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	<title>Rabino Pynchas BrenerMETSORÁ &#8211; Rabino Pynchas Brener</title>
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	<description>Conectándote al Judaismo</description>
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		<title>La etiología moral de la lepra &#8211;  ¿Sufrirá el justo y el injusto será recompensado?</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2020 14:49:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
				<category><![CDATA[METSORÁ]]></category>
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				<description><![CDATA[Parashá Tazría - Metzorá.                                   En  opinión de numerosos estudiosos de la realidad religiosa y social de nuestro pueblo, Shabat y kashrut son los dos pilares fundamentales de nuestra tradición. Al igual que muchas otras generalizaciones que resultan frágiles frente a cuestionamientos serios, [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">Parashá Tazría - Metzorá</em></p> <a href="https://www.pynchasbrener.com/la-etiologia-moral-de-la-lepra-sufrira-el-justo-y-el-injusto-sera-recompensado/"></a><p class="p1"><span class="s1"><span class="Apple-converted-space">                                 </span></span></p>
<p class="p2"><span class="s1">En<span class="Apple-converted-space">  </span>opinión de numerosos estudiosos de la realidad religiosa y social de nuestro pueblo, <i>Shabat</i> y <i>kashrut </i>son los dos pilares fundamentales de nuestra tradición. Al igual que muchas otras generalizaciones que resultan frágiles frente a cuestionamientos serios, éstas también sucumben ante un análisis cuidadoso. Sin embargo, tiene un uso pragmático porque sirve para un análisis precoz de la condición religiosa del individuo o de una comunidad. Los mencionados pilares de la tradición son una especie de barómetro que sirven para medir el grado de observancia de nuestras leyes. Asumimos, generalmente, que las personas que observan <i>Shabat</i> y <i>kashrut</i>, también cumplen, con otras <i>mitzvot</i>. No corremos ningún riesgo si inferimos que las personas que son meticulosas con las numerosas leyes de <i>Shabat</i>, igualmente escuchan los sonidos del <i>shofar</i>, que es el cuerno de un cordero, en <i>Rosh HaShaná </i> y se abstienen de comer <i>jametz</i>, que son los alimentos leudantes prohibidos en <i>Pésaj</i>.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Dado que el <i>kashrut </i>distingue diariamente al hogar judío, esta <i>mitzvá </i>tiene una importancia singular en nuestra tradición. Además, toda una industria de alimentos ha surgido a su alrededor. Especialmente en festividad de <i>Pésaj </i>hay muchos preparativos en los hogares y los alimentos <i>kasher lePésaj </i>juegan un papel determinante en todas nuestras comunidades. Esta palabra, generalmente pronunciada <i>kósher </i>por los americanos, forma parte del idioma inglés, al menos el que utilizan todos, judíos y gentiles, en los grandes centros urbanos de los Estados Unidos. <i>Taref </i>o <i>terefá</i>, significa “no es <i>kasher</i>”, o sea un alimento prohibido. Estos dos vocablos <i>kasher </i>y <i>taref</i>, por lo tanto, desempeñan un papel singular y significativo en la vida hogareña y comunitaria del mundo judío contemporáneo.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Si nos remontamos un par de milenios atrás, a la época de la existencia del <i>Beit HaMikdash</i>, que es el sagrado Templo de Jerusalem, nos encontramos conque <i>kasher </i>y <i>taref </i>no son ubicuos en la vida cotidiana y no juegan el papel determinante de nuestros días. <i>Tamé</i>, que quiere decir lo que es ritualmente impuro; y <i>tahor</i>, lo que es ritualmente puro; son los dos conceptos claves que acaparan la atención y la preocupación cotidiana de la sociedad judía de aquel entonces. El servicio y el ritual del <i>Beit HaMikdash</i> cuyo alrededor giraba el grueso del culto religioso de la época, obliga a la consideración de estas dos condiciones rituales de un judío. El ingreso del feligrés al recinto del Templo y su posible participación en alguno de los rituales dependen de su estado de “pureza ritual” para ese momento. Para poder pasar de un estado de <i>tamé </i>al de <i>tahor </i>se tiene que cumplir con varios pasos que pueden incluir el ofrecimiento de sacrificios y las abluciones en un <i>mikvé</i>, una piscina de agua ritual, según lo que se indique para cada situación en particular.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Nuestros capítulos semanales dan comienzo a un análisis de este mundo de <i>tahará</i>, de la pureza ritual, con una descripción de la enfermedad <i>nega tzaráat</i>, usualmente identificada con la lepra. Si partimos del punto de vista de que la Biblia no es un texto de medicina, cabe preguntarnos, ¿qué lugar ocupa un tratado detallado acerca de esta contagiosa enfermedad <i>tzaráat </i>en un compendio de principios morales? Aparentemente, en la concepción de las sagradas escrituras, contraer esta enfermedad no es accidental, sino el castigo por un comportamiento dudoso o ciertamente inmoral. En <i>Shemot </i>(Éxodo) IV, 6, leemos, “y añadió el Eterno: pon ahora tu mano en tu pecho. Y puso (<i>Moshé</i>) su mano en su pecho y la retiró como leprosa, blanca como la nieve”. En el próximo versículo, Dios hace desaparecer la lepra, lo que constituye una demostración de poderes extraordinarios que <i>Moshé</i> podría utilizar para convencer al Faraón de que permitiese la salida de los hebreos de su territorio.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> En realidad, ésta es la segunda demostración que Dios le hace a <i>Moshé</i>. La primera de ellas consiste en arrojar su bastón al suelo para que se convierta en una serpiente. ¿Cuál es el propósito de la segunda demostración, la lepra? Hay quien considera que tal vez la prueba de la lepra fue un castigo para <i>Moshé</i>, porque en el primer versículo de este mismo capítulo leemos, “y respondió <i>Moshé</i>, ¿y si ellos (los hebreos) no me creyeran y no me escucharan porque dijeran: no se te apareció el Eterno”? Esta falta de confianza en el pueblo que se desprende de las palabras de <i>Moshé</i> es la causa de que Dios ordene, aunque sólo sea momentáneamente, el azote de la lepra en la mano de Moisés. En el <i>Talmud, Resh Lakish</i> afirma que quien tenga sospechas de una persona que no es culpable sufre un castigo corporal y cita como prueba la mano leprosa de <i>Moshé</i>.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> En <i>Bemidbar </i>(Números) XII, 1, dice el texto: “y hablaron <i>Miryam </i>y <i>Aharón </i>contra <i>Moshé</i> por causa de la mujer <i>kushit </i>(etíope) que él había tomado por mujer”. Algunos versículos más adelante leemos, “no es así con mi siervo <i>Moshé</i>, que Me es fiel en gran manera. Con él hablo cara a cara, en visión clara&#8230; Y cuando la nube se retiró del tabernáculo he aquí que <i>Miryam</i> se convirtió en leprosa, blanca como la nieve&#8230;”. Según este relato, la lepra que sufre <i>Miryam</i> también se debe al haber hablado en contra de <i>Moshé</i>.