CONSTRUCCIONES EN LA TORÁ

Parashá TSAV

Estos capítulos describen la manera de hacer las diferentes ofrendas y cuál era el propósito o la función de cada una de ellas. Los numerosos detalles que se mencionan sirven para destacar que los Korbanot, los sacrificios, no constituían un culto oculto, un misterio que solamente los Kohanim conocían, hecho que proporcionaría a la casta sacerdotal algún poder velado sobre el colectivo.

Está claro que el Korbán era la razón básica para la construcción del Mishkán y del Beit HaMikdash en una época posterior. Por un lado, el Mishkán era la “residencia” Divina en la tierra; aunque la Torá insiste en que Dios no está restringido a un lugar geográfico específico, Dios reside Betojam, en medio del pueblo. Al mismo tiempo, el Korbán era el vehículo para el acercamiento del hebreo a la Divinidad.

Al ofrendar aprendía que toda relación significativa e importante exige colaborar y dar. De esta manera se incorporó al espíritu del pueblo el deber de compartir con el pobre y el menos afortunado.

La Torá menciona varias construcciones y edificaciones. En los primeros tiempos, en un intento de retar la soberanía de Dios, el hombre inició la construcción de una torre que serviría de punto de referencia para evitar que se dispersara la población, pero al mismo tiempo deseó alcanzar las alturas del cielo para entablar una lucha y, posiblemente, derrotar a la deidad.

Una segunda construcción tiene que ver con el intento del hombre de salvarse de la furia de la naturaleza: el arca de Nóaj le permitirá salvarse del diluvio. Esta vez, la construcción de la nave no es una acción del colectivo. Un individuo, Nóaj, reconoce que la sociedad ha llegado a un punto sin retorno, el irrespeto por la propiedad ajena se ha convertido en lugar común. Habiendo sido advertido de que Dios destruirá a la Humanidad, incluso al mundo animal, Nóaj emprende una construcción que le tomará ciento veinte años, tiempo suficiente para que quienes lo observen tengan la oportunidad de cambiar su comportamiento y evitar el desenlace fatal. La Tevá, el arca de Nóaj, simboliza el esfuerzo espiritual del individuo por sobreponerse al ambiente viciado que lo rodea, esfuerzo que se traduce en su alejamiento de la sociedad para centrar su interés en su persona y en el bienestar de sus seres más cercanos: esposa e hijos.

El Mishkán y los Korbanot representan una filosofía diferente. El Mishkán no es solamente el “hábitat” de Dios.

El Mishkán tiene las puertas abiertas para todo aquel que quiere compartir y ayudar al prójimo. De acuerdo con el profeta, el Beit HaMikdash es Ki Beití Beit Tefilá, yikaré lejol haamim, “Mi casa (el Beit HaMikdash) es una casa para la oración, una Casa para todos los pueblos”. Mientras que la Tevá de Nóaj representa la “propiedad privada”, el Mishkán es el “hogar de la comunidad”, incluso más allá de las fronteras del pueblo hebreo, de acuerdo con el pronunciamiento del profeta.

Se puede señalar una progresión en el sentir humano, comenzando con la Torre de Babel, que constituyó un intento de lucha contra la Deidad. Continúa con Nóaj, que opta por la redención individual en vista de que el resto de la Humanidad no desea seguir su ejemplo. Luego se arriba a una tercera etapa: el Mishkán que incluye al colectivo. Porque los sacrificios no eran la vía del acercamiento del Kohén a Dios. El Kohén era el oficiante, el delegado del pueblo, el Shalíaj tsibur. El sacrificio diario se realizaba en nombre de todo el pueblo, hecho que sale a relucir por la colecta de Majtsit Hashékel, la mitad de una moneda que tenían que aportar tanto el pobre como el rico, para crear un fondo que será utilizado la obtención del animal que deberá ofrendarse en nombre de la comunidad.

