ACERCA DE LOS KORBANOT (Sacrificios)

Parashá VAYIKRÁ

El tercer libro de la Torá, Vayikrá, también es conocido como Torat Kohanim, Levítico, en español, porque detalla las leyes referentes a la tribu de Leví. En particular, encontramos los instructivos pertinentes a los Kohanim y a los Korbanot, los sacrificios que serán ofrendados en el Beit HaMikdash. Es importante destacar que la palabra “sacrificio” no representa adecuadamente la idea contenida en el vocablo bíblico Korbán que proviene de la raíz hebrea “krv” que quiere decir “cerca”, y encierra el deseo del ser humano por un “acercamiento” a Dios, según el cual, el Korbán se convierte en el instrumento para esta proximidad.

La Torá concibe varios tipos de Korbán. En primer orden debemos destacar el Korbán Tamid, la ofrenda diaria en representación del colectivo del pueblo judío. En efecto, el rezo de Shajarit es un eco de este Korbán y la oración se recita durante el lapso de tiempo correspondiente a esta ofrenda en el Beit HaMikdash. Durante los días festivos se ofrendaban Korbanot adicionales, hecho que se refleja en el rezo Musaf que se incorpora durante las festividades.

Algunos sacrificios, como la Olá, ascenso, eran consumidos totalmente por el fuego en el Mizbéaj, el altar, con la excepción de la piel. En cambio, en el caso de Minjá, los Kohanim compartían los restos del animal que quedaban sobre el altar. El Korbán Shelamim, ofrecido como una ofrenda por la paz, o tal vez como una expresión de agradecimiento por estar “shalem”, completo y satisfecho, con la salvedad de unas partes internas y grasas, la gran parte del animal podía ser consumido por el Kohén y la familia que hacía la ofrenda. Tal como las dos anteriores, es una ofrenda voluntaria de la persona. Estos sacrificios son una expresión de gratitud del ser humano en reconocimiento de la providencia de Dios.

Para expiar un error se ofrendaba el Korbán Jatat. Se debe destacar que solamente faltas cometidas por descuido, sin intención, exigían este sacrificio que debía estar acompañado por la Teshuvá, el arrepentimiento sincero por el pecado. Las transgresiones intencionales recibían el castigo prescrito por la Torá y no había la opción del Korbán en estos casos. O sea no se puede cometer un error con toda intención de hacerlo, y luego pedir perdón por el hecho.

Se concebía cuatro tipos de Korbán Jatat, dependiendo de quien había cometido el error por descuido. El primero corresponde al Kohén Gadol y el segundo cuando el colectivo cometía un error. El tercer tipo se refiere a quien ejercía la jefatura de la nación, incluyendo al rey. El cuarto se refiere a cualquier individuo. La tradición considera que los primeros dos tipos son más comprometedores porque incluyen al liderazgo religioso y a toda la nación.

Un Korbán diferente, denominado Asham, se refiere al uso indebido, sin intención de hacerlo, de alguna propiedad perteneciente al Santuario. Además de la ofrenda, la persona tenía que hacer la debida devolución más una multa equivalente a una quinta parte del objeto en cuestión.

Es pertinente recordar la posición que Rambam asume en Moré Nevujim, tratado en el cual discute las razones que motivaron que ciertas normas fuesen legisladas. Argumenta que en Canaán solían cocinar el cordero en la leche de su madre, como parte de un culto idólatra. Al mismo tiempo utilizaban vestimentas confeccionadas de una mezcla de lana y lino. Por ello, la Torá prohibió estas prácticas para diferenciar a los hebreos de los rituales paganos.

De manera similar, considera que Dios impuso las leyes de los Korbanot como una etapa intermedia, cuyo propósito era su eventual abolición total. Dado que la naturaleza del ser humano no permite una transición brusca, cuando se toma en cuenta que la práctica de los sacrificios era anteriormente universal e incluso había pueblos que estilaban el sacrificio humano. Por lo tanto, la Torá reglamento los sacrificios. Tenían que ser generalmente ofrendados por el Kohén y tan sólo en el Beit HaMikdash.

Esta interpretación de la tradición judía presenta dificultades porque implica que el orden de los sacrificios del Beit HaMikdash no tiene valor intrínseco, son una especie de concesión que probablemente no serán una realidad en la era mesiánica.

Rambán, Najmánides de Gerona, no está de acuerdo con la interpretación de Rambam. Argumenta que si eso fuera así, ¿por qué ofrendó Nóaj sacrificios al salir del Arca? En aquel momento no había ni egipcios ni cananitas con sus cultos idólatras.

Ibn Ezrá, por ejemplo, explica los Korbanot de manera diferente cuando destaca que el hombre se manifiesta a través del pensamiento, la palabra y la acción. Al ofrendar el Korbán, la persona tiene que colocar sus manos sobre el animal como referencia a una falta que cometió a través de la acción. Debe confesar su error y de esta manera expía por la falta que cometió a través del indebido uso de la palabra. El consumo de las partes interiores del animal por el fuego se refiere al asiento de los malos sentimientos, que en el lenguaje de la Torá se encuentra simbólicamente en los riñones de la persona.

En conclusión, para Rambán, Ibn Ezra y otros exegetas, no se puede concebir que las leyes de la Torá sean pasajeras, porque la voluntad de Dios tiene que ser válida para todo lugar geográfico y cualquier época.

Concluimos con un pensamiento de Harav Kook que toma en cuenta las dificultades del hombre moderno para entender el sentido del sacrificio animal. Oramos porque Dios reconstruya el Beit HaMikdash, hecho que sólo puede consumarse de manera milagrosa. Como parte integral de ese evento milagroso, dice Harav Kook, el Creador revelará un entendimiento novedoso del alcance espiritual del Korbán que será satisfactorio, incluso para la mente sofisticada del hombre contemporáneo.