Dios, te protegió por ello debes estarle agradecido.

Huracán Irma (South Florida) - Septiembre 2017

Screen Shot 2017-09-13 at 6.05.33 PMLa ciencia y la tecnología han hecho avances gigantezcos que explican muchos fenómenos y permiten enfrentar peligros que anteriormente eran imbatibles. Enfermedades han sido conquistadas, las rutas de los astros han sido descifradas, los procesos agrícolas han sufrido modificaciones que mejoran la calidad de los frutos de la tierra, todo está codificado y digitalizado. Pero súbita y periódicamente, la naturaleza deja de obedecer nuestras predicciones, ejerce una especie de libre albedrío para señalar que estamos lejos de dominarla, la comprendemos poco, no podemos anticiparla y por ello debemos respetarla.

Hago referencia al hecho que acabo de pasar unos días de relativa angustia en Miami con el huracán Irma cuyos amenazantes y destructivos vientos dejaron bien sentado quién lleva la batuta en el mundo. Con un diámetro que cuadruplicó el ancho de la península de Florida, Irma expulsó a millones de personas de sus hogares que tuvieron que buscar refugio, hizo destrozos por doquier y subrayó la fragilidad del ser humano
cuando enfrentado con la furia de la naturaleza. No menosprecio la preparación y respuesta de las autoridades, aplaudo las previsiones, los refugios que fueron rápidamente preparados, los voluntarios que ofrecieron sus servicios y la camaradería y sentimientos de hermandad que salieron a relucir. Hasta se podría pensar que valió la pena que se desatara una tormenta monumental para hacernos recordar que debemos protegernos y amarnos los unos a los otros. Pero por otro lado fue un despliegue de poder al cual no se lo podía poner freno, solo se podía enfrentar con resignación.

Cada calamidad resulta en un nuevo aprendizaje para confrontar peligros. Pero, no se debe olvidar que existen límites para la respuesta humana. Para algunos, la respuesta a estas situaciones debe ser, utilizarlas para comprender mejor los fenómenos naturales. Para otros destaca que estamos, en última instancia, en manos de Dios. En el caso de Irma, ¿qué causó que a último momento hubiera un giro pequeño pero muy significativo en su  dirección? ¿Quién o qué dio ese toque de timón? Tal vez la experiencia de Irma y de otros eventos de naturaleza similar debe arroparnos con humildad, pero al mismo tiempo incentivar el estudio y la investigación de estos fenómenos.  Dios nos dio la capacidad intelectual que debemos utilizar y desarrollar, pero nunca olvidar que esa habilidad tiene un origen Divino. Es Dios quien insufló las narices de Adán, el primer ser humano, con ciertas habilidades y aptitudes. O tal vez, le insufló una “Neshamá”, un alma, un elemento que lo conduce a tomar en cuenta la moral y la ética en su conducta.

Por ello debemos practicar “Veahavtá lereajá kamoja”: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. O tal vez, “Ama a tu prójimo, él es como tú”.

CUALIDADES DE LA TIERRA PROMETIDA

Parashá VAETJANÁN

Es imposible permanecer insensible a la súplica de Moshé ante Dios para que le permita cruzar el Yardén y ver la magnificencia de la Tierra Prometida. Aunque el ruego de Moshé a favor del pueblo hebreo es siempre escuchado, en el caso personal la sentencia no es conmutable. Dios le permitirá ver la Tierra, mas no pisarla. Incluso Moshé, Adón Ha- Neviim, el “Señor de los Profetas” tiene que someterse a la voluntad Divina.

Está claro que Moshé quería ver la culminación, la compleción de su tarea. Había sido el mensajero de Dios para convencer al Faraón para que permitiera el éxodo del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia. Había conducido a los hebreos al Har Sinai, al monte Sinaí, donde recibieron la Torá, y durante cuarenta años se había dedicado a explicar y comentar cada una de sus normas y leyes. Ahora, ante las puertas de la Tierra Prometida, Dios decide que su tarea ha terminado: no conducirá el proceso de la conquista. Será su discípulo Yehoshua quien asuma el mando en esta nueva etapa de la historia. De esta manera, Moshé es incluido entre aquellos que tenían más de veinte años cuando salieron de Egipto y que tendrán que morir en el desierto.