La progresión del desarrollo espiritual que representan el Arca de Nóaj y el Mishkán-Beit HaMikdash también se expresa en el hecho de que la primera construcción fue puntual, sirvió un propósito particular en un momento específico de la historia de la Humanidad. El Mishkán-Beit HaMikdash es una construcción “LeDorot”, que servirá por siempre, no obstante su ausencia temporal en el presente. Su razón de ser, la comunicación entre ser humano y Dios, está vigente y tiene validez en todo momento.

Aunque el Kohén era el oficiante principal, existía la posibilidad de hacer ofrendas individuales, tal como en el caso de los Shelamim, la ofrenda de la paz y agradecimiento.

La ausencia del Beit HaMikdash en los últimos dos milenios ha convertido la Tefilá, la oración, en instrumento para el acercamiento del hombre a Dios. En este caso, ya no se trata de una construcción física, porque incluso la sinagoga no es indispensable para entablar una “conversación” con Dios. La relación entre el hombre y la Divinidad se establece a través del sentimiento y la palabra, Bejol Makom, desde cualquier lugar y hora, parámetros que no están circunscritos a una coordenada geográfica.

EL KORBÁN COMO VEHÍCULO PARA EL ACERCAMIENTO

VAYIKRÁ

El Kohén y el Korbán son los temas fundamentales de Vayikrá, el tercer libro de la Torá. A diferencia del misterio que usualmente envuelve la actuación de los sacerdotes que practican algún culto idólatra, la Torá describe con todo detalle cómo se debía construir el Mishkán que sirvió de modelo para el Beit HaMikdash y cuáles eran los elementos que se debían incluir en su interior. Asimismo especifica cuáles eran las vestimentas del Kohén, el sacerdote que oficiaría las ofrendas y de que naturaleza eran esas ofrendas.

De esta manera, la Torá se aleja de lo oculto, del misterio, para señalar que el culto al Dios único no está basado en la casualidad, el antojo o la disposición anímica de la deidad.

Las reglas son claras y allí está el Decálogo para demostrarlo. Es oportuno destacar que el Korbán, tal como su nombre lo indica, tenía el propósito de cimentar el acercamiento entre la persona y Dios, entre la persona y su familia. El vocablo Korbán proviene de la raíz hebrea que quiere decir acercar, aproximar. La festividad de Pésaj, por ejemplo, que actualmente está representada especialmente por la Matsá, tenía un elemento adicional en la época del Beit HaMikdash que era el Korbán Pésaj, “la oveja pascual”. El célebre Afikomán, que consiste en el presente en la mitad de una Matsá que se guarda para ser utilizada a la conclusión de la cena, anteriormente consistía de un trozo de la carne del Korbán Pésaj. No existe otra celebración que insista en la unidad familiar alrededor de una mesa, tal como el Séder de Pésaj. Incluso otros sacrificios culminaban con la familia completa compartiendo la carne del Korbán. Por un lado estaba el acercamiento de la persona a Dios, a la tradición judía. Pero al mismo tiempo se estaba fomentando la unión entre los diferentes miembros de la familia.

El caso del Korbán Jatat era diferente, porque solamente el Kohén podía tener algún beneficio de la carne de esta ofrenda de expiación. En este caso se debe resaltar que el Korbán no podía ser utilizado como un remedio para el pecado, o sea que la persona, a través de la ofrenda, siempre podía obtener el perdón Divino después de cometer una fechoría. Se debe destacar primero que el Korbán podía ser ofrendado únicamente en caso de una falta involuntaria o inconsciente, nunca para limpiar el pecado hecho con toda la intención. Segundo, el Korbán Jatat tenía que ser precedido por el arrepentimiento, la Teshuvá. Sin el reconocimiento de culpa, sin una firme decisión de evitar pecar nuevamente, el sacrificio era ineficaz por sí solo.