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> De los dos casos citados se desprende entonces, que <i>tzaráat</i> es una aflicción resultante de alguna falta moral que no está ligada a una acción, sino a la calumnia o a la apreciación errónea del calibre moral del prójimo. Sin embargo, esta <i>tzaráat</i> se manifiesta como una enfermedad fisiológica y el <i>kohén</i> tiene la función de diagnosticar y luego indicar el tratamiento requerido. De acuerdo a ciertas tonalidades de color y de apariencia, se le indica al doliente si es necesario que se aparte del campamento comunitario por un período prudencial, hasta que la herida cure de acuerdo con la opinión del <i>kohén</i>. Las vestimentas del afligido tienen que ser lavadas, y luego salpicadas siete veces con el líquido que contiene también la sangre de un ave sacrificada. Su ropa se lava nuevamente<span class="Apple-converted-space">  </span>y tiene que quitarse los vellos del cuerpo, hacer una inmersión, salir fuera del ámbito de la comunidad por un período de siete días, para luego ser considerado <i>tahor</i>. En el octavo día tiene que ofrecer unos sacrificios acompañados de un complejo ceremonial. ¿Por qué se le exige el ofrecimiento de un sacrificio? ¿Acaso tiene la persona alguna responsabilidad moral por haberse enfermado? Forzosamente debemos concluir, según la perspectiva de la <i>Torá</i>, que uno contrae <i>nega tzaráat</i> por haber cometido una falta de tipo religioso moral que requiere <i>kapará</i>, la expiación a través de la ofrenda de algún sacrificio.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> En otros libros bíblicos también encontramos episodios donde se menciona la lepra. El rey <i>Uziyahu</i>, por ejemplo, es castigado con lepra por intentar participar en el ritual de los sacrificios en el Templo. En la tradición judía hay una separación entre <i>kéter malejut</i>, que es la corona del reino, y <i>kéter kehuná</i>, que es la corona del sacerdocio. Por ello, <i>Uziyahu</i> fue exilado de la comunidad hasta el día de su muerte.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Si por un lado se considera que la lepra es un castigo, su curación se estima como el resultado de la intervención Divina. En los libros de los profetas se nos enseña que <i>Naamán</i>, el general del rey de <i>Aram</i>, es curado por el profeta <i>Elisha</i>, quien le ordena siete abluciones en el río Jordán. Mientras que el joven aprendiz del profeta, <i>Guejazí</i>, se contagia con la misma lepra, por haber recibido en contra de la voluntad del profeta, un regalo de <i>Naamán.</i> De esta manera, nuestra tradición le da una perspectiva moral a una enfermedad que azotó a la humanidad por siglos y que para muchos era el resultado del caprichoso comportamiento de la naturaleza y de la ira imprevista de los dioses que su imaginación había creado.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"><b> METZORÁ</b></span></p>
<p class="p3"><span class="s2"><b><i>¿Sufrirá el justo y el injusto será recompensado?</i></b></span></p>
<p class="p2"><span class="s1"><b> Levítico XIV &#8211; XV</b></span></p>
<p class="p1"><span class="s1"><span class="Apple-converted-space">                                       </span></span></p>
<p class="p2"><span class="s1">Tal como lo constatamos anteriormente, <i>nega tzaráat</i>, que es la enfermedad que se identifica frecuentemente con la lepra, era un terrible azote para la humanidad. La <i>Torá </i>se hace eco de esa preocupación del ser humano, al dedicarle capítulos enteros a su diagnóstico, pronóstico y curación. El <i>kohén</i>, el sacerdote que ejerce las funciones medicinales en esta área, se ocupa adicionalmente de la “lepra de las vestimentas” y la “lepra de las casas”. El proceso de la curación de esta dolencia, implica ser excluido del ámbito comunitario, la inspección periódica de las lesiones y el ofrecimiento eventual de algunos sacrificios.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Cualquier reflexión sobre este tema requiere responder ante todo a la siguiente interrogante: ¿por qué se ocupa la <i>Torá </i>de una enfermedad? ¿Es acaso la <i>Torá </i>un texto de medicina? Obviamente la respuesta es negativa. Concebimos la <i>Torá </i>como una guía para nuestro comportamiento espiritual, moral y social. Todos los<span class="Apple-converted-space">  </span>relatos que contiene deben evidenciar una enseñanza moral. Porque la <i>Torá </i>no es un libro de historia, y desde la perspectiva de esta misma <i>Torá</i>, al ser creadas el hombre y la mujer fueron dotados con un intelecto que les permite investigar y descubrir, que tiene la capacidad de crear y de ingeniarse para enfrentar los desafíos de la naturaleza y descubrir sus mecanismos primarios. Esto incluye, desde luego, la posibilidad de encontrar los remedios y las curaciones de los males que nos aquejan.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Nuestros <i>jajamim </i>entendieron esta dificultad y sugieren que <i>nega tzaráat</i> no es una enfermedad fisiológica adicional, sino una manifestación externa de desviaciones morales que atañen particularmente al dominio de la injuria y de la calumnia. La dolencia <i>nega tzaráat</i> según esta concepción, viene a ser un fiel retrato a lo <i>Dorian Gray</i> que pone en evidencia el estado espiritual del doliente. Entonces, tal vez sería oportuno, investigar si en la visión judía, las enfermedades son accidentales en la naturaleza o el resultado de ciertos malos hábitos físicos, o si constituyen un castigo por errores cometidos en el ámbito de la ética y del culto.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Es posible documentar, con textos bíblicos, el argumento de que la enfermedad es un castigo por desobediencia a la palabra de Dios y por cometer aberraciones del orden moral. Podemos citar, por ejemplo, la muerte del hijo que nace de la unión entre <i>Bat Sheva</i> y el rey <i>David</i>. Recordemos que el rey envía a <i>Uría</i>, el esposo de <i>Bat Sheva</i>, a una muerte segura en las primeras filas de la batalla, para poder apoderarse de la bella mujer. (Esta explicación nos debe conducir a considerar un problema que causa mayor consternación aún, que es la muerte del recién nacido, totalmente inocente de los quehaceres de sus progenitores). El rey <i>Ajav </i>muere en el curso de una batalla porque se había apoderado del viñedo de <i>Navot</i> y así sucesivamente. ¿Cuál es el propósito del castigo? ¿Nos encontramos acaso frente a manifestaciones de venganza, debido al carácter severo del Dios de <i>Israel</i>, como sostienen algunos de los detractores de nuestra fe? Tal vez se puede considerar al castigo como una advertencia, que a veces es implacable, pero cuyo propósito principal es el de prevenir para que el error no se repita.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> El libro bíblico de <i>Iyov</i> (Job) puede considerarse como un intento de respuesta al problema del sufrimiento de una humanidad que en numerosas ocasiones no puede encontrar una relación de causa y efecto entre el crimen y el castigo. <i>Iyov </i>se rebela ante la sugerencia de uno de sus amigos, <i>Elifaz </i>el <i>Teimanita</i>, que le dice, “has memoria: ¿quién murió siendo inocente? O, cuándo fue una persona recta destruida? Conforme a lo que he visto, los que siembran la iniquidad y aran la desdicha, cosechan lo mismo”. (Job IV; 7,8). En las páginas de la <i>Mishná, Rabí Yanai</i> expresa el sentimiento de muchos de sus contemporáneos al exclamar: “no está a nuestro alcance explicar la prosperidad de los malvados y el sufrimiento de los justos”. Esta es una clara admisión de la complejidad del problema y de lo insuficiente de nuestro razonamiento para explicar una realidad siempre conflictiva que resulta inconsistente con nuestra estimación de la justicia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Nuestro maestro, <i>Harav Yosef Dov Haleví Soloveitchik</i>, solía enseñarnos, haciéndose eco de los exegetas, que la desobediencia de los Diez Mandamientos tenía como consecuencia inevitable cierto castigo. No es indispensable castigar, externamente, la falta de respeto a padre y madre. La disolución de las relaciones familiares<span class="Apple-converted-space">  </span>arrastra consigo sus propias nefastas consecuencias. Quien comete un asesinato, termina eventualmente como víctima de una acción similar. Así argumenta <i>Soloveitchik</i>. Siguiendo esta orientación en nuestro razonamiento, nuestros <i>jajamim </i>tal vez entendieron que <i>nega tzaráat</i> es una advertencia que señala que la injuria y la calumnia no perjudican únicamente al injuriado y al calumniado, sino que se devuelven para castigar a la persona culpable, o sea al que injuria y al que calumnia.