Las decisiones de mayor consecuencia, como el matrimonio y la profesión, no son precedidas por un minucioso examen de las opciones. La fe, por ejemplo, es más bien el resultado de un brinco existencial y consecuencia de un fuerte sentimiento irresistible y no señala la culminación de un proceso de raciocinio. 

Nuestro padre Avraham no llegó a su concepción de la Divinidad porque examinó con un fino telescopio la órbita de los planetas o procedió a contar las estrellas del firmamento. Al contemplar la vastedad del cosmos, Avraham siente, en lo más profundo de su ser, la presencia Divina. Es una convicción emocional y una verdad espiritual la que en aquel momento reconoce el patriarca. El momento del descubrimiento o del hallazgo científico se da, en numerosas ocasiones, como una especie de luz interna que sin motivo aparente llega al intelecto, explicando el, fenómeno que anteriormente no era inteligible. (También hay quiénes acertadamente señalan, que únicamente los investigadores y los que trabajan con ahínco durante mucho tiempo en la solución de ciertos problemas, son los que, súbitamente, reciben esa iluminación espontánea).

La hipótesis que señalamos implica ciertos riesgos o peligros pues afirma que las intuiciones y los sentimientos son los que rigen los procesos más complejos de nuestras vidas. La probabilidad de pulsar una tecla de alguna computadora que puede desatar una conflagración atómica mundial, según nuestras consideraciones, tal vez depende de este Ratsón elyón, voluntad que está fuera del control de nuestro intelecto. El ejercicio del Ratsón elyón viene a ser el resultado de sensaciones involuntarias y de impulsos incontrolables, aparentemente, no verificables.

El Ratsón tajtón probablemente tenga también la función de una suerte de control sobre el Ratsón elyón. Descubrimiento e invento son el resultado de esa indefinible luz interna que es el Ratsón elyón. Pero luego entra en función el Ratsón tajtón para verificar y comprobar las teorías y las conclusiones sugeridas.

La rápida aceptación de la Torá representada por el Naasé por nuestros antepasados fue seguida por el Nishmá que exige el estudio y la investigación sobre las consecuencias del salto de fe que dieron inicialmente. Tal vez se pueda deducir de nuestra reflexión que el Naasé, por si solo es insuficiente y puede llevar a la superstición, a menos que sea seguido por el Nishmá, la ponderación y la reflexión acerca de las leyes recibidas.

Los textos de la Kabalá sugieren que únicamente en Dios se unen el Ratsón elyón y el Ratsón tajtón en una armonía total. Mientras que, en el hombre, en muchas oportunidades, estas dos voluntades están en conflicto. Depende, tal vez, de nuestras metas en la vida. El Ratsón tajtón es pragmático, se satisface con logros mediocres y busca la utilidad inmediata. Se limita a la percepción visual y actual de las cosas. Pero la gloria pertenece al Ratsón elyón, que responde a una visión, a las causas que tienen valor eterno y a los propósitos nobles.

MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARASHÁ

CONTIENE 17 MITSVOT POSITIVAS Y 38 PROHIBICIONES

  1. Deuteronomio 12:2 Destruir los lugares de servicio idólatra
  2. Deuteronomio 12:4 No borrar escritos sagrados, el escrito Nombre de Dios, o destruir lugares de devoción que llevan Su Nombre
  3. Deuteronomio 12: 5-6 Traer todas las ofrendas y ofrendas voluntarias prometidas en el primer festival de peregrinaje que acontece después de hecha la promesa
  4. Deuteronomio 12:13 No sacrificar fuera del Templo
  5. Deuteronomio 12:13 Sacrificar todas las ofrendas en el Templo y no en ninguna parte fuera de él
  6. Deuteronomio 12:15 Redimir animales consagrados para ofrendas que han adquirido tachas
  7. Deuteronomio 12:17 No comer el segundo diezmo de granos fuera de Jerusalem
  8. Deuteronomio 12:17 No consumir el segundo diezmo de vino fuera de Jerusalem
  9. Deuteronomio 12:17 No consumir el segundo diezmo de aceite fuera de Jerusalem
  10. Deuteronomio 12:17 No consumir un primogénito animal sin tacha fuera de Jerusalem
  11. Deuteronomio 12:17 No comer la carne de una ofrenda por pecado u ofrenda por culpa fuera del Templo
  12. Deuteronomio 12:17 No comer la carne de una ofrenda quemada
  13. Deuteronomio 12:17No comer la carne de una ofrenda de menor santidad antes que su sangre sea salpicada sobre el Altar
  14. Deuteronomio 12:17 Los Kohanim no deben comer los primeros frutos antes que sean colocados en la Patio del Templo
  15. Deuteronomio 12:19 No dejar de dar a los Leviim sus correspondientes obsequios, especialmente en el momento de la festividad
  16. Deuteronomio 12:21 Sacrificar ritualmente al animal antes de comer su carne
  17. Deuteronomio 12:23 No comer un miembro de un animal vivo
  18. Deuteronomio 12:26 Traer la ofrenda de un animal que se debe ofrendar en el Templo, incluso desde la diáspora
  19. Deuteronomio 13:1 No añadir a las Mitsvot de la Torá
  20. Deuteronomio 13:1 No sustraer de ninguna de las Mitsvot de la Torá
  21. Deuteronomio 13:4 No escuchar a quien profetice en nombre de un ídolo
  22. Deuteronomio 13:9 No tener afecto por quien incita al culto idólatra
  23. Deuteronomio 13:9 No disminuir nuestro odio por quien incita al culto idólatra
  24. Deuteronomio 13:10 No rescatar de la muerte a quien incita al culto idólatra
  25. Deuteronomio 13:9 Quien ha sido mal influenciado no debe hablar a favor de quien incita al culto idólatra
  26. Deuteronomio 13:9 Quien ha sido mal influenciado no debe dejar de criticar a quien incita al culto idólatra
  27. Deuteronomio 13:12 No incitar a un judío al culto idólatra
  28. Deuteronomio 13:15 Examinar exhaustivamente a los testigos
  29. Deuteronomio 13:17 Quemar la ciudad que se ha desviado y adora ídolos, junto con todo lo que contiene
  30. Deuteronomio 13:17 No reconstruir a su condición anterior la ciudad que se ha desviado y adoró ídolos
  31. Deuteronomio 13:17 No derivar beneficio alguno de la riqueza de la ciudad que se ha desviado y adoró ídolos
  32. Deuteronomio 14:1 No darse tajos como hacen quienes adoran ídolos
  33. Deuteronomio 14:1 No desarraigar el pelo de la cabeza por tristeza causada por un muerto
  34. Deuteronomio 14:3 No comer las ofrendas de animales sagrados que fueron descalificados
  35. Deuteronomio 14:11 Examinar las señales del ave para ver si es kasher
  36. Deuteronomio 14:19 No comer langostas que no son kasher o insectos con alas
  37. Deuteronomio 14:21 No comer la carne de cualquier animal doméstico o animal salvaje que murió por sí solo
  38. Deuteronomio 14:22 El Segundo Diezmo
  39. Deuteronomio 14:28 El Diezmo para el Pobre en el tercer año en lugar del Segundo Diezmo
  40. Deuteronomio 15:2 No exigir pago por una deuda sobre la cual pasó el Año Sabático
  41. Deuteronomio 15:3 Cobrar el pago total de un préstamo a un no-judío
  42. Deuteronomio 15:3 Perdonar deudas en el Año Sabático
  43. Deuteronomio 15:7 No dejar de apoyar a un pobre y darle lo que necesita
  44. Deuteronomio 15:8 Dar caridad
  45. Deuteronomio 15:9 No dejar de prestar al pobre porque el Año Sabático cancelará la deuda
  46. Deuteronomio 15:13 No permitir que el esclavo hebreo salga libre con manos vacías
  47. Deuteronomio 15:13 Darle en regalo de indemnización al esclavo hebreo cuando sale libre
  48. Deuteronomio 15:19 No hacer trabajar al animal que ha sido consagrado como ofrenda
  49. Deuteronomio 15:19 No rapar el animal que ha sido consagrado como ofrenda
  50. Deuteronomio 16:3 No comer jaméts después del mediodía en el día anterior a Pésaj
  51. Deuteronomio 16:4 No dejar carne de la ofrenda de la festividad, sacrificada el 14 de Nisán hasta el tercer día 
  52. Deuteronomio 16:5 No ofrendar el sacrificio de Pésaj en un altar privado
  53. Deuteronomio 16:14 Regocijarse en las Festividades de Peregrinaje
  54. Deuteronomio 16:16 Presentarse en el Beit HaMikdash, el Templo, en las Festividades de Peregrinaje
  55. Deuteronomio 16:16 No subir a Jerusalem y presentarse en el Beit HaMikdash para una Festividad de Peregrinaje sin una ofrenda animal