Está claro que para reparar el error, un acto físico es insuficiente porque el pecado es el resultado de una falla moral, surge debido al desinterés de la persona por el bienestar del prójimo, por la falta de voluntad y carácter para no caer en la tentación. La ofrenda del Korbán se convierte en una vía simbólica para asumir la responsabilidad por las acciones, mientras que el proceso efectivo de redención tiene como punto de partida el acto de contrición, la reflexión intelectual acerca lo sucedido, la empatía por el sufrimiento ajeno, la conciencia del daño que se causa al prójimo.

La idea de la ofrenda para el mundo idólatra obedece a otros parámetros que tienen que ver usualmente con la conquista de la voluntad de la deidad. Su propósito es influenciar las decisiones de los poderes ocultos. Es el soborno que debe servir para alterar la decisión del tótem.

La ofrenda como una herramienta para el acercamiento a Dios y como instrumento simbólico para el reconocimiento del error son ideas que pertenecen al monoteísmo patriarcal.

Se plantea la hipótesis de que no existe la personalidad perfecta, porque incluso el Kohén Gadol, el Sumo Sacerdote, tiene que pedir perdón por sus errores. El bíblico Moshé no puede emprender la conquista de la Tierra Prometida, porque desobedeció la palabra de Dios en algún momento.

¿Por qué no creó Dios un universo libre del pecado? Está claro que la intención Divina incluía esta noción porque la historia de la Humanidad comienza con el pecado de la primera pareja. Al considerar que el pecado es necesario para el arrepentimiento, podemos concluir tal vez que el yerro estimula el crecimiento moral del hombre, quien tiene que superar su inclinación por el mal, y en el proceso de hacerlo, llega a conocerse mejor a sí mismo, creando una plataforma desde la cual puede alcanzar un nivel más elevado de espiritualidad.

EL MISHKÁN Y EL MONTE SINAÍ – LA CONCLUSIÓN DEL LIBRO SHEMOT

Parashá VAYAKHEL - Parashá PEKUDEI

¿Cuándo recibió el pueblo hebreo la orden de construir el Mishkán, el Tabernáculo que los acompañaría durante la travesía por el desierto? De acuerdo con Rashí y con la mayoría de los comentaristas, el Mishkán fue una respuesta a la adoración del Éguel Hazahav, el “Becerro de Oro” que los hebreos fabricaron como un sustituto de Moshé, quien tardó más de lo anticipado en retornar del monte Sinaí. Según Rambán, la construcción del Mishkán está relacionada con la revelación en el monte Sinaí, siendo el Kódesh HaKodashim el lugar más sagrado de este recinto, porque contenía el Arca que guardaba las dos Tablas de la Ley donde estaban grabados los Diez Mandamientos.

Al asumir la idea de Rashí se debe pensar que el Mizbéaj, el altar sobre el cual se hacían las ofrendas, era el lugar central del Mishkán, porque su función era la obtención del perdón Divino por las transgresiones. Esta idea se desprende del hecho de que el pecado relacionado con el “Becerro de Oro” fue el motivo para la construcción de esta Casa de Dios.

Rambán destaca que la Torá repite la orden de la construcción del Mishkán. La primera vez, como mencionamos, precedió al episodio del “Becerro de Oro” y su finalidad estaba conectada con la Ley que los hebreos recibieron en el Sinaí. Este instructivo se repite nuevamente en la Torá, para señalar que Dios le había perdonado la trasgresión al pueblo hebreo después del pecado del Éguel Hazahav. Más aún, el Mishkán servirá para la obtención del perdón en el futuro también.

No obstante, para Rambán el Mishkán no era solamente una respuesta al problema del pecado. El Mishkán permitía revivir el momento de la revelación en el Sinaí, cuando el pueblo hebreo contrajo un Berit, hizo un pacto con Dios.