La conquista de la tierra exigía una nueva tipología, la del hebreo que desconoce la esclavitud y que no mira atrás, hacia Egipto, al enfrentar cualquier contratiempo.

Además de lo antedicho, probablemente había otras razones para el desánimo de Moshé. A diferencia de otras tierras, la tierra de Israel crea un enlace, un brit, un pacto con el pueblo que la habita. ¿Por qué tenía que residir el pueblo hebreo sobre esas tierras en particular? Porque la tierra de Israel no tolera la idolatría. Era necesario erradicar cualquier vestigio del rito pagano y propagar la noción de la existencia de un solo Dios a lo largo y ancho de esa tierra y esa era la misión del pueblo de Israel.

Cuando la Humanidad tenía sólo conocimientos incipientes de agricultura y probablemente desconocía las ventajas que producía el “descanso” periódico de la tierra, la tierra de Israel, en una demostración de su personalidad propia, exigía el descanso semanal en años: cada séptimo año, tal como si fuera un ser viviente, humano o animal.

En el caso de la administración de justicia exigía el establecimiento de una corte en el portal de cada ciudad. Además, solicitaba que se apartasen ciudades donde las personas que cometieran involuntariamente un asesinato podrían encontrar albergue y seguridad de las manos del Goel Hadam, el “vengador” del muerto que los acecharía fuera de los límites de esas ciudades.

La tierra de Israel era intolerante frente a la conducta inmoral de sus habitantes y los expulsaba cuando mostraban indiferencia por los más necesitados. Cuando sembraban la tierra, tenían que dejar el producto de las esquinas de los campos para los pobres. Durante la cosecha no podían recoger el fruto que caía de sus manos, tenía que quedar también para los pobres. Ni la propiedad era permanente.

Las tierras volvían a sus antiguos dueños cada cincuenta años en el Yovel, el año jubilar.

Tres veces al año, los hebreos residentes en la tierra de Israel tendrán que ascender a la ciudad santa de Yerushaláyim para una comunión más cercana con Dios. El ambiente del fervor religioso reinante en Yerushaláyim, como consecuencia de la presencia del Beit HaMikdash, estaba aunado al compañerismo que producía la proximidad con el resto del pueblo que venía a celebrar, a festejar con devoción las fechas históricas, colmadas de espiritualidad que los Shalosh Regalim, las festividades de Pésaj, Shavuot y Sucot representan.

El espectáculo de los enormes racimos de uvas que los Meraglim, los exploradores, cargaron como un recuerdo de su travesía por la Tierra Prometida, no había producido la angustia y el dolor de la sentencia Divina. Moshé no se lamentó por ninguna consideración material. Moshé quiso ambular por la tierra que, desde que la pisó el primer patriarca Avraham, había sido reservada para el pueblo que sería

Or lagoyim, un faro de luz para el resto de la Humanidad. Moshé quería ver como se conjugaban tierra y persona, quería oxigenarse con Avirá dear’á majkim, con el aire que sustenta no sólo los pulmones, sino que inspira, impulsa y obliga al comportamiento solidario con el menos afortunado.

ALBERTO COHEN z’l

IN MEMORIAM

Image 7-23-17 at 8.36 PMConocí a Alberto desde los primeros días en Caracas a fines de la década de los sesenta del siglo pasado. Su esposa Malka es ashkenazí, pero Alberto nunca perdió sus raíces sefaraditas. Hablaba de Melilla, su ciudad natal con extraordinario cariño y nostalgia, tal como si la hubiera abandonado hacía solo horas. Unos años atrás visité Melilla y ya no era la misma que en los años de su apogeo, porque muchos judíos habían emigrado. No obstante, se sentía en este protectorado español en el norte de África, la presencia de su comunidad judía actual con sinagoga y colegio, incluso un pequeño abasto con productos kasher, exclusivamente. Las instituciones portaban placas con nombres que reconocía tales como Abraham Sultan, Aquiba Benarroch porque habían emigrado a Caracas, pero que igualmente nunca olvidaron sus orígenes contribuyendo al mantenimiento y progreso de la comunidad.