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> El hecho de que el <i>kohén </i>es la persona escogida para “curar” a este “leproso espiritual” implica que la aflicción no tiene que ser permanente y que por tanto el castigo es reversible. Se trata entonces de una admonición que le dice al hombre, cuidado con la calumnia, porque su resultado es comparable a la odiosa lepra. Y tal como esta lepra puede ser “curada” si se siguen las instrucciones del <i>kohén </i>ofreciendo sacrificios que constituyen una admisión de culpa, igualmente, la injuria puede ser expiada. De esta manera podemos considerar a <i>nega tzaráat</i> como un proceso aleccionador y de prevención, en lugar de un castigo permanente por un pecado cometido.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Para el piadoso, el sufrimiento se convierte en una ocasión para obtener la atención de Dios. El peor castigo para el hombre de fe es el aparente abandono de Dios, <i>héster panim</i> en el lenguaje de la <i>Kabalá</i>. Para el religioso auténtico, el sufrimiento es preferible a la indiferencia de la Deidad y opta por el dolor frente a la posibilidad de la apatía Divina. Así dice el salmista: “feliz es el hombre al que Tu instruyes (se puede traducir igualmente del hebreo, ‘al que Tu castigas’),<span class="Apple-converted-space">  </span>¡ oh ! Eterno, y le enseñas Tu ley” (Salmos XCIV, 12).</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Puede argumentarse también que el sufrimiento desarrolla y permite que salgan a relucir las cualidades de nobleza y, en ocasiones, de grandeza de los seres humanos. El sufrimiento nos hace más sensibles a las necesidades de otros y nos permite identificarnos, o al menos, comprender las miserias de los menos afortunados. ¿Cómo podríamos saborear lo dulce, si no probamos lo amargo? ¿Podríamos apreciar la dicha si desconocemos el sufrimiento y el dolor? <i>Yisurim shel ahavá</i> son los dolores de amor, en el lenguaje de los <i>jajamim</i>. Hermann Cohen, el gran filósofo judío dijo en una ocasión que sin <i>leid </i>no podía haber <i>mittleid</i>.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Las personas que poseen una fe profunda sostienen que los hombres tenemos una visión fraccionada de la realidad, que percibimos los hechos desde una perspectiva muy angosta. Por lo tanto, continuando con este argumento, hay ocasiones en las que el sufrimiento es un beneficio y no una dolencia. Recuerdo el relato de un sobreviviente del holocausto. En cierta oportunidad, cuando se estaba reuniendo una cantidad exacta de personas para ser enviadas a un campo de trabajo forzado, él, para aquel entonces un joven de diecisiete años, fue brutalmente desalojado de su puesto, por alguien que poseía una gran musculatura. Suponían que todos los que subían a ese vagón del tren se salvarían, a pesar del<span class="Apple-converted-space">  </span>trabajo forzado al que serían sometidos. Los que quedaron atrás, correrían directamente una suerte diferente, la muerte. Pero el destino fue diferente. El vagón de ese tren se dirigía a los hornos de gas. El joven que fue sacado violenta e injustificadamente de su lugar, sobrevivió para contar este relato.</span></p>
<p class="p2"><span class="s1"> Aun para quienes las dolencias tienen un origen fisiológico exclusivamente, el ingrediente emocional y espiritual juega un papel importante en el desarrollo y la evolución de la enfermedad. La interpretación tradicional de nuestra lectura semanal sugiere en cambio, que en ciertas enfermedades, el parámetro espiritual es esencial y la <i>nega tzaráat</i> viene a ser una manifestación superficial de una dolencia interna que, en su origen, es un mal moral.</span></p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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		<title>LA ENFERMEDAD DE LA PIEL ACTIVADA POR EL VERBO</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2019 22:06:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
				<category><![CDATA[METSORÁ]]></category>
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				<description><![CDATA[Parashá METSORÁ. El bienestar total de la persona es una preocupación fundamental para la Torá, desde el punto de vista físico, emocional y espiritual. Vejai bahem, el propósito de la Mitsvá es la vida, la plenitud de la misma. Por ello, en caso de enfermedad, la persona tiene que dirigirse a un médico para que cure su [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">Parashá METSORÁ</em></p> <a href="https://www.pynchasbrener.com/la-enfermedad-de-la-piel-activada-por-el-verbo/"></a><p>El bienestar total de la persona es una preocupación fundamental para la Torá, desde<br />
el punto de vista físico, emocional y espiritual. Vejai bahem, el propósito de la Mitsvá es<br />
la vida, la plenitud de la misma.</p>
<p>Por ello, en caso de enfermedad, la persona tiene que<br />
dirigirse a un médico para que cure su malestar. No se trata de una opción sino de una<br />
obligación. Por ejemplo, una persona no puede colocar su vida en peligro si el ayuno<br />
puede provocar una crisis peligrosa para su salud. Incluso se violan las reglas de Yom<br />
Kipur en ese caso. Venishmartem meod lenafshotejem, “Y cuidarán muy bien sus<br />
vidas”, orderna la Torá.<br />
No es de extrañar que el tema del Metsorá, el leproso, preocupe al texto sagrado. La<br />
Torá ordena que cuando la persona observe lesiones sobre su cuerpo, el crecimiento<br />
indebido de vellos, el cambio de color de la piel, se dirija inmediatamente al Kohén para<br />
la evaluación de su condición. El Kohén tiene el conocimiento y la potestad de<br />
sentenciar cuál es el grado de gravedad de esta condición y, cuando lo considere<br />
apropiado, puede declarar que la persona tiene Tsaráat, una aflicción que exige su<br />
separación del resto de la comunidad por un tiempo prudencial: siete días.<br />
Existen varios pasos que la persona afectada debe cumplir, incluyendo el ofrecimiento<br />
de un Korbán de expiación. Aunque la aflicción se manifiesta sobre la piel, un órgano<br />
externo del ser humano, está claro que la Torá considera que el malestar es un reflejo<br />
de una condición interna, de un desequilibrio espiritual de la persona. Aparentemente,<br />
la enfermedad es vista desde dos prismas. El primero es la manifestación física de la<br />
dolencia, pero al mismo tiempo se debe enfrentar el posible deterioro emocional y<br />
espiritual que subyace al síntoma fisiológico.<br />
Los jajamim interpretaron el vocablo Metsorá, como Motsí shem ra, el indebido uso de<br />
la palabra, e identificaron a la injuria verbal del prójimo como la causa de la enfermedad<br />
cutánea. La Torá quiso destacar que la agresión no tiene que tener ser de orden físico<br />