FREE WILL

RE’EH_DEUTERONOMY XI,26 – XVI,17

Re’eh, “look”, says the Torah, I place in front of you Berachah ukelalah, “a blessing and a curse”. In this way, we are made to know that the choice is ours, that the result of our actions can be anticipated, and that the consequences of these are not arbitrary.  If we comply with the Mitzvot, we obtain the Berachah, and in the opposite case, we suffer the Kelalah. In future chapters, this warning will be repeated, and we will read in the text, “… I gave you a choice between life and death, between blessing and curse, Uvacharta bachayim, and I exhorted you to choose life…”.

On a visit by Israel’s late president Zalman Shazar to the United States, he appeared before a meeting of the New York Board of Rabbis, where he quoted the text in question. Shazar questioned the fact that by instructing Uvachartah bachayim, the Torah contradicted the hypothesis of Bechirah chofshit, which is free will. The ability of choice would have been apparent if our text merely pointed out the anticipated consequences of our behavior and allowed everyone to choose their own path. 

Shazar then continued with an analysis of the great moral ills that afflict our society and concluded by pointing out that disinterest and apathy cause dehumanization, stifling any possibility of advancement and progress. Insensitivity to the suffering of others is morally indefensible, and apathy is even more pernicious to society than the lack of concern for the pain of others. Incomprehension and indifference produce greater anguish than the petty attitude of not offering aid or a concrete helping hand.

The Torah is attentive to this human fault and the quoted text orders the reflection about the Berachah and the Kelalah. We must meditate on what the results are when living according to the Mitsvot as opposed to a behavior that does not take them into account. The Torah commands us to meditate on our responsibilities and consequently, we make do with behavior that is characterized by inertia and the absence of action. The conclusion of any reflection, according to Shazar, must necessarily lead to Uvachartah bachayim. Because we all want a harmonious and conflict-free society, which is impossible to achieve in an environment where theft reigns. Because we all support, (nowadays it seems that not all of us) in principle, the unity, and solidity of the family nucleus and we know the tragedy that irresponsible fatherhood entails. Because we all feel that work is necessary, but, at the same time, we know that the spirit also requires attention. 

Our essential weakness is that we do not devote enough attention to the analysis of our daily behavior that permits us to anticipate with joy and optimism what our actions will reap in the future. The desirable and advisable result of any study would be an orderly life, under a regime of human law and order, which should invariably lead us to Uvachartah bachayim (this principle, unfortunately, is presently being questioned by some members of our society).

The Bechirah chofshit, which is free will, however, is fundamental to our tradition, because otherwise, we could not contemplate the total structure of Sechar ve’onesh, the reward for good deeds and punishment for crimes which is part of our religious thinking. The possibility of free choice is a prerequisite for being able to then request and demand that responsibility be taken for the consequences of actions.

Harav Yosef Dov Haleví Soloveitchik, the teacher of teachers, questions the response of our ancestors when they were offered the Torah, which is the Law. According to the biblical text, the response at the foot of Mount Sinai was Na’aseh venishma, which our expositors interpret as a manifestation of the willingness of our ancestors to obey and fulfill the precepts, even before knowing the details of its content. Indeed, the generation of that time did not exercise their Bechirah chofshit, since they did not make a previous evaluation and a weighted judgment in relation to the commitment they were assuming.