Por otro lado, la Torá antecede al Sinaí, porque en Egipto los hebreos ya habían recibido ciertos instructivos con respecto al conteo de los meses, o sea, acerca de cómo valorar el tiempo que será consagrado especialmente con la celebración semanal del Shabat, el día de descanso, que también antecede a la revelación en el Sinai. De otra manera, la formulación

Zajor et Yom HaShabat lekadeshó, “Recuerda que debes santificar el día Shabat”, no sería correcta. En Mará, los hebreos habían sido instruidos con referencia al Shabat y varias leyes adicionales. O sea que el contenido legal de la Torá fue revelándose progresivamente durante la travesía por el desierto. El Mishkán era el lugar escogido para esta enseñanza continua de la ley contenida en la Torá.

Siguiendo el pensamiento de Rambán, el Mishkán era una continuación del Sinaí, porque Dios se comunicaba allí con Moshé, quien a su vez transmitía su voluntad al pueblo hebreo. Tal como la sinagoga se convirtió en un Mikdash Me’at, una pequeña Casa de Dios que acompañó al pueblo judío en la diáspora después de la destrucción del Beit HaMikdash de Yerushaláyim, de manera similar, el Mishkán representó al monte Sinaí.

De acuerdo con Benno Jacob, la revelación Divina en el monte Sinaí fue una preparación para la “presencia continua” de Dios en el Mishkán, en medio del campamento hebreo en el desierto. El Mishkán era una especie de monte Sinaí itinerante. Acentúa esta idea el hecho de que el Kódesh HaKodashim, el lugar más sagrado de este recinto, contenía las Dos Tablas de la Ley que se habían recibido en el monte Sinaí.

El libro de Shemot puede ser dividido en tres partes. La primera sección relata los eventos en Egipto, el período de la esclavitud que culminó con el éxodo. La segunda parte narra los eventos que condujeron al monte Sinaí y el otorgamiento de la Torá. La tercera sección se refiere a la construcción del Mishkán y la consagración de los Kohanim con sus vestimentas especiales, el tema de nuestros capítulos.

PEKUDEI

LA CONCLUSIÓN DEL LIBRO SHEMOT

Con estos capítulos concluimos Shemot, el segundo libro de la Torá, que se puede dividir en tres partes. La primera sección relata los detalles de la servidumbre egipcia y destaca el liderazgo de Moshé, quien logra convencer al faraón de que permita la salida del pueblo hebreo de Egipto. El faraón accedió finalmente a la solicitud de Moshé porque Dios envió diez plagas que causaron gran sufrimiento a los egipcios.

Solamente cuando la plaga afectó la casa del faraón –como fue el caso de la última, la muerte de todos los primogénitos egipcios– se logró doblegar la voluntad del monarca.

Decisión que fue luego alterada, porque el faraón envió a sus soldados y carrozas para que persiguieran a los hebreos por el desierto, pero estas hordas fueron derrotadascuando se ahogaron en el mar Rojo.

La segunda parte de Shemot se refiere a la revelación Divina en el monte Sinaí y la tercera describe la construcción del Mishkán con información detallada acerca de los elementos que integraron este recinto. Aunque no se debe jerarquizar la importancia de los relatos e instructivos bíblicos, a primera vista el evento en el Sinaí, la revelación de la voluntad de Dios, luce como el episodio central. No obstante,  se puede argumentar que la revelación no estuvo circunscrita al Sinaí. Aún en Egipto, los hebreos recibieron un instructivo básico acerca de la importancia del tiempo en el capítulo que ordena Hajódesh hazé lajem rosh jodashim, “este mes será para ustedes el primero de los meses”, una referencia a Nisán, el mes del éxodo. Al mismo tiempo, el pueblo recibió la instrucción de escoger a la oveja que sería sacrificada como Korbán Pésaj, hecho que debía consumarse el día 14 de ese mes y, por ello, la Torá designa ese día como Pésaj, mientras que la festividad que usualmente denominamos Pésaj recibe usualmente el nombre de Jag HaMatsot.