o material, porque la acometida verbal puede ser más penetrante y dolorosa que<br />
cualquier golpe que la persona pueda asestar a su prójimo. Por encima de las guerras<br />
y los conflictos armados, el destino de la Humanidad depende de la palabra y la idea, el<br />
pensamiento y la reflexión. Prueba de ello es el mensaje que el pueblo judío ha<br />
diseminado, el conjunto de normas contenidas en los Diez Mandamientos que, hasta el<br />
día de hoy, constituye la carta fundamental moral para todos.<br />
El mal uso de la palabra excluye a la persona de la sociedad que depende de la<br />
cooperación y del esfuerzo mancomunado. Tal vez, la expulsión del Metsorá por un<br />
período de siete días tenía el propósito de permitir la reflexión sobre una actuación<br />
indebida, para la toma de conciencia acerca de la convivencia, que sólo puede ser una<br />
realidad en el mar- co del comportamiento leal y sincero de todos los miembros de la<br />
sociedad.</p>
<p>Somos testigos de la efectividad del mensaje verbal que puede unir o separar a la<br />
gente, promover el odio o el afecto. Los déspotas y autócratas de todas las edades se<br />
valen del poder persuasivo e inflamatorio de su discurso, siendo el caso de Hitler el<br />
más perverso de los últimos tiempos.<br />
En el caso de la enfermedad, el judaísmo instruye: Yefashfesh bemaasav, la persona<br />
debe reflexionar, iniciar un proceso de introspección para analizar el origen y las<br />
causas de su dolencia que generalmente se manifiestan tanto en el campo fisiológico<br />
como en el espiritual.<br />
¿Por qué instruye la Torá que el Metsorá se dirija al Kohén? Se debe recordar que una<br />
de las funciones principales del sacerdocio bíblico era Lehorot, la educación. El antídoto<br />
para la enfermedad que tiene una raíz espiritual debe empezar por el estudio del texto<br />
sagrado y la incorporación de las Mitsvot a la vida cotidiana. Solamente a través del<br />
conocimiento se puede encaminar la persona hacia una vida de convivencia, el<br />
comportamiento que exige la apropiada utilización de la capacidad verbal y que sitúa al<br />
ser humano por encima de las otras criaturas que Dios creó para poblar la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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		<title>PUREZA RITUAL DE LA TORÁ y EL MALESTAR DEL ALMA</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2018 21:13:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
				<category><![CDATA[METSORÁ]]></category>
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				<description><![CDATA[Parashá TAZRÍA y METSORÁ. En los capítulos de Sheminí, al describir algunos de los animales que no se deben comer, el texto menciona: “De su carne no comeréis y no tocaréis sus cadáveres, son impuros para ustedes”. La prohibición incluye el contacto con el animal muerto porque produce la tum’á, la impureza ritual. El Talmud cuestiona si esta regla es aplicable a todo el [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">Parashá TAZRÍA y METSORÁ</em></p> <a href="https://www.pynchasbrener.com/pureza-ritual-de-la-tora-y-el-malestar-del-alma/"></a><p class="p1"><span class="s1">En los capítulos de Sheminí, al describir algunos de los animales </span><span class="s1">que no se deben comer, el texto menciona: “De su carne </span><span class="s1">no comeréis y no tocaréis sus cadáveres, son impuros para </span><span class="s1">ustedes”. La prohibición incluye el contacto con el animal </span><span class="s1">muerto porque produce la tum’á, la impureza ritual. El Talmud </span><span class="s1">cuestiona si esta regla es aplicable a todo el pueblo y responde </span><span class="s1">que solamente los Kohanim deben abstenerse de </span><span class="s1">entrar en contacto con el cadáver y, más aún, con un difunto </span><span class="s1">humano. El Kohén no debe tocar el cuerpo de un difunto, </span><span class="s1">ni siquiera estar bajo el mismo techo con el cadáver. Por ello, </span><span class="s1">el Kohén no debe entrar en una casa o una funeraria donde se </span><span class="s1">guarda el cuerpo del difunto antes del entierro.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Aunque no existe una prohibición para que un miembro </span><span class="s1">del pueblo adquiera la contaminación ritual, el estado </span><span class="s1">de Tamé era limitante. La persona que entraba en contacto </span><span class="s1">con un cadáver se convertía en Tamé hasta que no saliera de </span><span class="s1">este estado a través de la Tahará, que exige la inmersión en </span><span class="s1">un Mikvé. Durante el estado de Tamé no podía ingresar al </span><span class="s1">Beit HaMikdash ni compartir la carne de los Kodashim, los </span><span class="s1">sacrificios. Tampoco podía comer Maaser shení, ni Terumá.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Además, la condición de Tamé tiene relevancia en las relaciones </span><span class="s1">matrimoniales, el período después del alumbramiento </span><span class="s1">y situaciones adicionales.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Los jajamim ampliaron la noción de Tum’á y Tahará </span><span class="s1">para incluir la prohibición de comer en la mesa de un Am </span><span class="s1">Haarets, porque se sospecha que en ese hogar no se cumple </span><span class="s1">con las leyes de Maaser.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Se debe destacar que, durante el período de la existencia </span><span class="s1">del Beit HaMikdash, el concepto de Tum’á era equivalente </span><span class="s1">en importancia al concepto de Kashrut que se practica en </span><span class="s1">la actualidad. Ello no quiere decir que el Kashrut no fuera </span><span class="s1">una parte fundamental de la observancia religiosa de aquellos </span><span class="s1">tiempos, solamente que el énfasis estaba sobre las leyes </span><span class="s1">de Tum’á y Tahará.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Según Rambán, el precepto de Kedoshim tihyú, “Sean </span><span class="s1">consagrados”, o tal vez, como interpreta Rashí, “manténganse </span><span class="s1">aparte”, quiere decir también observar las leyes aludidas </span><span class="s1">de Tum’á y Tahará, que apuntan hacia la limpieza física </span><span class="s1">y la pureza ritual.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">A decir de Rabí Meir, ¿quién es un ignorante? La persona </span><span class="s1">que consume sus comidas diarias en un estado de impureza </span><span class="s1">ritual.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Los esenios destacaron estas leyes y regían sus vidas por </span><span class="s1">estos principios. Según Flavio Josefa, los esenios estaban </span><span class="s1">divididos en cuatro castas y los más jóvenes pertenecían al </span><span class="s1">rango menor. De tal manera que si un joven tocaba a un </span><span class="s1">miembro de una casta superior, éste tenía que hacer una </span><span class="s1">inmersión.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">De acuerdo con el Talmud, “las vestimentas de un ‘ignorante’ </span><span class="s1">no se consideran aptas para un fariseo, las de un fariseo </span><span class="s1">no son aptas para las personas que tienen permiso para </span><span class="s1">comer Terumá, y la de quienes pueden comer Terumá no </span><span class="s1">son idóneas para quienes pueden comer Kódesh, que son las </span><span class="s1">comidas que provienen del Korbán, el sacrificio”. Como </span><span class="s1">consecuencia de esta regla se fueron creando las diferencias </span><span class="s1">sociales que, dicho sea de paso, no tenían que ver con la </span><span class="s1">situación económica de la persona.