Soloveitchik proposes the existence of two types of will. The first is called Ratson elyon, which means higher will. This expression of our will is not based on an intellectual process and does not resort to reasoning. The Ratson Elyon responds to certain impulses of our spirituality and reveals the authentic identity of the human being. The internal debate consisting of a logical evaluation of the different possibilities belongs to the world of the Ratson Tachton, the inferior will. This is the will that we use in our work and in the many arguments, we make every day.

It is interesting to note that the great resolutions of life are not the result of an intellectual activity that painstakingly examines the credits and debits that our actions imply. Generally, decisions of greater consequence, such as marriage and profession, are not necessarily preceded by a thorough examination of options. Chance and first impressions play an important role. Faith, for example, is rather the result of an existential leap and a consequence of a strong irresistible feeling and does not signal the culmination of a process of reasoning.

Our forefather Avraham did not arrive at his conception of the Divinity because he examined with a fine telescope the orbit of the planets or proceeded to count the stars of the firmament. As he contemplated the vastness of the cosmos, Avraham felt, in the depths of his being, the Divine presence. It is an emotional conviction and a spiritual truth that the patriarch recognized at that time. The moment of discovery or scientific discovery is given, on numerous occasions, as a kind of internal light that for no apparent reason reaches the intellect, explaining the phenomenon that was previously unintelligible. (There are also those who rightly point out that only researchers and those who work hard for a long time in solving certain problems are the ones who suddenly receive this spontaneous illumination).

The hypothesis that we point out involves certain risks or dangers because it affirms that intuitions and feelings govern the most complex processes of our lives. The probability of pressing a key of some computer that can unleash a world atomic conflagration, according to our considerations, perhaps depends on this Ratson Elyon, a will that is beyond the control of our intellect. The exercise of the Ratson Elyon comes to be the result of involuntary sensations and uncontrollable impulses, apparently, unverifiable.

The Ratson Tachton probably also has the function of a kind of control over the Ratson Elyon. Discovery and invention are the results of that indefinable inner light that is the Ratson Elyon. But then the Ratson Tachton comes into the function to verify the theories and give a stamp of approval to the suggested conclusions.

The rapid acceptance of the Torah represented by the Na’aseh of our ancestors was followed by the Nishma that demands study and research on the consequences of the leap of faith they gave initially. Perhaps it can be deduced from our reflection that the Na’aseh, alone is insufficient and can lead to superstition, unless followed by the Nishma, the pondering and reflection on the Laws received.

Texts of the Kabalah suggest that only in God do the Ratson Elyon and Ratson Tachton unite in total harmony. Whereas, in man, on many occasions, these two wills are in conflict. It depends, perhaps, on our goals in life. The Ratson Tachton is pragmatic, satisfied even with mediocre achievements, and seeks immediate utility. It is limited to the visual and current perception of things. Glory belongs to the Ratson Elyon, which response to a vision, to causes that have eternal value, and to noble purposes.