Cabe destacar que el Korbán Pésaj tenía que ser ofrecido en la tarde del 14 de Nisán y, dado que en la actualidad carecemos del Beit HaMikdash y no se hacen ofrendas, algunos jasidim insisten en hornear la Matsá para el Séder en la tarde de ese mismo día, porque la Matsá sobresale y debe suplir también al Korbán como una Mitsvá en la ausencia del Beit HaMikdash.

La Torá también regula la recolección del Maná en el desierto y ordena observar el Shabat, todo ello antes de la revelación en el Sinaí. De tal manera que la expresión Zajor et Yom HaShabat, el cuarto de los Diez Mandamientos que ordena el descanso semanal durante el séptimo día, utiliza adecuadamente la palabra Zajor, “recuerda”, porque las leyes del Shabat ya habían sido promulgadas de antemano.

Después del evento en el Sinaí, el Mishkán sirvió como la sede para la promulgación de leyes adicionales que no fueron reveladas a Moshé en el monte Sinaí. ¿Por qué se distingue la revelación en el Sinaí si otros lugares también sirvieron para ese propósito? Menachem Ben-Yashar sugiere que la naturaleza pública de esta revelación la diferencia de las otras. Mientras que en el Mishkán Moshé recibía directa y personalmente la instrucción Divina, en el Sinaí todo el pueblo fue testigo de ella, hecho que le dio una validez adicional y permitió que todo el pueblo tuviera una experiencia profética. Además, el grueso de las leyes fueron reveladas en el Sinaí.

De tal manera que el Mishkán no era sólo la “residencia” de Dios durante la travesía por el desierto y en los siglos siguientes hasta la construcción del Beit HaMikdash, también era Óhel Moed, el lugar del encuentro entre Moshé y Dios, sitio en el cual fue instruido acerca de un gran número de Mitsvot. De acuerdo con Benno Jacob, el Mishkán fue en realidad un monte Sinaí portátil que acompañó al pueblo durante los años en el desierto. El paralelismo entre ambos se evidencia también porque el Mishkán contenía las dos Tablas de la Ley que Moshé había recibido en el monte Sinaí. Tal como el monte Sinaí estaba cubierto por una “nube de gloria”, de igual manera Moshé tenía que penetrar la “nube de gloria” que envolvía al Mishkán.

Antes de entrar en el Mishkán, Moshé tenía que pasar por un período de purificación de seis días y solamente al séptimo día podía introducirse dentro de este recinto sagrado, mientras que su inauguración se celebró el octavo día.

El éxodo de Egipto tenía el propósito de asegurar el acompañamiento de Dios a través de su presencia dentro del campo de los hebreos en el Mishkán. El libro de Shemot empieza con la esclavitud y la redención de la misma, que marca el final del Galut Mitsráyim, y concluye con la Gueulá: la redención, representada por la presencia de Dios en el Mishkán, en el seno del pueblo hebreo.

RECONFIRMACIÓN DE LA TORÁ ORAL

Parashá Ki Tisá

Uno de los episodios centrales de estos capítulos es la elaboración del Éguel Hazahav, el becerro de oro que debía sustituir a Moshé cuando se asumió su fallecimiento. Este hecho produjo la ira de Dios, quien ordenó a Moshé que descendiera del monte Sinaí para apreciar personalmente lo ocurrido.

Después de destruir el ídolo y castigar a los culpables, Moshé implora el perdón Divino, ofreciendo su propia vida, si fuese necesario, como condición para mitigar el desengaño de Dios debido al comportamiento desleal del pueblo hebreo. Recibido el perdón Divino, Moshé asciende nuevamente al Sinaí, esculpe los Diez Mandamientos sobre dos tablas de piedra, a diferencia de las primeras tablas, que fueron elaboradas y grabadas por Dios.

El Midrash relata dos versiones diferentes acerca de la reacción de los hebreos. De acuerdo con la primera versión, el pueblo exclamó la célebre frase Naasé venishmá, “cumpliremos y entenderemos”, con la cual señalaron su disposición de acatar la palabra de Dios que, después de la acción cumplida, comprenderían con mayor profundidad. Una segunda versión relata que Dios levantó el monte Sinaí y lo colocó sobre las cabezas de los hebreos y exclamó: “O aceptan mi ley o dejo caer la montaña encima de ustedes”. Frente a esta situación, los hebreos no tuvieron otra opción que aceptar la palabra de Dios.