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Las diferencias de opinión entre las escuelas de Hilel y </span><span class="s1">Shamai también se referían a las leyes de Tum’á y Tahará. Lo </span><span class="s1">que los unos decían que era Tahor, puro, era declarado </span><span class="s1">Tamé, impuro, por los otros. Sin embargo, nunca dejaron </span><span class="s1">de utilizar los utensilios de comida del otro o de comer en </span><span class="s1">las respectivas casas de sus opositores intelectuales.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Raphael Yankelevitz apunta que Ezrá HaSofer amplió </span><span class="s1">el alcance de las leyes acerca la pureza ritual, pero los jajamim </span><span class="s1">insistieron en que el estudio de la Torá no requiere del </span><span class="s1">estado de pureza. De manera que, en el caso del estudio, se </span><span class="s1">pueden juntar personas de diferentes grados de pureza. Así </span><span class="s1">se expresó Rabí Yehudá ben Beterá: “Las palabras de tu boca </span><span class="s1">no tienen que ver con impureza, y cuando un estudiante lo </span><span class="s1">cuestionó, le dijo: abre tu boca para que las palabras que </span><span class="s1">salen de ella sean claras, porque las palabras de la Torá no </span><span class="s1">adquieren impureza, tal como dice el profeta, ‘acaso no son </span><span class="s1">mis palabras como el fuego, dice el Señor’. Tal como el fuego </span><span class="s1">no es susceptible a la impureza, así también lo son las </span><span class="s1">palabras de la Torá”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">METSORÁ &#8211; </span><span class="s1">EL MALESTAR DEL ALMA</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El gran expositor bíblico y defensor de la ortodoxia, el rabino </span><span class="s1">Samson Raphael Hirsch de Alemania, insistió en que no </span><span class="s1">se debe confundir Tsaráat, la aflicción que ocupa la atención </span><span class="s1">del texto bíblico, con la lepra. En el caso de la lepra se debe </span><span class="s1">acudir al médico; en cambio, para la cura del Tsaráat, la persona </span><span class="s1">indicada es el Kohén, quien examina la herida y dispone </span><span class="s1">cuál debe ser el remedio para su curación. Porque Tsaráat </span><span class="s1">es una manifestación externa de un mal espiritual interno.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Los Jajamim parten de la premisa de que la Torá no es un </span><span class="s1">conjunto de normas cuyo propósito es cuidar la salud física </span><span class="s1">de la persona, aunque ésta sea una consecuencia de observar </span><span class="s1">sus leyes. La tarea fundamental de la Torá es velar por la </span><span class="s1">salud espiritual del individuo y del colectivo, trazar el sendero </span><span class="s1">por el cual la persona puede acercarse a la Divinidad, </span><span class="s1">especialmente a través de la Mitsvá. Por ello, los intérpretes </span><span class="s1">del texto bíblico, empezando por el Talmud, apuntaron que </span><span class="s1">las erupciones cutáneas de Tsaráat eran manifestaciones de </span><span class="s1">una dolencia espiritual. Sugieren que Metsorá es una alusión </span><span class="s1">a Motsí shem ra, la calumnia infundada contra el prójimo.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El rubro de Tsaráat también abarca otras cosas, porque </span><span class="s1">una casa también puede padecer de este mal, o sea que las </span><span class="s1">paredes pueden estar contagiadas. En este caso, la explicación </span><span class="s1">anterior deja de ser adecuada. Además, de acuerdo con </span><span class="s1">muchos expositores, las normas sobre “paredes infectadas” </span><span class="s1">sólo rigen en Érets Israel, la Tierra Prometida. De acuerdo </span><span class="s1">con Rashí, cuando el Kohén ordenaba que las paredes de una </span><span class="s1">casa fueran destruidas por estar irremediablemente contagiadas </span><span class="s1">con Tsaráat, esta acción traía un beneficio a la persona, </span><span class="s1">porque los Amoritas que habían habitado esas tierras </span><span class="s1">durante los cuarenta años que los hebreos pasaron por el </span><span class="s1">desierto, escondieron oro y joyas en sus paredes, tesoros que </span><span class="s1">fueron recuperados por los hebreos cuando derribaron las </span><span class="s1">paredes de estas casas.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Shimon Golan trae a colación la opinión del Zóhar, que </span><span class="s1">sostiene que la razón del Tsaráat en las paredes se debe a que </span><span class="s1">las casas fueron construidas bajo el signo de la idolatría; en </span><span class="s1">tanto que la Tierra Prometida exige que todas las construcciones </span><span class="s1">sean realizadas bajo un patrón de Tahará, pureza </span><span class="s1">espiritual. Por ello, la Torá ordenó que las casas fueran inspeccionadas y, ante cualquier sospecha de impureza, el </span><span class="s1">Kohén podía dictaminar su destrucción para ser luego </span><span class="s1">reconstruida bajo un signo de pureza. Dado que la Divina </span><span class="s1">Presencia toma residencia en la Tierra Prometida, toda </span><span class="s1">edificación debe ser apta para albergar Su Presencia. Por </span><span class="s1">ello, quien construye una casa debe manifestar verbalmente </span><span class="s1">que lo está haciendo para la Gloria de Dios y como una consecuencia de esta acción Dios se hará presente en ese hogar.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Según Rambam, Tsaráat ocurre en un hogar porque </span><span class="s1">albergó Lashón Hará, estp es, porque allí se calumnió a las </span><span class="s1">personas, señal de que la mala lengua puede contagiar incluso </span><span class="s1">a las paredes. Pero el Tsaráat podría desaparecer a través </span><span class="s1">de la abstención de Lashón Hará. En cambio, si la persona </span><span class="s1">no hiciera Teshuvá y no desistiera del mal uso de la lengua, </span><span class="s1">incluso los artículos de cuero y su ropa podían contagiarse </span><span class="s1">con Tsaráat. Efectivamente, eso es lo que pasó con Miryam, </span><span class="s1">quien se atrevió a calumniar a su hermano Moshé.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">La aflicción de Tsaráat es una advertencia Divina que se </span><span class="s1">presenta primero en las casas, pero si la persona no cambia </span><span class="s1">su conducta, Tsaráat va avanzando hacia sus enseres y ropa </span><span class="s1">y, finalmente, ataca su cuerpo.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El Midrash sostiene que Tsaráat es el resultado de varias </span><span class="s1">transgresiones: “Maldecir a Dios”, relaciones sexuales ilícitas, </span><span class="s1">derrame de sangre humana, arrogancia, la penetración </span><span class="s1">de un recinto ajeno, el robo, el juramento falso, la profanación </span><span class="s1">del Nombre de Dios y la idolatría.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Está claro que la Torá señala que existe una relación </span><span class="s1">directa entre la salud física y la salud espiritual. Por ello, frente </span><span class="s1">a una enfermedad, la persona debe cuestionar su comportamiento ético y moral, ya que la dolencia es muchas </span><span class="s1">veces una manifestación de un malestar del alma.</span></p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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		<title>EL LIDERAZGO NO SE EJERCE IMPUNEMENTE</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Apr 2017 14:39:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
