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	<title>Rabino Pynchas Brener¿Quién tiene la última palabra? &#8211; Rabino Pynchas Brener</title>
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		<title>¿Quién tiene la última palabra?</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 03:35:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pynchas Brener</dc:creator>
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				<description><![CDATA[BEHAR - Levítico XXV - XXVI,2. El título de nuestro capítulo hace referencia al Monte Sinaí donde Moshé recibió las instrucciones específicas acerca de la ley de shemitá, el descanso obligado de las tierras cada siete años. Los jajamim se plantean la interrogante: ¿por qué se seleccionó esta ley, en particular, para que mereciera ser comentada en el propio Sinaí? La [&#8230;]]]></description>
					<content:encoded><![CDATA[<p><em id="gnt_postsubtitle" style="color:#770005;font-family:'Helvetica Neue', Helvetica, Arial, sans-serif;font-size:1.3em;line-height:1.2em;font-weight:normal;font-style:italic;">BEHAR - Levítico XXV - XXVI,2</em></p> <p>El título de nuestro capítulo hace referencia al Monte Sinaí donde <em>Moshé</em> recibió las instrucciones específicas acerca de la ley de <em>shemitá</em>, el descanso obligado de las tierras cada siete años. Los <em>jajamim</em> se plantean la interrogante: ¿por qué se seleccionó esta ley, en particular, para que mereciera ser comentada en el propio Sinaí? La respuesta es que, en realidad, todas las leyes fueron analizadas en sus diferentes detalles en aquel momento histórico y la ley de <em>shemitá</em>, por lo tanto, se utiliza, únicamente como un ejemplo.</p>
<p>Está claro que existen numerosas <em>mitsvot</em> adicionales que no fueron enunciadas en el Sinaí. Tenemos un enorme equipaje de <em>mitsvot derabanán</em>, de leyes que fueron promulgadas por nuestros sabios en épocas posteriores las que por fuerza tuvieron que estar ausentes en Sinaí. Los <em>jajamim</em> también se vieron obligados, de acuerdo con las circunstancias del momento, a afinar y a moderar las instrucciones de la <em>Torá</em> para poder mantenerse fieles a lo que consideraron era el espíritu de la Ley. Por ejemplo, la <em>Torá</em> prohíbe el cobro y el pago de intereses. En una sociedad agrícola es el cumplimiento de esta ordenanza es muy factible. Pero en una sociedad mercantil, y con mayor razón aún en nuestra sociedad industrial, o post industrial, el dinero se convierte en una mercancía, en un bien que posee valor propio. Hoy en día, por ejemplo, se habla del costo del dinero. Los que sufren son los menos afortunados, porque los préstamos les son negados. Por lo tanto, los <em>jajamim</em> instituyeron la <em>héter iská</em>, que es un documento legal que convierte al prestamista en una especie de inversionista. Así el cobro de intereses se convierte en los dividendos de una inversión. Para algunos, se trata de un artificio que evita la sanción de la ley. Para otros, es el resultado del ingenio de los eruditos, que por un lado facilita los préstamos al necesitado, pero que, al mismo tiempo, nos obliga a tomar conciencia de la prohibición básica de oprimir indiscriminadamente al prójimo. El mismo hecho de que tengamos que recurrir al <em>héter iská</em>, sirve para recordarnos que su ausencia implica que estaríamos violando una ley de la <em>Torá.</em></p>
<p>El encendido de la luces de <em>Janucá</em> puede considerarse como el prototipo de una <em>mitsvá</em> propiamente dicha, instituida por nuestros <em>jajamim</em>. Los hechos que <em>Janucá </em>celebra ocurrieron siglos después de que la <em>Torá</em> fue otorgada en el Sinaí. Por lo tanto, podemos preguntar ¿cómo es posible recitar antes de encender estas luces <em>asher kideshanu bemitsvotav vetsivanu</em>&#8230;? ¿Acaso fue Dios quien nos ordenó encender estas luces durante un lapso de ocho días? Según la opinión de nuestros sabios, las instrucciones futuras de los <em>jajamim</em> fueron ordenadas, simbólicamente, en el Monte Sinaí. La <em>Torá</em> es la fuente de la autoridad de nuestros sabios. Así, el momento histórico del Sinaí se transforma en una revelación continua de la voluntad Divina a través de las interpretaciones y decisiones legales de los <em>jajamim</em> de todas las épocas.</p>
<p>Tal como Dios es el autor de la <em>Torá</em>, es también El que creó el intelecto humano, el que tendrá que interpretar en el futuro estas Sagradas Escrituras. Más aún, el <em>Talmud</em> en el tratado de<em> Bavá Metsiá</em> relata una disputa entre Dios por un lado y el Tribunal Celestial por el otro, con referencia a una cuestión de <em>tumá</em>, que es la impureza ritual. Según el Todopoderoso, en la situación en cuestión no se produce una contaminación ritual; según el Tribunal Celestial sí la hay. El caso se llevó ante <em>Rabá bar Najmani</em> quien era muy estudioso de estas cuestiones, según el texto del <em>Talmud</em> citado. Está claro que carece de sentido instruir a Dios acerca de Su Ley. El, Dios, siempre tiene razón en cualquier duda acerca de la interpretación correcta de Su Voluntad. Con todo, la enseñanza que podemos derivar de nuestro episodio es la insistencia del <em>Talmud</em> que la <em>Torá</em> le fue dada al ser humano para que sea éste último quien la interprete de acuerdo con ciertas normas. <em>Lo bashamáyim hi</em>, una vez que la <em>Torá</em> fue entregada en el Monte Sinaí, dejó de ser propiedad celestial. Ahora es el hombre quien tiene la posibilidad y la obligación de estudiarla, interpretarla y profundizar en sus enseñanzas.</p>