Aparentemente, el pueblo estuvo dispuesto a aceptar la Torá shebijetav, la Torá Escrita desde el primer momento, tal como lo atestigua la expresión Naasé venishmá. La renuencia de los hebreos, simbolizada por el monte Sinaí encima de sus cabezas, se refirió a la Torá shebealpé, la Torá Oral que añade un sinnúmero de restricciones adicionales a las contenidas en el texto escrito. En efecto, los primeros siglos después de la conquista de la Tierra Prometida y el período del primer Beit HaMikdash dan testimonio de las desviaciones del pueblo hebreo de los principios de la ToráOral. ¿Por qué fue destruida esta Casa de Dios? De acuerdo con el Talmud, la destrucción se produjo debido a la presencia de cultos ajenos al monoteísmo, incluso dentro del recinto sagrado. La falta del compromiso con la Torá Oral permitió que se impusieran influencias idólatras en el seno del pueblo.

La importancia de los eventos que condujeron a la celebración de Purim, que de acuerdo con el calendario hebreo coincide usualmente con la época del año cuando se leen estos capítulos de la Torá, incluye, en primer lugar, la salvación del pueblo de los designios de Hamán. Sin embargo, debe destacarse la decisión del colectivo reflejada en la expresión “Kiyemú vekibelú” de Meguilat Ester, la disposición de renovar el pacto entre el pueblo y Dios, la firme aceptación del pueblo hebreo de las disposiciones de la Torá Oral. Los sucesos de Purim preceden la reconstrucción del segundo Beit HaMikdash que se distinguió por la profundización del ideal monoteísta en el seno del pueblo. ¿Por qué fue destruido el segundo Beit HaMikdash? Esta vez, el problema no se centró en la relación entre el hombre y Dios, la idolatría había sido exitosamente desterrada. La relación del hombre con su prójimo fue el motivo de la tragedia nacional. La envidia y la codicia, la enemistad gratuita entre los hombre causó la destrucción del Beit HaMikdash, evento que fue el preludio al exilio de milenios de la Tierra Prometida.

Aparentemente era más fácil cumplir con los preceptos Bein Adam laMakom, el afianzamiento de la responsabilidad ante el Creador. El respeto mutuo, la lealtad y la solidaridad con el prójimo, Bein Adam la Javeró, resultaron ser el reto mayor. Desde cierto punto de vista, el propósito de la creación del ser humano fue introducir el ingrediente de santidad en el mundo, hecho que apunta hacia una relación más cercana con el Creador. Pero al mismo tiempo, está la opinión de que la intención de las Mitsvot es la creación de sentimientos de nobleza y lealtad en la relación con otros seres humanos.

Cambia tu Destino

Purim 5778 - 2018

Conmemorando Purim, esta año quiero hablar sobre nuestra fortaleza para cambiar nuestro destino con la ayuda del Señor. No debemos aceptar las circunstancias tal como aparecen. La conmemoración de Purim nos recuerda cómo es posible cambiar el destino. Escuchen, compartan y comenten. #judaismo,#rabinobrener,#tora,#judio,#judaismoenespañol,#rabino,#cafeconfe#cambiatudestino

SIGNIFICADO DE LAS VESTIMENTAS

Parashá TETSAVÉ

Los capítulos anteriores describieron cuáles fueron los materiales necesarios para la construcción del Mishkán y la elaboración de los elementos que serían ubicados y utilizados en su interior. Ahora, la Torá enumera las diferentes vestimentas que portarán Aharón, el Kohén Gadol, y los otros Kohanim durante el ejercicio de sus funciones dentro del Mishkán. Aunque las cualidades interiores de la persona son determinantes, el texto sagrado hace hincapié en la ropa externa, tal vez como el símbolo de la autoridad que representa. Incluso, en la actualidad, el uniforme del policía es su distintivo, mientras que la corona y el cetro son el símbolo de la autoridad de un monarca.