				<category><![CDATA[METSORÁ]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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				<description><![CDATA[Parashá TAZRÍA - Metzorá. Vayikrá, el libro Levítico del Pentateuco, considera como tema fundamental la kedushá: la consagración o el estado de santidad. Los primeros versículos de nuestros capítulos se refieren a las leyes de pureza que la mujer tiene que observar después de dar a luz, hecho que se inscribe dentro de un marco de santidad: tumá vetahará, impureza y pureza espiritual. De [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">Parashá TAZRÍA - Metzorá</em></p> <a href="https://www.pynchasbrener.com/el-liderazgo-no-se-ejerce-impunemente/"></a><p class="p1"><span class="s1">Vayikrá, el libro Levítico del Pentateuco, considera como </span><span class="s1">tema fundamental la kedushá: la consagración o el estado de </span><span class="s1">santidad. Los primeros versículos de nuestros capítulos se </span><span class="s1">refieren a las leyes de pureza que la mujer tiene que observar </span><span class="s1">después de dar a luz, hecho que se inscribe dentro de un </span><span class="s1">marco de santidad: tumá vetahará, impureza y pureza espiritual.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">De manera que tanto las normas que rigen la vida </span><span class="s1">familiar como las leyes que deben ser observadas en el culto </span><span class="s1">del Mishkán –y siglos después en el Beit HaMikdash con las </span><span class="s1">ofrendas– están bajo el rubro de kedushá.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">¿Cuál es el propósito de los actos o del estado de kedushá? </span><span class="s1">El objetivo no puede ser Dios, quien es un Ser completo, </span><span class="s1">no se puede añadir o incrementar su esencia a través del </span><span class="s1">comportamiento humano. El efecto de la kedushá tiene que </span><span class="s1">ser observado en quien la practica. La kedushá produce un </span><span class="s1">cambio en el hombre y no en la Deidad.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Kedushá implica contracción y limitación. Así dice Rashí </span><span class="s1">en uno de los capítulos posteriores: Kedoshim, equivale a </span><span class="s1">perushim; para ser Kadosh, la persona tiene que apartarse, </span><span class="s1">separarse y diferenciarse. Más aún, quien lidera al pueblo y </span><span class="s1">lo conduce hacia las alturas de la kedushá, a un nivel de </span><span class="s1">mayor espiritualidad, se autoimpone restricciones adicionales </span><span class="s1">y debe someterse a una conducta más exigente.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">En un capítulo previo nos enteramos de la tragedia de </span><span class="s1">dos hijos de Aharón que fueron consumidos por las llamas, </span><span class="s1">debido a los carbones no autorizados que utilizaron para la </span><span class="s1">ofrenda. Nadav y Avihú murieron en el acto de la consagración </span><span class="s1">del Mishkán por un pecado, no bien aclarado o especificado, </span><span class="s1">conducta que no hubiera exigido la pena capital si </span><span class="s1">no se tratara de los hijos del Kohén Gadol en el momento de </span><span class="s1">su acercamiento a Dios por intermedio del korbán, el </span><span class="s1">sacrificio.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El mensaje insoslayable de este episodio apunta hacia el </span><span class="s1">mayor grado de responsabilidad que acompaña al liderazgo.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Se debe tomar en cuenta que la ofrenda de Nadav y Avihú </span><span class="s1">no tenía un carácter personal: estaban actuando en nombre </span><span class="s1">del colectivo, y quien asume ese rol tiene que hacerlo con </span><span class="s1">gran responsabilidad. El error es imperdonable.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Por ello no fue escuchado el ruego de Moshé cuando </span><span class="s1">imploró que le fuera permitido conducir al pueblo hebreo a </span><span class="s1">la Tierra Prometida después de la travesía por el desierto </span><span class="s1">durante cuarenta años. Deseaba tan sólo cruzar el Jordán y </span><span class="s1">colocar sus pies sobre la tierra sagrada que Dios había prometido </span><span class="s1">a los Patriarcas. Moshé había desobedecido un instructivo </span><span class="s1">Divino que tampoco está especificado con absoluta </span><span class="s1">certeza en el texto bíblico. Ni Moshé ni Aharón, por haber </span><span class="s1">cometido lo que en el caso de cualquier otro hubiera sido </span><span class="s1">considerado como una falta menor, pudieron conducir al </span><span class="s1">pueblo hebreo a la conquista triunfal de Erets Israel. “Al </span><span class="s1">asher lo kidashtem el Shemí”, “porque no ‘santificasteis’ Mi </span><span class="s1">Nombre”; el pecado estaba ligado con el ideal de santidad </span><span class="s1">que exige un proceder lifnim mishurat hadín, una actuación </span><span class="s1">más allá de la exigencia nominal de la ley. En el acto de la </span><span class="s1">kedushá, el proceder tiene que atenerse al espíritu de la ley.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El líder o conductor del ritual no puede actuar tan sólo de </span><span class="s1">acuerdo con la letra de la ley. Ello es insuficiente. </span><span class="s1">De manera similar observamos, en algunas sociedades, </span><span class="s1">que quien tiene la conducción civil es sometido a un régimen </span><span class="s1">más restrictivo para impedir errores con consecuencias </span><span class="s1">graves sobre el colectivo. La sociedad contemporánea exige </span><span class="s1">el rendimiento de cuentas de su liderazgo y sus errores no </span><span class="s1">prescriben. Por ello, muchos transgresores se aferran al po</span><span class="s1">der circunstancial que ejercen, porque temen al ineludible </span><span class="s1">castigo posterior. La impunidad ya no es ubicua.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">METSORÁ</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">ENTRE LA PUREZA Y LA IMPUREZA ESPIRITUAL</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Durante el período bíblico, las leyes acerca de la pureza y la </span><span class="s1">impureza eran determinantes porque el acceso al Mishkán </span><span class="s1">y siglos más tarde, la entrada al Beit HaMikdash, requerían </span><span class="s1">el estado de la tahará: pureza ritual. Dios, en su condición </span><span class="s1">de creador y constructor, insiste en la tahará porque la tumá, </span><span class="s1">“impureza ritual”, está asociada con la muerte y la putrefacción, </span><span class="s1">la destrucción y el desorden.