GÉNESIS XXXII:4-XXXVI:43
CON LA MIRADA PUESTA SIEMPRE EN ISRAEL
Los héroes bíblicos no son unidimensionales y sus personalidades no son elementales. Son figuras complejas que tienen que batallar y vencer, combatir y sobreponerse a sus impulsos y pasiones. La sentencia de la Torá durante la épocade Nóaj (Noé), “porque la inclinación del corazón del hombre es perversa desde su juventud”, se aplica de manera universal e incluye a las figuras que, por el ejemplo de sus vidas, serán trascendentales.
Los relatos de Bereshit (Génesis) subrayan las luchas interiores y los conflictos éticos de los patriarcas. Cuando leemos la epopeya de sus vidas nos vemos obligados a profundizar en el porqué de su actuación bajo las más disímiles circunstancias. Si optamos por racionalizar y justificar cada uno de sus actos, perdemos la valiosa oportunidad de aprender de sus trances existenciales y la manera cómo los enfrentaron.
¿Cómo se puede excusar, por ejemplo, el engaño que perpetró Yaacov (Jacob), instigado y asistido por su madre, para obtener la bendición paterna? Yaacov aprovechó la ceguera del anciano Yitzjak (Isaac), e incluso bajo el riesgo de ser descubierto, aparentó ser Esav cubriendo sus manos y cuello con el cuero de un animal. Si asumimos que los patriarcas se comportaron de acuerdo con los dictámenes que exigiría en el futuro la Torá, Yaacov ignoró uno de los principios de gran contenido moral, lifnei iver lo titén mijshol, “no colocarás un obstáculo delante de un ciego”. Más aún cuando el ciego era su propio padre.
En un episodio previo, Yaacov había demostrado una gran falta de solidaridad con su hermano. La escena en referencia describe a Esav, cansado por la faena de la caza, observando a Yaacovque está preparando una sopa de lentejas con pan y le pide: “Déjame probar este alimento ‘rojo’ que estás cocinando”. La respuesta de quien debía enarbolar el espíritu de Jésed, la característica de misericordia y piedad ejemplificados por su abuelo Avraham, debía haber sido: “Come y satisface tu hambre, hermano”. Pero esa no fue su reacción: al contrario, aprovechó la situación para exigir a cambio de la comida, el derecho a la primogenitura que era
potestad de Esav por haber nacido primero.
Se puede argumentar que Yaacov tenía un aprecio y respeto extraordinarios por los principios de fe que su padre y su abuelo estaban predicando y sabía que el “insincero” Esav, de acuerdo con los exégetas tradicionales del texto bíblico, abandonaría este legado en la primera oportunidad, cuando tuviera que escoger entre una satisfacción carnal o material inmediata y el sacrificio y privación que, en muchas ocasiones, demanda la lealtad a un ideal. Tanto la madre Rivká como Yaacov sabían que las enseñanzas de Yitsjak no serían respetadas por Esav y recurrieron al engaño y al oportunismo para asegurar un futuro para el ideal monoteísta. Justificaron el medio por el fin que perseguían y de esta manera estaban estableciendo un precedente peligrosísimo.
Los veinte años que pasó al lado de su tío Laván claramente tenían el objetivo de moldear el espíritu de Yaacov. Allí fue sometido al engaño, incluso en el momento del matrimonio: se sustituyó una mujer por otra, en una elemental, pero convincente, demostración de que la “ceguera” no es causada únicamente debido al funcionamiento fallido del ojo, como en el caso de Yitsjak: la persona que está en el cabal uso de sus facultades también puede ser engañada.
La bendición paterna que había arrebatado no impidió que tuviera que trabajar muchas horas cada día, durante meses y años, para poder adquirir muchos animales y bienes. Si unos años atrás había exigido a cambio de unas cucharadas de lentejas el privilegio de servir como el sacerdote de la familia, ahora, en el momento del reencuentro con su hermano Esav, tendría que implorar que éste aceptara un magnánimo “obsequio” consistente de una gran cantidad de animales, a cambio de que lo dejara en paz y no utilizara el fuego de los cuatrocientos hombres que lo acompañaban, y que olvidara el agravio cometido en su juventud.
Una lectura superficial del texto no revela falla alguna en el carácter de Esav. Al contrario, obtiene el afecto de Yitsjak, permanece al lado de los padres y no los abandona. Perdona la traición de su hermano Yaacov. Sin embargo, los últimos versículos de Vayishlaj demuestran el limitado idealismo de Esav. Debido probablemente al incremento de sus posesiones como consecuencia del cuantioso “obsequio” de Yaacov, la tierra no puede sustentar el ganado de ambos hermanos. Por ello, Esav decide abandonar la Tierra Prometida y se dirige a las montañas de Edom, donde permanecerá desde entonces.
Yaacov también abandonará la Tierra Prometida y se dirigirá a Egipto en búsqueda de alimentos. Y aunque los hebreos sufrirán posteriormente siglos de esclavitud en tierra ajena, nunca perderán el norte: volverán y conquistarán la tierra de Israel, su destino histórico hasta nuestros días.
MITSVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARSHÁ
CONTIENE 1 PROHIBICIÓN
3. Génesis 32:33 No ingerir el nervio ciático (guid hanashé) (seres humanos)