La narrativa bíblica menciona que Dios hizo vestimentas para la primera pareja después de que comieran el fruto del árbol prohibido. Se puede asumir que, inicialmente, el ser humano poseía características intrínsecas, intelectuales y espirituales, que lo diferenciaban del resto de las criaturas.

Pero, después de desobedecer el único instructivo Divino que había recibido, el ser humano demostró la fragilidad de su intelecto y, por ello requería un distintivo superficial que lo separara del mundo animal.

En efecto, el hombre es la única criatura que utiliza ropa externa. La diferenciación original que consistió probablemente en la capacidad humana de concebir a Dios como el Creador del universo, le impuso una conducta ética con la cual demostraría su disposición consciente de servir a Dios.

Esta diferencia del resto de las criaturas quedó anulada, o al menos minimizada, por la desobediencia de Adam y Javá.El incumplimiento del instructivo Divino forzó la utilización de un símbolo externo para distinguir a la pareja del resto de las criaturas.

En el caso de Nóaj, el gran sobreviviente del Diluvio, también sale a relucir la ropa que debe cubrir el cuerpo humano. Ebrio por haber bebido demasiado vino, Nóaj es visto en su desnudez, o tal vez sodomizado por su hijo Kenaán.

Al enterarse de la afrenta, sus otros hijos, Shem y Yéfet, cubren con una sábana el cuerpo del anciano padre. En otro episodio bíblico, el distintivo que recibe del padre Yaacov es una túnica de muchos colores que, a su vez, produce el celo de sus hermanos y finalmente conduce a la venta de Yosef, al exilio egipcio de toda la familia. Esta deferencia que recibió es repetida por Yosef después de revelar su identidad a los hermanos que habían acudido a comprar alimentos en Egipto, cuando le entrega cinco juegos diferentes de ropareal a Binyamín, su hermano de madre.

Incluso el pueblo tenía la obligación de colocar Tsitsit en las cuatro esquinas de su ropa, elementos que debían recordarles su relación con Dios, la obligación de vivir de acuerdo con los instructivos de las Mitsvot. Debían abstenerse de portar Shatnez, vestimentas elaboradas de una combinación de lino y lana y, según una tradición mencionada en el Talmud, cubrir sus cabezas con un gorro, una kipá. Los Tefilín, las filacterias son tal vez el símbolo externo de mayor relevancia, el “ot”, la “señal” que debía recordar al hebreo que el intelecto, el sentimiento y la fuerza física decisiva, deben estar al servicio de Dios.

La Torá no menciona si Moshé portaba alguna vestimenta especial. Tal vez la espiritualidad que había alcanzado el gran maestro del pueblo hebreo hacía innecesario un elemento externo, porque Moshé era el Adón Haneviim, el señor de todos los profetas que había experimentado el mayor acercamiento a Dios. Mientras que otros profetas sentían la presencia de Dios durante el sueño o en una visión imperfecta, Moshé hablaba con Dios panim el panim, “cara a cara”, la imagen literaria que destaca la relación especial que este gran líder mantuvo con la Divinidad. Ki karán or panav, el resplandor de su cara daba testimonio de esta íntima relación con el Creador.

Por lo antedicho, el ropaje especial de los Kohanim continúa con una antigua tradición. Aunque servía para diferenciar a los Kohanim del resto del colectivo, tal vez su propósito fundamental era que los Kohanim tomaran conciencia de su vocación, una tarea fundamental que incluía la representación del pueblo durante el servicio de los Korbanot.

Aunque en el día más sagrado, Yom Kipur, tenía que implorar por el perdón de sus errores personales, no podía concluir el servicio sin pedir perdón por el colectivo, por Am Israel.