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El origen de la tumá es la muerte, y cuando consideramos </span><span class="s1">que la Torá es la fuente de la vida, la tumá se convierte </span><span class="s1">en una condición opuesta a la Torá. Más aún, la intensidad </span><span class="s1">de la tumá que puede producir un ser u objeto está relacionada </span><span class="s1">directamente con la vitalidad y la importancia del elemento </span><span class="s1">en cuestión. De tal manera que mientras más potencial </span><span class="s1">y talento tenga, mayor será su emanación de tumá </span><span class="s1">después de la muerte. El ser con mayor grado de tumá es el </span><span class="s1">individuo que contagia con tumá a todo elemento que se </span><span class="s1">introduzca bajo el mismo techo, cuando yace muerto.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">A la persona que sufre de lepra se le considera en estado </span><span class="s1">de tumá, porque esta enfermedad carcome la carne y anuncia </span><span class="s1">el paulatino desmembramiento del individuo, el advenimiento </span><span class="s1">de la muerte. De manera similar, una emisión de </span><span class="s1">semen o de sangre también coloca a la persona en un estado </span><span class="s1">de tumá. La sangre es identificada como la portadora de la </span><span class="s1">vida, incluso el alma, el espíritu reside en la sangre, mientras </span><span class="s1">que el semen representa el potencial de la vida. Su derrame </span><span class="s1">impide que surja la vida. El derrame de sangre o semen </span><span class="s1">implican una muerte parcial. La impureza está asociada con </span><span class="s1">la muerte y la pureza está relacionada con la vida. La vida </span><span class="s1">como parte de la creación se identifica con la voluntad de </span><span class="s1">Dios, y la muerte es una especie de negación del Dios creador.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Dios se ausenta del Mishkán o del Beit HaMikdash </span><span class="s1">cuando está en un estado de impureza.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Es necesario destacar que la impureza no es necesariamente </span><span class="s1">el resultado de la desobediencia o la impertinencia. </span><span class="s1">Después de dar a luz, una mujer entra en un estado de impureza </span><span class="s1">por cierto tiempo. El Kohén que atiende a un difunto </span><span class="s1">cercano, por quien luego tendrá que observar el shivá, también </span><span class="s1">se expone a la tumá. O sea, la impureza no es necesariamente </span><span class="s1">negativa, especialmente cuando se considera que </span><span class="s1">todo proviene de Dios, tanto el bien como el mal que percibimos.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">La tumá es parte integral del universo que Dios creó. </span><span class="s1">Tal vez la tumá es indispensable para entender la tahará. </span><span class="s1">Si no existiera el mal, ¿acaso podríamos apreciar el bien? Si </span><span class="s1">no existiera la pobreza, tal vez no existirían el altruismo y la </span><span class="s1">generosidad. Las nociones de tumá y tahará tienen consecuencias </span><span class="s1">en el universo de la espiritualidad.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">En el caso de la lepra, la situación es diferente. Los sabios </span><span class="s1">establecieron que Tsaráat, la lepra, es el resultado de un comportamiento </span><span class="s1">moralmente cuestionable, una consecuencia </span><span class="s1">del lashón hará, la mala utilización de la lengua para desprestigiar </span><span class="s1">e injuriar moralmente al prójimo.Mientras que en </span><span class="s1">el pasado histórico habían consecuencias prácticas con referencia </span><span class="s1">a la entrada al Beit HaMikdash y el consumo de los </span><span class="s1">aportes como el maaser y la terumá, situaciones que impedían </span><span class="s1">la participación de quien era tamé, en la actualidad sigue </span><span class="s1">vigente el aspecto espiritual, una imperiosa necesidad de </span><span class="s1">actuar dentro del marco de la tahará, la pureza espiritual.</span></p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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		<title>¿Sufrirá el justo y el injusto será recompensado?</title>
		<link>https://www.pynchasbrener.com/sufrira-el-justo-y-el-injusto-sera-recompensado/</link>
		<comments>https://www.pynchasbrener.com/sufrira-el-justo-y-el-injusto-sera-recompensado/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 14 Apr 2016 20:28:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
				<category><![CDATA[METSORÁ]]></category>
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				<description><![CDATA[METSORÁ - Levítico XIV - XV. Tal como lo constatamos anteriormente, nega tsaráat, que es la enfermedad que se identifica frecuentemente con la lepra, era un terrible azote para la humanidad. La Torá se hace eco de esa preocupación del ser humano, al dedicarle capítulos enteros a su diagnóstico, pronóstico y curación. El kohén, el sacerdote que ejerce las funciones medicinales [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">METSORÁ - Levítico XIV - XV</em></p> <a href="https://www.pynchasbrener.com/sufrira-el-justo-y-el-injusto-sera-recompensado/"></a><p><a href="https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg" rel="attachment wp-att-774"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" loading="lazy" class="alignleft wp-image-774 size-medium" src="https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=300%2C300" alt="IMG_0390 (1)" width="300" height="300" srcset="https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=300%2C300&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=768%2C768&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=180%2C180&amp;ssl=1 180w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=600%2C600&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=35%2C35&amp;ssl=1 35w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=760%2C760&amp;ssl=1 760w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=400%2C400&amp;ssl=1 400w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?resize=82%2C82&amp;ssl=1 82w, https://i0.wp.com/www.pynchasbrener.com/wp-content/uploads/2016/04/IMG_0390-1.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Tal como lo constatamos anteriormente, <em>nega tsaráat</em>, que es la enfermedad que se identifica frecuentemente con la lepra, era un terrible azote para la humanidad. La <em>Torá </em>se hace eco de esa preocupación del ser humano, al dedicarle capítulos enteros a su diagnóstico, pronóstico y curación. El <em>kohén</em>, el sacerdote que ejerce las funciones medicinales en esta área, se ocupa adicionalmente de la “lepra de las vestimentas” y la “lepra de las casas”. El proceso de la curación de esta dolencia, implica ser excluido del ámbito comunitario, la inspección periódica de las lesiones y el ofrecimiento eventual de algunos sacrificios.</p>
<p>Cualquier reflexión sobre este tema requiere responder ante todo a la siguiente interrogante: ¿por qué se ocupa la <em>Torá </em>de una enfermedad? ¿Es acaso la <em>Torá </em>un texto de medicina? Obviamente la respuesta es negativa. Concebimos la <em>Torá </em>como una guía para nuestro comportamiento espiritual, moral y social. Todos los relatos que contiene deben evidenciar una enseñanza moral. Porque la <em>Torá </em>no es un libro de historia, y desde la perspectiva de esta misma <em>Torá</em>, al ser creadas el hombre y la mujer fueron dotados con un intelecto que les permite investigar y descubrir, que tiene la capacidad de crear y de ingeniarse para enfrentar los desafíos de la naturaleza y descubrir sus mecanismos primarios. Esto incluye, desde luego, la posibilidad de encontrar los remedios y las curaciones de los males que nos aquejan.</p>