MITSVAH: ORDINANCE OF THE TORAH IN THIS PARASHAH

CONTAINS 17 POSITIVE MITZVOT AND 38 PROHIBITIONS

  1. Deuteronomy 12:2 Destroying Idolatrous Service Places
  2. Deuteronomy 12:4 Do not blot out sacred writings, the written Name of God, or destroy places of devotion bearing His Name
  3. Deuteronomy 12:5-6 Bring all the promised offerings and voluntary offerings at the first pilgrimage festival that happens after the promise is made
  4. Deuteronomy 12:13 Do not sacrifice outside the Temple
  5. Deuteronomy 12:13 Sacrificing all offerings in the Temple and not anywhere outside it
  6. Deuteronomy 12:15 Redeeming Consecrated Animals for Offerings That Have Acquired Tachas
  7. Deuteronomy 12:17 Do not eat the second tithe of grains outside of Jerusalem
  8. Deuteronomy 12:17 Do not consume the second tithe of wine outside Jerusalem
  9. Deuteronomy 12:17 Do not consume the second tithe of oil outside Jerusalem
  10. Deuteronomy 12:17 Do not consume an unblemished firstborn animal outside of Jerusalem
  11. Deuteronomy 12:17 Do not eat the flesh of a sin offering or guilt offering outside the Temple
  12. Deuteronomy 12:17 Do not eat the flesh of a burnt offering
  13. Deuteronomy 12:17 Do not eat the flesh of an offering of lesser holiness before its blood is splattered on the Altar
  14. Deuteronomy 12:17 The Kohanim should not eat the first fruits before they are placed in the Temple Courtyard
  15. Deuteronomy 12:19 Do not fail to give the Leviyim their corresponding gifts, especially at the time of the feast
  16. Deuteronomy 12:21 Ritually slaughtering the animal before eating its flesh
  17. Deuteronomy 12:23 Do not eat a member of a living animal
  18. Deuteronomy 12:26 Bring the offering of an animal to be offered in the Temple, even from the diaspora
  19. Deuteronomy 13:1 Do not add to the Mitsvot of the Torah
  20. Deuteronomy 13:1 Do not subtract from any of the Mitsvot of the Torah
  21. Deuteronomy 13:4 Do not listen to one who prophesizes in the name of an idol
  22. Deuteronomy 13:9 Have no affection for those who incite idolatrous cult
  23. Deuteronomy 13:9 Do not diminish hatred for those who incite idolatrous cult
  24. Deuteronomy 13:10 Do not rescue from death those who incite idolatrous worship
  25. Deuteronomy 13:9 One who has been badly influenced should not speak on behalf of those who incite idolatrous cult
  26. Deuteronomy 13:9 One who has been badly influenced should not fail to criticize those who incite idolatrous cult
  27. Deuteronomy 13:12 Do not incite a Jew to idolatrous worship
  28. Deuteronomy 13:15 Thoroughly Examine witnesses
  29. Deuteronomy 13:17 Burn the city that has been deviant and worships idols, along with all that it contains
  30. Deuteronomy 13:17 Do not rebuild to its former condition the city that has deviated and adored idols
  31. Deuteronomy 13:17 Do not derive any benefit from the wealth of the city that has deviated and adored idols
  32. Deuteronomy 14:1 Do not give yourself gashes as those who worship idols do
  33. Deuteronomy 14:1 Do not uproot the hair from your head out of sadness caused by a dead person
  34. Deuteronomy 14:3 Do not eat the offerings of sacred animals that were disqualified
  35. Deuteronomy 14:11 Examine the bird’s signs to see if it is kasher
  36. Deuteronomy 14:19 Do not eat lobsters that are not kasher or insects with wings
  37. Deuteronomy 14:21 Do not eat the flesh of any pet or wild animal that died by itself
  38. Deuteronomy 14:22 The Second Tithe
  39. Deuteronomy 14:28 The Tithe for the Poor in the Third Year instead of the Second Tithe
  40. Deuteronomy 15:2 Not to demand payment for a debt after the Sabbatical Year
  41. Deuteronomy 15:3 Collect the full payment of a loan from a non-Jew
  42. Deuteronomy 15:3 Forgive debts in the Sabbatical Year
  43. Deuteronomy 15:7 Do not stop supporting a poor man and giving him what he needs
  44. Deuteronomy 15:8 Giving Charity
  45. Deuteronomy 15:9 Do not stop lending to the poor because the Sabbatical will cancel the debt
  46. Deuteronomy 15:13 Not allowing the Hebrew slave to go free empty-handed
  47. Deuteronomy 15:13 Give a gift of compensation to the Hebrew slave when he goes free
  48. Deuteronomy 15:19 Do not do work with the animal that has been consecrated as an offering 
  49. Deuteronomy 15:19 Do not shave the animal that has been consecrated as an offering
  50. Deuteronomy 16:3 Do not eat chamets after noon on the day before Pesach
  51. Deuteronomy 16:4 Leaving no flesh from the offering of the feast, sacrificed on the 14th of Nisan until the third day
  52. Deuteronomy 16:5 Do not offer the sacrifice of Pesach on a private altar
  53. Deuteronomy 16:14 Rejoice in the Feasts of Pilgrimage
  54. Deuteronomy 16:16 Appear at the Beit HaMikdash, the Temple, on the Pilgrimage Festivities
  55. Deuteronomy 16:16 Do not go up to Jerusalem and show up at the Beit HaMikdash for a Pilgrimage Feast without an animal offering