CÓMO ESCOGER UNA FILOSOFÍA PARA LA VIDA

Parashá JAYEI SARÁ

El estudio de la vida y de las características individuales de los patriarcas es fundamental para comprender las bases del judaísmo.

La historia del judaísmo empieza con Avraham y continúa con sus descendientes incluyendo el momento cuando empieza la construcción de la nación con el éxodo de Egipto.

El judaísmo hace su aparición en el escenario con el llamado de Dios a Avraham, Lej lejá: vete del hogar de tus padres a una tierra que te indicaré y paulatinamente se descubren cuáles son los elementos que distinguen a esta nueva filosofía de la vida con el potencial de convertirse en una teología.

Nuestros capítulos informan acerca de la muerte de Sará, la primera matriarca. La ausencia de detalles de su deceso es complementada por la Torá Oral, con el Midrash que revela que Sará murió al escuchar que su único hijo Yitsjak sería sacrificado como una ofrenda a Dios, en una difícilmente entendible demostración de un amor ilimitado por Dios. ¿Cuál fue la reacción de Avraham? ¿Acaso se sintió culpable de la muerte de su esposa y como consecuencia de ella entró en un estado de depresión aguda? Avraham llora por su mujer y reflexiona acerca de sus virtudes y luego enfrenta la realidad: se debe buscar un lugar apropiado para enterrar a Sará. Avraham adquiere un amplio terreno donde reposarán los restos mortales de los patriarcas y según una antigua tradición, allí también se encuentran enterrados Adam y Javá. Mearat Hamajpelá, es el nombre del lugar, el mausoleo de los patriarcas, ubicado en la ciudad de Jevrón y motivo de disputa actual entre Israel y los palestinos.

La muerte de Sará podía haber provocado una reacción de ascetismo, según observa el profesor Dov Schwartz. Existen costumbres primitivas según las cuales los sobrevivientes laceran sus cuerpos ante la muerte de un deudo.

Una visión ascética implica probablemente la negación de la vida familiar y comunal, porque la concentración sobre la deidad debe ser total. Tal vez el sacerdocio cristiano, que exige el celibato, comparte esa noción. Es un comportamiento que niega el valor del mundo material para entronar el universo espiritual como alternativa única.

La idea bíblica del nazir, la persona que promete abstenerse de ciertos placeres como el consumo del producto de la vid, evadir el contacto con un muerto y no cortarse el pelo, apunta hacia una vida de privación material y una dedicación exclusiva hacia lo celestial.

Hay quienes señalan acertadamente que la Torá exige un sacrificio al término del período de nezirut, señalando de esta manera que el nazir no debe considerarse como un héroe espiritual, una condición óptima para el judío. A diferencia de Shimshón quien permaneció toda su vida bajo el signo de nezirut, el Talmud postula que, cuando no se especifica, el período de nezirut tiene la duración de un mes. O sea que, de acuerdo al Talmud, ser nazir debe ser una elección pasajera.

Avraham no opta por convertir a Sará en un ícono, llora por ella, pero también la entierra; no la olvida, pero tampoco la venera. La muerte de su esposa no implica el fin de su historia familiar. Ahora tiene que dedicarse a Yitsjak, a la búsqueda de una esposa apropiada para su hijo, tiene que pensar en el futuro del pueblo que está engendrando. La dificultad de engendrar con Sará lo ha sensibilizado para valorar aún más a Yitsjak, quien a través de la Akedá demostró su disposición de ofrecer su vida en el servicio de Dios.

Al mismo tiempo, el Creador demostró que no deseaba el sacrificio humano.

El judaísmo tendrá que escoger entre varias alternativas, inclinándose por una más que otra sin desechar alguna; entre el ascetismo y una vía que busca un término medio, y que acentúa el modelo espiritual pero no niega el valor del mundo material. El conflicto y la dicotomía ocasionados por tener que escoger entre el bien y el mal, el mundo secular y el entorno espiritual, el interés propio y el altruismo, y la cobardía y la valentía, es el fermento catalítico que obliga a pensar y reflexionar, a la continúa búsqueda e identificación del sendero que debe servir para el crecimiento y desarrollo espiritual que comenzó con Avraham y que continúa hasta el presente. Vivir es buscar. En el Más Allá se encuentra una contemplación de la radiante Presencia de Dios.

Vida y muerte de Sará

JAYEI SARÁ - Génesis XXIII - XXV,18

IMG_0119Nuestra lectura semanal, Jayei Sará, que es la vida de Sará, y el nombre de la esposa de Avraham, comienza con el relato de su fallecimiento. De esta forma tal vez se señala, que hay personas cuya vigencia persíste incluso después de su desaparición física. La influencia de su recia personalidad se deja sentir también después de su muerte. Sará fallece a los ciento veintisiete años. La Biblia nos informa de este hecho con cierta lentitud: “cien años, veinte años y siete años, los años de la vida de Sará”. Nuestros jajamim, siempre atentos a cualquier cambio en el lenguaje usual, cuestionan el por qué de la repetición de la palabra “años” en la enumeración de la edad de Sará. Se sugieren alternativas, tales como que a la edad de los cien años, Sará estaba tan libre de pecados como a la edad de los veinte; y que a los veinte era tan bella como a los siete; y así sucesivamente.