<p>Nuestros <em>jajamim </em>entendieron esta dificultad y sugieren que <em>nega tsaráat</em> no es una enfermedad fisiológica adicional, sino una manifestación externa de desviaciones morales que atañen particularmente al dominio de la injuria y de la calumnia. La dolencia <em>nega tsaráat</em> según esta concepción, viene a ser un fiel retrato a lo <em>Dorian Gray</em> que pone en evidencia el estado espiritual del doliente. Entonces, tal vez sería oportuno, investigar si en la visión judía, las enfermedades son accidentales en la naturaleza o el resultado de ciertos malos hábitos físicos, o si constituyen un castigo por errores cometidos en el ámbito de la ética y del culto.</p>
<p>Es posible documentar, con textos bíblicos, el argumento de que la enfermedad es un castigo por desobediencia a la palabra de Dios y por cometer aberraciones del orden moral. Podemos citar, por ejemplo, la muerte del hijo que nace de la unión entre <em>Bat Sheva</em> y el rey <em>David</em>. Recordemos que el rey envía a <em>Uría</em>, el esposo de <em>Bat Sheva</em>, a una muerte segura en las primeras filas de la batalla, para poder apoderarse de la bella mujer. (Esta explicación nos debe conducir a considerar un problema que causa mayor consternación aún, que es la muerte del recién nacido, totalmente inocente de los quehaceres de sus progenitores). El rey <em>Ajav </em>muere en el curso de una batalla porque se había apoderado del viñedo de <em>Navot</em> y así sucesivamente. ¿Cuál es el propósito del castigo? ¿Nos encontramos acaso frente a manifestaciones de venganza, debido al carácter severo del Dios de <em>Israel</em>, como sostienen algunos de los detractores de nuestra fe? Tal vez se puede considerar al castigo como una advertencia, que a veces es implacable, pero cuyo propósito principal es el de prevenir para que el error no se repita.</p>
<p>El libro bíblico de <em>Iyov</em> (Job) puede considerarse como un intento de respuesta al problema del sufrimiento de una humanidad que en numerosas ocasiones no puede encontrar una relación de causa y efecto entre el crimen y el castigo. <em>Iyov </em>se rebela ante la sugerencia de uno de sus amigos, <em>Elifaz </em>el <em>Teimanita</em>, que le dice, “has memoria: ¿quién murió siendo inocente? O, cuándo fue una persona recta destruida? Conforme a lo que he visto, los que siembran la iniquidad y aran la desdicha, cosechan lo mismo”. (Job IV; 7,8). En las páginas de la <em>Mishná, Rabí Yanai</em> expresa el sentimiento de muchos de sus contemporáneos al exclamar: “no está a nuestro alcance explicar la prosperidad de los malvados y el sufrimiento de los justos”. Esta es una clara admisión de la complejidad del problema y de lo insuficiente de nuestro razonamiento para explicar una realidad siempre conflictiva que resulta inconsistente con nuestra estimación de la justicia.</p>
<p>Nuestro maestro, <em>Harav Yosef Dov Haleví Soloveitchik</em>, solía enseñarnos, haciéndose eco de los exegetas, que la desobediencia de los Diez Mandamientos tenía como consecuencia inevitable cierto castigo. No es indispensable castigar, externamente, la falta de respeto a padre y madre. La disolución de las relaciones familiares arrastra consigo sus propias nefastas consecuencias. Quien comete un asesinato, termina eventualmente como víctima de una acción similar. Así argumenta <em>Soloveitchik</em>. Siguiendo esta orientación en nuestro razonamiento, nuestros <em>jajamim </em>tal vez entendieron que <em>nega tsaráat</em> es una advertencia que señala que la injuria y la calumnia no perjudican únicamente al injuriado y al calumniado, sino que se devuelven para castigar a la persona culpable, o sea al que injuria y al que calumnia.</p>
<p>El hecho de que el <em>kohén </em>es la persona escogida para “curar” a este “leproso espiritual” implica que la aflicción no tiene que ser permanente y que por tanto el castigo es reversible. Se trata entonces de una admonición que le dice al hombre, cuidado con la calumnia, porque su resultado es comparable a la odiosa lepra. Y tal como esta lepra puede ser “curada” si se siguen las instrucciones del <em>kohén </em>ofreciendo sacrificios que constituyen una admisión de culpa, igualmente, la injuria puede ser expiada. De esta manera podemos considerar a <em>nega tsaráat</em> como un proceso aleccionador y de prevención, en lugar de un castigo permanente por un pecado cometido.</p>
<p>Para el piadoso, el sufrimiento se convierte en una ocasión para obtener la atención de Dios. El peor castigo para el hombre de fe es el aparente abandono de Dios, <em>héster panim</em> en el lenguaje de la <em>Kabalá</em>. Para el religioso auténtico, el sufrimiento es preferible a la indiferencia de la Deidad y opta por el dolor frente a la posibilidad de la apatía Divina. Así dice el salmista: “feliz es el hombre al que Tu instruyes (se puede traducir igualmente del hebreo, ‘al que Tu castigas’), ¡ oh ! Eterno, y le enseñas Tu ley” (Salmos XCIV, 12).</p>
<p>Puede argumentarse también que el sufrimiento desarrolla y permite que salgan a relucir las cualidades de nobleza y, en ocasiones, de grandeza de los seres humanos. El sufrimiento nos hace más sensibles a las necesidades de otros y nos permite identificarnos, o al menos, comprender las miserias de los menos afortunados. ¿Cómo podríamos saborear lo dulce, si no probamos lo amargo? ¿Podríamos apreciar la dicha si desconocemos el sufrimiento y el dolor? <em>Yisurim shel ahavá</em> son los dolores de amor, en el lenguaje de los <em>jajamim</em>. Hermann Cohen, el gran filósofo judío dijo en una ocasión que sin <em>leid </em>no podía haber <em>mittleid</em>.</p>
<p>Las personas que poseen una fe profunda sostienen que los hombres tenemos una visión fraccionada de la realidad, que percibimos los hechos desde una perspectiva muy angosta. Por lo tanto, continuando con este argumento, hay ocasiones en las que el sufrimiento es un beneficio y no una dolencia. Recuerdo el relato de un sobreviviente del holocausto. En cierta oportunidad, cuando se estaba reuniendo una cantidad exacta de personas para ser enviadas a un campo de trabajo forzado, él, para aquel entonces un joven de diecisiete años, fue brutalmente desalojado de su puesto, por alguien que poseía una gran musculatura. Suponían que todos los que subían a ese vagón del tren se salvarían, a pesar del trabajo forzado al que serían sometidos. Los que quedaron atrás, correrían directamente una suerte diferente, la muerte. Pero el destino fue diferente. El vagón de ese tren se dirigía a los hornos de gas. El joven que fue sacado violenta e injustificadamente de su lugar, sobrevivió para contar este relato.</p>
<p>Aun para quienes las dolencias tienen un origen fisiológico exclusivamente, el ingrediente emocional y espiritual juega un papel importante en el desarrollo y la evolución de la enfermedad. La interpretación tradicional de nuestra lectura semanal sugiere en cambio, que en ciertas enfermedades, el parámetro espiritual es esencial y la <em>nega tsaráat</em> viene a ser una manifestación superficial de una dolencia interna que, en su origen, es un mal moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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