Alberto era un hombre moderno pero que nunca abandonó sus raíces ancestrales. Tuve el privilegio de conocer a sus padres z’l que cumplían nuestras tradiciones al pie de la letra, y al mismo tiempo pude apreciar el respeto y debido honor que Alberto les proporcionaba.

Su esposa Malka era Malkita y su hermana Mercedes era Mercedita. Alberto se sentía responsable por toda su familia, incluso por mi amigo, su hermano Mauricio que tenía un amplio vocabulario yídish, que pronunciaba a la perfección, con “pronunciación Besarabia”.

Alberto tenía muchos amigos en la comunidad judía en Caracas, pero también incluía en su entorno a rabinos, especialmente de Israel, cuyo misticismo lo seducía.

Alberto sabía vivir bien y, por lo tanto, tenía un corazón generoso que admitía que otros también gozaran de la vida. Su volumen corporal daba testimonio que estábamos delante de un gourmet, pero al mismo tiempo, era muy emotivo y pensativo, amante de la historia y totalmente identificado con la condición contemporánea y futuro del pueblo judío.

No pudo ser testigo de cómo se destruía Venezuela y optó por residenciarse principalmente en la ciudad de New York durante los últimos años. Era un soñador y realista, simultáneamente. Nunca perdió su amor, devoción y admiración por Venezuela y su comunidad judía. Fue un empresario de renombre y dio trabajo y oportunidad a muchas personas en Venezuela.

Pero ante todo era el ‘pater familias’. Devoto esposo de décadas de Malka que lo acompañaba en todos sus quehaceres e intereses. Admirado y respetado por sus hijos David, Sandra y Bernie, nietos y bisnietos.

Nos visitamos y reunimos en numerosas oportunidades y pude apreciar de cerca sus abundantes cualidades humanas. No solo una sonrisa encantadora, sino una conversación interesante, producto de sus lecturas y vivencias.

Era un judío orgullosísimo, valoraba la tradición religiosa y respetaba a los estudiosos. Poseedor de gran curiosidad por la naturaleza del ser humano y su historia, Alberto siempre intervenía con acierto en toda conversación.

Fue un amigo sincero, de personalidad afable y gran corazón. Deja un vacío enorme en el seno de su familia y en el mundo de sus amistades, y ya lo extrañamos.

Tendremos que aprender a hablar de Alberto z’l en términos pretéritos, porque su personalidad era muy impactante con una presencia que era imposible ignorar.

Nishmató tehé tserurá bitsror hajayim, paz y tranquilidad a sus restos mortales y vida eterna a su espíritu, a su neshamá.

Marianne Beker z’l

En memoria

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Cuando llegamos a Venezuela, el señor Mote Kohn ya había enviudado y vivía en la casa de su hija mayor Marianne. Mote era un señor serio, asiduo asistente a la sinagoga los días Shabat, tenía el cargo de Fiscal dentro de la Junta Directiva de la Kehilá, de pensamiento universal, más allá de los confines de su tradición ancestral.

Luego conocí al doctor Simon Beker, extraordinario profesional de la medicina quien contaba a las personalidades venezolanas más ilustres como pacientes. Su bella y culta esposa era Marianne. Muchos la conocían como la esposa del doctor Beker, pero la mayoría la identificaba solo como Marianne por sus numerosas y extraordinarias cualidades individuales. Pareja extraordinaria de la comunidad judía en la cual cada uno tenía también una personalidad importante definida e impactante.

