LA PROLIFERACIÓN DE LA PROFECÍA

Parashá BEHAALOTEJÁ

El texto bíblico correspondiente a esta semana incluye algunas reglas acerca del encendido y cuidado de la Menorá, elemento fundamental en el Beit HaMikdash, templo que sería erigido siglos después en Jerusalén. Esta tarea le fue encomendada a Aharón, una función que luego ejercerían sus descendientes, los Kohanim. Al mismo tiempo, los otros integrantes de la tribu de Leví también fueron consagrados para el servicio divino. Si bien anteriormente los primogénitos habían sido destinados al servicio de Dios, después del azote de las plagas en Egipto, Dios escogió en su lugar a la tribu de Leví para que se desempeñara en el culto religioso del Beit HaMikdash al lado de los Kohanim.

También está incluido el tema del Korbán Pésaj que se ofreció el 14 de Nisán, cuando se conmemoró el primer aniversario del sacrificio pascal antes de salir de Egipto. Dado que esta celebración de Pésaj no se menciona en otra oportunidad, se puede asumir que fue la única vez que se realizó, pues el consumo de este sacrificio se limita a las personas circuncidadas y el Brit Milá no se practicó durante la travesía de cuarenta años por el desierto.

Sobresale en estos capítulos del texto bíblico la escogencia de setenta ancianos consejeros, quienes junto a Moshé compartirían la tarea de juzgar en los litigios y explicar las leyes de la Torá de acuerdo con la sugerencia hecha por su suegro Yitró. Estos ancianos fueron investidos con la facultad de la profecía, característica espiritual cuyo depositario humano original era Moshé, el profeta por excelencia. El relato de esta selección de consejeros incluye el episodio de las profecías de dos miembros de la comunidad: Eldad y Medad. Cuando Yeshoshua, quien sucederá a Moshé en el mando del pueblo, los acusa de profetizar, Moshé responde:

“Ojalá que todo el pueblo pudiera profetizar”. Este intercambio entre Moshé y su discípulo Yehoshua obliga a reflexionar acerca de la naturaleza y propósito de la profecía.

Si partimos de la noción de que la profecía proviene directamente de una inspiración divina auténtica, ¿por qué provocó la actuación de Eldad y Medad el aparente reproche de Yehoshua? De acuerdo con el Talmud, la dificultad no era el acto profético: tal vez el problema residía en el contenido de la profecía.

El Talmud sugiere tres posibilidades: primero, Eldad y Medad anunciaban que Moshé había muerto y que Yehoshua conduciría al pueblo hebreo a la Tierra Prometida. Otra opinión afirma que profetizaron acerca de las aves que Dios enviaría para los hebreos cuando se quejaron por la falta de carne en el desierto. La tercera alternativa que revela el Talmud se refiere a su profecía acerca de la guerra de Gog y Magog en el fin de los días.

El profesor Hillel Neumann sugiere que una posible solución a la interrogante se puede encontrar en la diferenciación que algunos hacen entre una religión histórica y una secta. Se sugiere que lo que caracteriza a la secta es un liderazgo carismático, el alegato de una inspiración divina directa y la posesión de poderes proféticos. Por ello, las sectas enfrentan grandes dificultades de continuidad después de la muerte de su líder, ya que este hecho implica la obvia pérdida del carisma personal que había sido una base fundamental de su atractivo original.

Cuando Eldad y Medad anunciaron una solución para satisfacer el apetito de la gente que quería comer carne, al profetizar acerca de lo que ocurriría en el fin de los días, estaban retando el liderazgo de Moshé, que aparentemente no había respondido a estas inquietudes. Por ello, tal vez Yehoshua señalaba que, incluso bajo una inspiración divina, cuando ésta es expresada por un líder carismático, podía socavar el liderazgo tradicional y auténtico. En nuestro caso, el liderazgo de Moshé.

La respuesta de Moshé, en cambio, apunta hacia la legitimidad de la confrontación ideológica o en el mundo religioso.

Más aún, la confrontación de ideas es positiva y saludable, siempre y cuando los argumentos sean verificables y la intención sea noble.