<p>¿Acaso la <em>Torá </em>también le otorga a los <em>jajamim </em>la autoridad para cambiar radicalmente la ley? Esta es una interrogante cuya respuesta no es fácil o simple. A veces, por ejemplo, tomando en cuenta el hecho de que los vendedores de pescado se aprovechaban de la víspera de <em>Pésaj</em> para especular indebidamente con los precios, el rabino de la aldea prohibía comer pescado en esa festividad. Y en efecto, la persona que lo desobedecía estaría violando la ley. Nos han llegado relatos de los campos de concentración en la época nazi que dan testimonio de que cierto rabino ordenó a los allí detenidos comer en <em>Yom Kipur </em>dado la grave condición de desnutrición que hacía peligrar seriamente sus vidas. Cuando le participaron al <em>Jafets</em> <em>Jayim</em> que las vidas de los integrantes de una compañía de soldados judíos en Siberia peligraba porque no tenían con que alimentarse y el frío era muy severo, respondió que podían comer <em>jazir</em> que era la única comida disponible (<em>óber nit shmochken di béiner</em>, sin chuparse los dedos). Nuestros sabios se basan en el <em>pasuk</em> de<em> Tehilim</em> que reza, <em>et laasot laShem heferu Torateja</em>, “tiempo es de hacer algo para el Señor, porque destruyen Tu ley”.</p>
<p>¿Puede un rabino, o un maestro de nuestra ley, contradecir la decisión de otro rabino? El <em>Mará deatrá</em>, el maestro del lugar tiene la última palabra en una cuestión legal. Sin embargo, un <em>Beit Din</em>, que es una Corte rabínica, o un <em>talmid jajam</em>, un sabio que pueda documentar la validez de una opinión contraria, citando fuentes autorizadas para tal efecto, podría anular la decisión original. ¿Quién decide cuál <em>Beit Din</em> tiene mayor autoridad que otro? ¿Cuáles son los parámetros que se utilizan para preferir entre dos autoridades rabínicas? Existen ciertos principios básicos. Generalmente consideramos que las generaciones anteriores eran más conocedoras de la ley, tal vez por estar más cercanas a nuestro comienzo en el marco del tiempo. Por ejemplo, los <em>Amoraim</em> que son los maestros de la <em>Guemará</em>, que contiene las discusiones de las academias y que forma parte del <em>Talmud</em>, no pueden cuestionar a los <em>Tanaim</em> que son los maestros de la <em>Mishná</em>, que es el compendio central y anterior de la <em>Torá</em> oral. Cuando enfrentamos una disputa entre los sabios de una misma generación, nos atenemos a varias reglas. Tal vez la más importante de ellas sea que respondemos a la mayoría, según la indicación de la <em>Torá</em>, <em>ajarei rabim lehatot.</em></p>
<p>El <em>Talmud</em> en el citado tratado de <em>Bavá Metsiá</em> relata que <em>Rabí Eliézer</em>, que por su piedad tenía poderes para alterar el curso de la naturaleza, invocó esta habilidad para imponer su punto de vista frente a la mayoría de los <em>jajamim</em>, los sabios de la época. Los <em>jajamim</em> se negaron a acatar la decisión de <em>Rabí Eliézer</em>, aun después de haber escuchado un <em>bat kol</em>, que es una voz de origen celestial que le daba a este <em>Rabí Eliézer</em> la razón en la disputa. <em>Lo bashamáyim hi</em>, argumentaron los<em> jajamim</em>. La <em>Torá</em> ya no se encuentra más en las alturas celestiales. Ahora somos nosotros, de acuerdo con las instrucciones de esta <em>Torá</em>, los que por ser mayoría tenemos la decisión en nuestras manos.</p>
<p>El <em>Talmud </em>establece una jerarquía respecto los <em>jajamim</em> señalando que la decisiones de algunos de ellos tienen preferencia sobre las de otros. En ocasiones no se puede llegar a una conclusión y se permite que la decisión final quede en <em>teiku</em>, en espera. No obstante lo antedicho, la realidad es que en cada generación sobresalen ciertos <em>talmidei jajamim</em> como los grandes eruditos cuyas decisiones son respetadas universalmente. El finado <em>Rabí Moshé Feinstein</em> de la ciudad de New York fue una de esas personalidades excepcionales. No existen parámetros definidos para alcanzar una posición intelectual que amerite el respeto de todos. Las numerosas decisiones rabínicas de <em>Rabí Moshé Feinstein</em> fueron publicadas y casi nunca fueron refutadas por otros estudiosos. De tal modo se convirtió en el <em>posek</em>, la persona cuyos fallos fueron mayoritariamente solicitados desde las más diversas y lejanas comunidades judías y cuyas decisiones son motivo de estudio en las diferentes <em>yeshivot</em>, las academias que se dedican, con exclusividad, al estudio de las fuentes judías tradicionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="getnoticed-rssad">Prueba</div>]]></content:encoded>
			

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