Marianne se convirtió a través de las décadas en un ícono en la comunidad judía.

Admirada por jóvenes como un modelo de lo que puede alcanzar una mujer en una sociedad latina, machista por definición. Su belleza impactaba como primera impresión para pasar a la retaguardia frente a su agudo intelecto y vasto equipaje cultural.

Ávida lectora de historia y filosofía, profesora universitaria con un prisma universal, todo ello era secundario a su interés y compromiso con el presente y futuro del pueblo judío. Marianne era un punto de referencia indispensable frente a cualquier situación crítica que requería experticia, juicio y sabiduría. Tuvo pocos cargos formales dentro de la comunidad con la excepción de la Unión Israelita y la CAIV. No había declaración o comunicado comunitario que no pasaba primero por su pluma también y aprobación.

Cualquier evento cultural: foro, reunión internacional, era impensable sin la activa participación de Marianne, tanto en la preparación como la ejecución.

Fue la extraordinaria madre de Toni y Bernardo, Ilana y Sidney, Bernardo y Cirly.

Tres hijos con cónyuges, y cada uno destacado en sus profesiones. Siempre pendiente de su hermano menor Carlos, Marianne vivía en una casa al lado de su querida hermana Dita en la Alta Florida, y reunía a la familia en un almuerzo dominical, porque Marianne también era una cocinera sin par. Combinación inusual de talento culinario con curiosidad intelectual.

Unos años atrás editamos conjuntamente un libro sobre las Sinagogas de Venezuela y el Caribe. La idea venía de Marianne, porque pensó que en el Caribe hay comunidades que han mermado o desaparecido y sería importante dejar un documento de sus instituciones religiosas e historia. Al incluir las sinagogas de Venezuela en ese libro, quedaba lejos de nuestra imaginación de aquel entonces, la posibilidad que en escasos años estaríamos enfrentando una situación semejante en nuestro país.

Durante estos últimos y turbulentos años en Venezuela, fundó y dedicó muchísimo esfuerzo a ESPACIO ANA FRANK, institución que ha estimulado la conciencia de gran parte de la sociedad venezolana para renovar esfuerzos por mantener en alto la bandera de la dignidad humana, la libertad de pensamiento y la convivencia. Recordando los horrores del pasado reciente durante la Segunda Guerra Mundial, a través de numerosas películas y foros, conversatorios y reuniones a promovido la identificación de la sociedad con los menos afortunados al mismo tiempo que contribuye para enfrentar con aplomo y decisión las dificultades del momento actual en Venezuela.

Su nombre hebreo Miryam hace alusión a la hermana de nuestro gran líder Moshe Rabenu. La bíblica Miryam fue hermana del ser humano más ilustre, sin embargo, la Torá testimonia que nunca fue opacada por Moshé. Tenía personalidad y liderazgo propio.

Siglos más tarde, nuestra Miryam, Marianne, también tenía liderazgo propio y se convirtió en un ejemplo a seguir para la juventud de nuestra comunidad y para muchos otros que fueron sus discípulos ya sea en la universidad o a través de sus numerosos escritos y finos ensayos en la prensa del país.

Llegó a una edad respetable, había pasado los 80 años de vida fructífera que deja una huella indeleble.

La vi por última vez apenas unas semanas atrás en la boda de su nieta Melanie con Danny y se veía como siempre bella y sonriente. Sabía que estaba enfrentando problemas de salud que no aparentaba físicamente. Pero me dijo, “estoy cansada de vivir, ya es suficiente”. Extrañas palabras para ese momento, pensé. Sin embargo, me quedaron grabadas porque recordé que su difunto padre Mote zl me había dicho: “no quiero vivir un momento más de lo que me corresponde”, no quería vivir sin tener todas sus facultades habituales.

Marianne se fue de este mundo terrenal con todas sus facultades y numerosos talentos intactos.

Todos estamos enlutados.

Tehé zijrá baruj