Personalmente, encuentro un mensaje adicional. La Torá nos señala las diferentes etapas en la vida, la niñez, la del adulto joven, la de la vejez, dónde cada una de estas edades tiene sus características y encantos particulares. O sea que Sará a los veinte, tenía las características propias una mujer de esa edad, y a cumplir un siglo era tal como alguien de cien años. Esto supone cierta sabiduría y un alma que había evolucionado para agradecer las bendiciones de cada momento de la vida. Es demasiado frecuente en nuestra sociedad actual el joven de catorce años que desea tener dieciocho para tener el derecho de conducir un automóvil, o para disponer de las prebendas que marcan la mayoría de edad. Y, ¿acaso nos resulta desconocida, la niña de doce años que desea tener dieciséis, para poder ser cortejada por algún joven? Más aún, los de sesenta años quisiéramos aparentar cuarenta y algunos están dispuestos incluso a someterse a intervenciones quirúrgicas de orden estético para tales propósitos. Desde luego, estamos frente a un problema complejo, con evidentes consecuencias emocionales que repercuten en la salud de la persona. A simple vista, parecería que estamos abusando un tanto de nuestro cuerpo al exigirle una edad diferente a la cronológica. Cada edad, obviamente, tiene sus propias modalidades y oportunidades y se requiere de la sabiduría para saber apreciar, aprovechar y vivir en todas sus dimensiones, el aquí y ahora de la vida de una persona.

Según nuestros sabios, Sará fallece al escuchar que su hijo Yitzjak es casi sacrificado. Avraham adquiere una propiedad, a perpetuidad, para enterrar a su esposa. Este lugar, Mearat Hamajpelá, se convierte en el sitio de sepultura para todos los patriarcas y sus esposas, con la excepción de nuestra matriarca Rajel. La ubicación de la sepultura es en Jevrón, un lugar de peregrinaje obligado para los creyentes.

La gran preocupación de Avraham, inquietud que es casi una obsesión, es la de asegurar la continuidad de sus enseñanzas. Su concepción del pacto entre Dios y la humanidad, que es la de un Dios que responde y reacciona frente a la conducta moral del hombre, tenía que ser transmitida a las generaciones futuras. En las tierras idólatras de Canaán no era posible conseguir a una joven que pudiese ser madre y educadora de quienes tendrían que llevar por encima de todo el conocimiento y el fervor de estas nuevas enseñanzas. Avraham le impone entonces un juramento a su siervo Eliézer para que se esmere en conseguir una esposa apropiada y adecuada para su hijo y heredero Yitzjak, una esposa que provenga de su hogar ancestral.

Al llegar a las afueras de Jarán, Eliézer decide guiarse por la siguiente prueba: la escogida será la primera joven que le ofrezca agua, para él y sus camellos. Parece, pues, que para Eliézer la cualidad esencial en una futura esposa es la bondad. La bella Rivká es la muchacha seleccionada por su amabilidad y después de un intercambio de obsequios con la familia de la doncella comienza el viaje de vuelta al hogar de Avraham. Antes de partir, los familiares despiden a Rivká con la bendición ajotenu at hayí lealfei revavá, “nuestra hermana que seas miles de diez miles”, o sea: que numerosos hijos emanen de ti. Estas mismas palabras se utilizan hoy en día, para bendecir a toda novia momentos antes de la ceremonia nupcial, la Jupá. En las cercanías del hogar de Avraham, Rivká nota a un joven que se pasea en el campo. Al escuchar que se trata de su prometido (tal vez debido a la emoción del encuentro) se cae del camello y luego se cubre el rostro con un velo. Para rememorar este hecho ocurrido con la primera joven casamentera mencionada en la Torá, toda novia se cubre la cara en el momento de la ceremonia de la boda, en señal de modestia. La unión entre Yitzjak y Rivká es la primera que se describe con abundancia de detalles y por lo tanto sirve de modelo para el futuro.

El Talmud le da una interpretación adicional al hecho de que, para la boda, la novia se cubre el rostro con un velo. Es para señalar a los novios, dice el Talmud, que no se fijen sólo en la belleza superficial, sino en la belleza interna, en la belleza espiritual de su futura cónyuge.

Nuestro relato continúa con la descripción del momento en que Yitzjak toma a Rivká como esposa, vayikaj et Rivká vatehí lo leishá vayeehaveha, que quiere decir: y tomó a Rivká y ella fue su esposa y la amó. Cuando el verbo lakóaj es utilizado con referencia a una mujer, nuestros jajamim le dan el significado de matrimonio. Así se desprende de varios versículos de la Torá entre los cuales figuran en forma destacada algunos que corresponden a la lectura de esta semana que ilustran la manera y los medios para realizar la ceremonia del matrimonio. Es interesante notar, según nuestra última cita, “y ella fue su esposa y la amó,” que el esposar antecede al amor en nuestro texto. En nuestra cultura en cambio, se concibe que el amor deba ser anterior al matrimonio. La concepción bíblica sirve, tal vez, para acentuar que el amor más profundo se desarrolla después del matrimonio. El amor se fortalece y se fortifica con la convivencia y con la mayor definición de los propósitos y de las metas comunes en la vida conyugal. El amor es más auténtico y duradero cuando marido y mujer enfrentan juntos las vicisitudes y los retos de la vida, así como cuando comparten sus bondades y bendiciones.

Las últimas líneas de nuestros capítulos cuentan que Avraham se casa con una esposa más y, más tarde, a los ciento setenta y cinco años, fallece. Yitzjak y Yishmael se reúnen durante el duelo, en el dolor de la muerte de su padre y lo entierran en la misma Mearat Hamajpelá donde yacen los restos de Sará. El sufrimiento y la tragedia son aquí factores de unión y de acercamiento. Los hermanos que habían escogido rumbos muy diferentes y antagónicos, se reencuentran en el dolor profundo por el fallecimiento del padre. La muerte borra, al menos momentáneamente, las marcadas diferencias entre Yitzjak y Yishmael y ambos llevan al patriarca a su sepultura. El final del período del duelo señala, nuevamente, su escogencia de caminos que se bifurcan, que se apartan, simbolizando la discrepancia existente entre la óptica espiritual de cada uno de ellos.