FE EN LA PROMESA DIVINA

VAERÁ

Estos capítulos relatan lo que sucedió después que el faraón esclavizara a los hebreos y Dios instruyese a Moshé que retornara a Egipto para conseguir su libertad. El texto bíblico explicará el desarrollo de los sucesos que condujeron finalmente a Yetsiat Mitsráyim, incluyendo las plagas que sufrieron los egipcios ante de acceder al éxodo. Vaerá, “y me presenté, o aparecí”, es la primera palabra de esta Parashá, y se refiere al hecho de que Dios se manifestó a los patriarcas bajo el Nombre de El Shadai, porque había ocultado la nomenclatura de HaShem (Jehová).

Esta afirmación condujo a algunos críticos de la Biblia a pensar que dado que originalmente Dios había utilizado el Nombre de El Shadai, se puede concluir que la Torá es un compuesto de dos textos. Uno que identifica a Dios como El Shadai y una segunda fuente que lo denomina HaShem.

Haciéndose eco de esta dificultad, Rashí, en su indispensable comentario sobre la Torá, opina que el segundo Nombre no fue utilizado, porque HaShem quiere decir “el Dios que cumple con su palabra” y, dado que las promesas que el Creador había hecho a los patriarcas todavía no se habían concretado, ellos sólo reconocieron la característica Divina que implica la designación El Shadai.

¿Qué quiere decir El Shadai? Es el Dios que dijo “dai”, “es suficiente”, el mismo vocablo utilizado en el célebre canto de Dayeinu, repetido en la Hagadá de Pésaj. Tal vez, El Shadai se refiere al Dios que exige que se ponga un límite al deseo humano, una de las bases del judaísmo. Muchos explican que el judaísmo enseña el control que la persona debe ejercer sobre sí misma. Desde cierta perspectiva, casi todo está permitido, lo que está prohibido es el abuso. Es así con respecto a la comida y al sexo, por ejemplo. El judaísmo coloca un marco, describe los límites dentro de los cuales la persona debe actuar. El judaísmo no exalta la abstención en la comida ni en el sexo. Regula la actividad: castiga al glotón de acuerdo con la ley del “Ben sorer umoré” y con el mandamiento de “Lo tajmod” prohíbe cohabitar con la mujer del prójimo. En un mundo que diferenciaba solamente entre lo bueno y lo malo, el judaísmo enseñó que uno de los problemas fundamentales es el exceso.

El Nombre de HaShem hace referencia a la “esencia” de Dios, al hecho de que su palabra es inviolable, siempre cumple con el compromiso que asume. Dios había prometido a los patriarcas que su descendencia habitaría la tierra de Canaán y ahora se encontraban en la servidumbre en Egipto, una tierra extraña, sin posibilidad visible de romper las cadenas de la esclavitud. Por ello, la tarea de Moshé era tortuosa.

Tenía que demostrar que Dios sí cumpliría con la promesa, no obstante la intolerable esclavitud impuesta por los egipcios. Aunque la instrucción formal que Moshé tenía que cumplir era conseguir que el faraón permitiera la salida de los hebreos, al mismo tiempo tenía que convencer a un pueblo esclavizado de que la salvación era una posibilidad real.

Moshé tenía que sembrar la fe en el pueblo, fe en el Dios único de los patriarcas que cumpliría con la promesa, tal como lo testimonia su Nombre, HaShem. Porque la fe no es una creencia ciega, ni la esperanza de la realización de un hecho frente a la imposibilidad de que ocurra. La fe puede convertirse en un horizonte cuando la persona llega a la conclusión que sí existe una luz al final del túnel. Moshé tenía que devolverle al pueblo la confianza en sí mismo. Era imprescindible que demostrase la falibilidad y fragilidad de los dioses egipcios. Por ello el texto bíblico afirmará en capítulos posteriores “Vayar Israel et hayad haguedolá…, vayaaminu baShem uveMoshé avdó”, “Y el pueblo vio la ‘gran mano de Dios’…y el pueblo creyó en HaShem y en su siervo Moshé”. No se trata del dicho que otra confesión religiosa enaltece: “porque es absurdo, creo”. El pueblo “vio” la “mano fuerte y el brazo extendido de Dios”, porque derrotó a los dioses egipcios, doblegó la voluntad del faraón con las diez plagas y partió las aguas del Mar Rojo. La fe nace y se fortalece cuando el individuo concluye que el evento en cuestión es una posibilidad, por más lejana y dificultosa que parezca su realización.

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